MEDIO AMBIENTE

Baleares cuadruplica en diez años la recogida de aceites de buques

Dos empresas prestan el servicio desde hace años. La APB admite que pierde dinero con la recogida de los residuos, que se calculan por volumen. Los desperdicios oleosos se tienen que mandar a reciclar a la península
JOSÉ LUIS MIRÓ

Los puertos de interés general de Baleares (Palma, Mahón, Ibiza, Alcúdia y La Sabina) han multiplicado por cuatro la recepción aguas de sentinas, lodos y aceites usados procedentes de buques y cruceros en sólo una década. El coste de la recogida de estos residuos representa la práctica totalidad de las inversiones que realiza anualmente la Autoridad Portuaria de Baleares (APB) en materia de medio ambiente.



Las cifras contenidas en las memorias públicas de sostenibilidad de la APB no ofrecen lugar a dudas sobre el incremento de la presión que los puertos de las islas soportan para cumplir con el convenio Marpol, un conjunto de normativas internacionales destinadas a prevenir la contaminación de los buques. 



De los 2,9 millones de litros de aceites altamente contaminantes que fueron desembarcados en el archipiélago en 2006, se pasó a 11,2 millones en 2016, con un pico máximo de 13,1 millones en 2015. En este tiempo también aumentaron los residuos sólidos (plásticos, comida, ceniza y restos de animales, entre otros materiales), que  se ampliaron de 17.249 metros cúbicos en 2012 a 22.620 en 2016, con una cota máxima de 25.457 en 2015.



A pesar del crecimiento espectacular de las basuras que llegan a los puertos, que ha sido proporcional al aumento del tráfico marítimo y al boom de los cruceros, la APB no rentabiliza el servicio de recogida. Un portavoz oficial del organismo portuario reconoce a Gaceta Náutica que éste viene siendo deficitario desde hace años, ya que ni las tarifas que abonan las navieras armadoras de los buques por desembarcar sus desperdicios ni los cánones que pagan las dos empresas concesionarias cubren los gastos. «La Ley entiende que es prioritario asegurar que los residuos se gestionan bajo control», señala la Autoridad Portuaria. Antes de la aplicación del convenio Marpol muchos buques arrojaban las aguas de sus sentinas al mar, provocando la contaminación de las playas en forma de  restos de chapapote, conocidos en Mallorca como vernis o morques.



La situación, sin embargo, no deja de ser paradójica. ¿Qué interés tiene Baleares en ser receptora de unos residuos cuyo reciclaje ni siquiera se puede realizar en las Islas? Una fuente vinculada a la APB  apunta que «no tiene sentido» que los puertos de las islas, dada su «vulnerabilidad medioambiental», sirvan de  «vertedero». «Es un servicio que hay que prestar por ley, pero que no nos interesa potenciar en nuestros puertos, y menos si tenemos en cuenta que desde hace años es muy gravoso para el contribuyente», añade esta fuente.  En efecto, la recogida de los residuos Marpol pasó de costar 1.335.186 euros en 2011 a 2.990.211 en 2016, más del doble en sólo un lustro. 



SIN CONCURSO



Otros dos aspectos llamativos de la gestión de los residuos marítimos en Baleares son, por un lado, la precariedad de los medios disponibles para calcular su cantidad exacta y, por otro, el hecho de que las dos empresas concesionarias lleven años operando a través de autorizaciones temporales



La última prórroga a una de las firmas concesionarias fue votada y aprobada en el Consejo de Administración de los puertos de interés general de Baleares el pasado 31 de enero. El acuerdo habilita en concreto a Servmar S.L. «para la prestación del servicio portuario de recepción de residuos oleosos (...) hasta que entre en vigor el pliego de prescripciones particulares y como máximo por un plazo de dos años».



