SECTOR NÁUTICO

INFRAESTRUCTURAS

Necesitamos más rampas

Estas instalaciones son la única salida que le queda a la gente para disfrutar de la mar, pero hay pocas, carecen de aparcamiento o son caras.
PIPE SARMIENTO

Casi desconocidas para la mayor parte de los navegantes, las rampas se han constituido en la única salida que le queda a la gente para poder disfrutar de la mar. La imposibilidad de tener acceso a unas amarras a precios razonables, las interminables listas de espera para conseguirlas o la especulación residual que todavía soportamos sobre los Derechos de Uso Preferente de muchas de ellas, sólo dejan la puerta abierta al uso de unas rampas que, al menos, permitan poner una pequeña embarcación en el agua para poder disfrutar de nuestra afición.



Sin embargo, es verdad que en la isla de Mallorca no hay muchas y las que podemos utilizar, o tienen aparcamientos muy complicados o debemos pasar por las orcas caudinas de los explotadores de los puertos, que exigen precios desorbitantes, mucho me temo que con la dejación de funciones de quienes les entregaron de forma privilegiada –sobre todo en las renovaciones–, la explotación de ese dominio público Marítimo que, en realidad, nos pertenece a todos.



Menorca es la isla mejor abastecida de este tipo de rampas, con más de 18, de las cuales sólo tres son de pago, y con una notable atención hacia ellas por parte del Consell Insular. El de Ibiza, que tenía algunas pero bastante deterioradas, en 2009 puso en marcha un ambicioso plan para restaurarlas, mientras que Mallorca está a la cola en relación al número de habitantes y a los kilómetros de costa que posee. 



Por eso creo que Ports de la Illes Balears debería trabajar de forma seria en este asunto, pues muchos de sus problemas, sobre todo los relacionados con la imposibilidad de poner a disposición de los residentes nuevos puestos de amarre, se solucionarían con rampas modernas provistas de buenos aparcamientos para carros y coches, estableciendo una puerta más amplia a la mar, de una forma natural y sostenible y que es posible con una escasa inversión y gastos de mantenimiento.



Las marinas secas han fracasado en las Islas Baleares por la enorme presión que ha ejercido la construcción turística sobre las costas más resguardadas y el disparatado precio del suelo. En cambio, las rampas, que se pueden construir en espacios públicos, pueden convertirse en la fórmula ordenada y razonable para no negar a las nuevas generaciones el acceso a la mar y a la riqueza de enseñanzas vitales que nos transmite.