REPORTAJES

 

Las otras carabelas de Colón

Nueva tragedia marítima; y no es que yo pretenda bajaros la subterránea moral marítima que solemos tener con otro drama, pero creo que, en nuestro país el tema marino en general se ha hecho tan mal, que ha tocado fondo, y en el futuro solo puede mejorar. Veréis:

En el año 1991 se construyeron en Huelva siete barcos: dos Pintas, dos Niñas, dos Santa María y una nao Victoria. Tres de ellas las pagó la sociedad pública V Centenario. Las cuatro restantes la sociedad estatal Expo 92. Vamos, que los siete barcos los pagamos todos los españoles.



Una Pinta, una Niña y una Santa María sobreviven en Huelva, en el muelle de la Rapita, y pueden visitarse, después de una reparación que se tuvo que hacer debido a su lamentable estado de abandono. La nao Victoria, la que atracó hace unas semanas en Alcúdia tras permanecer abandonada durante quince años en la antigua Expo, se la quedó la empresa pública andaluza para la gestión de activos de la Expo, AGESA, que se la regaló a la fundación Nao Victoria, su actual propietaria.



¿Pero qué pasó con los otros tres barcos construidos, y que zarparon para América en 1992 para rememorar la travesía de Colón? Pues que los abandonaron, y actualmente los disfruta un museo privado en el puerto Tejano de Corpus Christi. Como no podíamos creerlo, nos fuimos hasta allí en 1993 y comprobamos su lamentable estado, al tiempo que nos contaban lo sucedido desde su llegada a América.



Los tres barcos se pasearon por diferentes puertos norteamericanos durante el año 1992, llegando a Nueva York a finales de septiembre. En uno de sus muelles también pudimos verlos y hablar con su encargado, Claudio Otalora, que aseguró que habían sido abandonados por la Junta de Andalucía. Además, dijo que ni siquiera les enviaban dinero para comer. Para sobrevivir, vendían entradas para visitar los barcos a tres dólares y, con eso, iban tirando.



En marzo de 1993 les comunicaron que debían llevarlos hasta Corpus Christi, en Tejas, navegando alrededor de Florida, donde fueron recibidos con gran entusiasmo y, durante año y medio, todo pareció ir bien, hasta que una barcaza descontrolada abordó a la Pinta y a la Santa María, dejándolas seriamente dañadas. Se produjeron líos con los seguros, y Expo 92 se desentendió de todo, echó a las tripulaciones y abandonó tres barcos.



La Columbus Fleet Association, gestora del Museo, no comprendía nada, y mandó varias cartas a la Embajada de España en Washington, que nadie se molestó en contestar. Tras mucho insistir, los andaluces de la sociedad que arrienda los edificios de la antigua Expo 92 mandaron a varios carpinteros para reparar las carabelas, pero no se pusieron de acuerdo con los gestores y volvieron a España tras clavar unas cuantas tablas.



Al menos una de las naves (la Santa María) fue desguazada por las autoridades americanas en 2014 y de la Niña se sabe que hasta hace poco estaba en el agua, donde se podía visitar al precio de 8 dólares por persona.