Por lo que respecta a los medios para evaluar la cantidad de residuos, el puerto de Palma no dispuso de una báscula hasta 2016. Según la información oficial facilitada por la APB, actualmente las tarifas se calculan «por volumen», un método poco preciso que podría estar detrás de las pérdidas económicas que genera el servicio. «En nuestra propuesta de modificación del pliego de Marpol solicitamos que se pesen los residuos para, de esta forma, poder ajustar lo que pagamos por lo que se recoge; estamos instalando balanzas en todos los puertos». 



El «pliego» al que se refiere el portavoz de la Autoridad Portuaria de Baleares está redactado desde 2015 y pendiente del informe vinculante de Puertos del Estado (Ministerio de Fomento) que permitiría elevarlo al Consejo de Administración y ampliar la competencia en la recepción y tratamiento de residuos más allá de las dos empresas que actualmente se reparten el pastel de Marpol en un porcentaje que la APB dice no poder revelar a los medios de comunicación al ser una «información que afecta a terceros».



La recogida de los residuos oleosos  se realiza  en los puertos donde recalan los buques. El de Palma cuenta con una planta de tratamiento donde se separan las aguas de los aceites mediante un sistema de «decantación centrífuga». Pero aquí termina su tratamiento en Baleares. «Si el agua cumple con unos niveles de PPM (parte por millón) permitidos legalmente, se puede verter a las canalizaciones de aguas residuales; el resto se almacena en unos depósitos junto con el resto de aceite recogido para ser enviado por mar a los gestores finales autorizados en la Península (Sertego y Servmar)», explica Miguel Tudurí, trabajador del departamento de Operaciones y Estadísticas de la APB.



ASÍ SE RECICLA EL ACEITE



Las empresas dedicadas a la recogida y tratamiento de residuos oleosos procedentes de buques obtienen ingresos por una doble vía: cobran de las autoridades portuarias a las que prestan servicio y  venden el aceite una vez reciclado. «Es un proceso totalmente legal y sujeto a estrictos controles medioambientales», explica un operador portuario, quien recuerda que antiguamente «los aceites usados se utilizaban sin tratar como combustible en otras industrias, como los tejares, pero eso hoy en día está totalmente prohibido». Una vez reciclados, los aceites usados se pueden comercializar como lubricante.



La primera parte de tratamiento se realiza en una planta situada en el puerto, donde los residuos olesos son sometidos a un tratamiento de decantación centrífuga, que separa el aceite del agua por su distinta densidad. Dependiendo del resultado de los análisis, el agua se vierte en la red de alcantarillado y regresa al mar tras pasar por la correspondiente planta depuradora. En el caso de Baleares, el aceite es enviado por vía marítima a las plantas de reciclaje que las firmas concesionarias tienen en la Península, donde se completa el proceso.



Una de las empresas que operan en Baleares, Sertego, cuenta con una completa página web donde se explica el proceso de regeneración de los aceites usados, «unos de los residuos más frecuentes y con mayor poder contaminante del mundo». La firma, que pertenece al Grupo Urbaser, es  especialista en procesos de «recuperación, reciclaje y regeneración» y dispone de plantas en  Alfaro (La Rioja), Fuenlabrada (Madrid), Cartagena (Murcia) y Palos de la Frontera (Huelva). Su sede balear está en la isla de Ibiza.



Servmar, la segunda empresa autorizada para operar en los puertos de Baleares, es una sociedad limitada de capital mallorquín con sede social en el Dique del Oeste del puerto de Palma. Carece de web y de perfil en redes sociales



Para prestar el servicio de recogida de residuos Marpol es necesario contar con un certificado que otorgan las autoridades portuarias.



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Fe de errores: La versión digital de esta noticia ha sido modificada con fecha 10 de mayo de 2018. En la información original se hacía referencia a que la APB no había convocado concurso para elegir la mejor oferta entre los prestadores del servicio de recogida de residuos. En realidad, "se trata de un servicio, como los otros portuarios, que está abierto a la iniciativa privada y no está limitado a un solo prestador, que es lo que persigue el concurso", según  la AOB. Las licencias las autoriza y prorroga el Consejo de Administración de la APB por periodos que no superan los dos años.