REPORTAJES

 

Dos helicópteros, una misión

El SAR y Salvamento Marítimo, instituciones diferentes pero con una misma misión, se coordinan a la perfección para ser los «ángeles de la guarda» de los navegantes.
Juan Poyatos

En su origen, el escuadrón 801 del SAR tenía como misión principal la localización y rescate de pilotos militares caídos o abatidos. Con ese espíritu se creó en 1975 a imagen y semejanza de unidades similares en todos los ejércitos modernos. Sin embargo, en su decreto de creación se establece que «podrá colaborar en catástrofes o accidentes cuando la autoridad civil o militar lo solicite». En base a esta orden, el SAR interviene en los últimos años en multitud de rescates en mar cuando Salvamento Marítimo lo requiere.



Hace unos años sus helicópteros realizaban muchas acciones de rescate en montaña. Sin embargo, desde que en Mallorca hay una unidad del Servicio Aéreo de la Guardia Civil, con un helicóptero bimotor, especialmente equipado para montaña, las labores del SAR se han centrado en el rescate en el mar.



El Escuadrón 801 del SAR dispone, los 365 días del año, de un avión y un helicóptero, de «guardia» 24 horas, listos para despegar en apenas unos minutos. Su área de responsabilidad incluye el Mar Mediterráneo. Además, ante las necesidades o demandas, pueden operar en aguas de Italia o Francia. Su sistema de trabajo se basa en la localización del siniestro por parte del avión del SAR y luego, una vez bien identificado el lugar de la catástrofe, el helicóptero pasa a realizar la evacuación. Durante todo el año sus pilotos y personal de salvamento y rescate realizan ejercicios con personal de diversas compañías aéreas civiles, navegantes voluntarios y por supuesto los equipos y medios de Salvamento Marítimo, que es con quien realmente se coordinan para los rescates en el mar.



El SAR utiliza helicópteros Puma AS 330 de fabricación francesa y aviones CASA-235, especialmente equipados ambos para localizar, lanzar material y rescatar náufragos. Otra particularidad de los helicópteros del SAR es que operan sólo durante el día. Sus helicópteros por tanto no pueden volar durante la noche, en teoría.



Por su parte, Salvamento Marítimo dispone de helicópteros modelo Agusta AW 139 de fabricación italobritánica. Uno de estos aparatos, que sí puede operar durante la noche, tiene base en Palma, puede trasportar hasta 12 personas en algunas de sus configuraciones, alcanzar los 300 Km/h y operar a 350 kilómetros de su base.



Las Baleares tienen, por tanto, siempre dos helicópteros en alerta permanente, uno del SAR, perteneciente al Ejército del Aire, y otro de Salvamento Marítimo, dependiente del Ministerio de Fomento. El eventual rescate y evacuación lo hacen los helicópteros, que tienen el protagonismo principal, pero no se debe olvidar el importante trabajo de los aviones de búsqueda del SAR, que, con mucho más alcance operativo, baten las zonas asignadas hasta identificar restos o directamente a los náufragos, a los que pueden lanzar, con sorprendente precisión, balsas salvavidas, señales pirotécnicas y otros medios de supervivencia en el mar.



La coordinación de los ejercicios o acciones reales de localización y rescate las hace el SAR cuando se trata de aeronaves siniestradas y Salvamento Marítimo cuando se trata de ayudar o localizar embarcaciones. Ambas instituciones, de enorme prestigio y merecido reconocimiento internacional, realizan cientos de acciones al año, salvando barcos y vidas, como ha ocurrido recientemente con el armador del velero Duende, Jacinto Rodríguez, que cayó por la borda durante una travesía entre Barcelona y Palma la noche del 1 de agosto.



En las operaciones de búsqueda de esta persona participaron las embarcaciones Marta Mata y Salvamar Acrux de SM.



El náufrago fue localizado a primera hora de la mañana por un helicóptero de SM y el velero particular Sae Hawk. Un helicóptero del SAR lo subió a bordo para trasladarlo al hospital de Son Espases, donde se recuperó del fuerte golpe que le propinó la botavara. En definitiva, una operación rapidísima, perfectamente orquestada, coordinada y con final feliz gracias a la profesionalidad de los medios de rescate de los que dispone la isla y a la labor desinteresada y tremendamente eficaz de la tripulación del velero Sea Hawk. Todos ellos recibieron, de manos del Rey, el reconocimiento «Seamanship» otorgado por la Copa del Rey y el Real Club Náutico de Palma.