CON TINTA AZUL

 

Los delfines se muestran cuando quieren

JUAN POYATOS

Navegaba en mi barca muy lento, tal vez a cuatro o cinco nudos, de ese modo el consumo de combustible es mínimo y el ruido del motor casi aceptable. Además, no tengo nunca prisa allí. Correr me parece poco elegante y poco inteligente.



La mar estaba en calma total, como si fuera un lago gigantesco. La luz vertical, propia del solsticio de verano, mostraba cualquier reflejo o brillo en el horizonte. No había nada a la vista. Mi barca y yo parecíamos los únicos seres vivos en aquel enorme lago brillante. Aunque no era así en absoluto.



Pronto la vida surgió en forma de peces voladores y cientos, miles de alachas saltando desde el fondo. Reduje todavía más la velocidad, dejé atrás mi propia estela y finalmente paré el motor. Las alachas se refugiaron bajo mi casco.





El silencio de la escena se rompió entonces con el sonido seco de un soplido fuerte y decidido. Un primer delfín apareció como de la nada, le siguió otro y otro. Creo que intentaban alejar a las alachas de debajo del casco de mi barca. Juraría que los delfines sonreían y jugaban. Poco a poco se reunieron muy cerca de mí más de una docena de delfines mulares enormes, todos adultos fuertes y sanos. Les vi en su trabajo coordinado de caza, aunque no entendí mucho sus tácticas. Me ignoraron, y yo hice como si les ignorara a ellos.



No arranqué el motor de la barca, pero si puse en marcha mi cámara fotográfica. Tal vez hice doscientas o trescientas fotos, casi todas desenfocadas. El autofocus se volvía loco en ese fondo gris y cristalino del mar en calma absoluta, sin contrastes, sin referencias. Afortunadamente algunas fotos quedaron aceptablemente bien. Menos mal.



Cuando más entusiasmado estaba con mis fotos, a lo lejos apareció una enorme lancha de esas que van a toda velocidad de puerto a cala y de cala a puerto. Venía del sur y se aproximaba a toda velocidad. Yo permanecía rodeado de una docena de delfines y miles de alachas saltando fuera del agua. Pardelas y gaviotas completaban la escena.





La lancha seguía en mi dirección. No me preocupé, sabía lo que ocurría, ya tuve años atrás una experiencia muy similar. La lancha se hizo finalmente audible y, pese a la extensión enorme de mar, no modificó su rumbo para darme un margen de respeto. Me pasó a menos de 50 metros. Puede ver a las típicas chicas en la proa, tumbadas boca abajo mientras se doraban la espalda. Tal vez duermen, pensé. Pude ver también al patrón con una cerveza en la mano. No me miraron en ningún momento, no me saludaron, no respetaron mi espacio y no vieron a los delfines. Cientos de metros antes de que esa lancha llegara a nuestra posición, los delfines se sumergieron y no volvieron a emerger hasta que la lancha estaba bien lejos. Aquella gente no vio nada. Su velocidad, su falta de respeto al entorno y al mundo les hizo ciegos a esa otra realidad, la realidad.     



Una hora más tarde no había alachas, los delfines se fueron alejando muy lentamente en dirección al norte y yo arranqué mi motor.



Por si había más sorpresas ocultas, hice el resto de mi travesía lo más lentamente que pude. No vi nada más ese día, pero habrá más días, y más sorpresas.



MEDIO AMBIENTE

Historia de una investigación

El Capítulo Primero de esta historia de investigación periodística lo escribió Pepe Quiroga.  


LEYENDAS DEL MAR BALEAR

El fantasma del aviador de Cabrera

Un avión de combate alemán se estrelló en aguas de Cabrera al final de la II Guerra Mundial. Una cruz de hormigón en el pequeño cementerio de la isla atestigua que allí descansa el cuerpo de un infortunado aviador. Todo hubiera seguido así para siempre. Sin embargo, en 1982 se produjo un acontecimiento que cambió las cosas.


PECIO

El fantasma con forma de pez de la Bahía de Palma

Uno de los barcos hundidos más antiguos de los que se tiene noticia en Mallorca es el catalogado como “pecio Almagro”. Se trata de un navío probablemente fenicio que reposa en aguas próximas a Portals Vells, en la bahía de Palma.


 

Cañabota, el último gran tiburón

Cada año aparecen varios cadáveres de este depredador de los fondos abisales que ha sobrevivido 400 millones de años y que, sin embargo, no puede hacer nada contra las redes de los arrastreros.


 

Un robot en el agua "irrrespirable"

Sabíamos que había una «zona muerta» en la bahía, un lugar sin vida excepto por los tapetes de cianobacterias y algunas matas sueltas de posidonia en muy mal estado. En esa «zona muerta», buceando, no vimos nunca un solo pez, crustáceo o molusco.


 

La Armada no olvida

El 27 de junio de 1946, ahora hace setenta años, se realizaron unas fatídicas maniobras frente a las aguas del Port de Sóller. Participaron los submarinos C4, C2 y el sumergible General Sanjurjo, así como los destructores Churruca, Alcalá Galiano y Lepanto.


 

El "temporal perfecto" de Tramuntana

El temporal perfecto mediterránea se forma entre Baleares y la costa francesa. Su nombre correcto coloquial quizás debería ser "Temporal potente de Tramuntana", aunque no suene tan cinematográfico. No ocurre tan frecuentemente como creemos, pero cuando las circunstancias meteorológicas confluyen, su potencia es destructiva.


 

Con el agua (marrón) al cuello

El periodista Juan Poyatos narra su inmersión en el emisario de Ciudad Jardín y se pregunta por qué la ciudadanía se movilizó contra las prospecciones petrolíferas (como él mismo) pero no lo hace para que se mejore el saneamiento de agua que se vierte al mar.


 

El Govern balear nos toma el pelo

Ahora, tras el magnífico reportaje escrito el mes pasado por mi compañero y amigo Pepe Quiroga en Gaceta Náutica, el Govern de les Illes Balears reconoce que «los sistemas de depuración de agua del archipiélago están obsoletos o son incapaces de asumir la realidad poblacional del verano».


 

El viento del norte es el más traidor

En mayo de 2015 tres navegantes belgas fallecieron cuando su embarcación, un velero de unos 10 metros, se fue contra las rocas de Formentera debido al oleaje repentino que se formó en pocas horas durante la noche.

 

¿Qué hacer si avistamos una patera?

En el hipotético caso de que divisemos lo que podría ser una patera, cerca o lejos de la costa, lo que hay que aplicar es el sentido común. Dividiremos nuestra acción en dos fases, siempre manteniendo la calma, como en cualquier situación comprometida o de riesgo. Los consejos de este artículo han sido verificados por Salvamento Marítimo.


 

¿Puede la Guardia Civil del Mar solucionar el caos?

Ya ha cumplido su mayoría de edad. El Servicio Marítimo de la Guardia Civil se ha hecho habitual aquí. Nos hemos acostumbrado a ellos, los vemos pasar constantemente arriba y abajo con sus barcas verdosas tipo Heineken. Desde luego, parados no están, pero ¿han servido para algo sus 18 años de servicio?