CRUCERO

VELA OCEÁNICA

El relevo de los ministas mallorquines

José Linares (Club Nàutic Sa Ràpita) y Toni Enseñat (Club de Vela Puerto de Andratx) preparan la Transat en solitario de 2021 con los barcos de Nacho Postigo y Hugo Ramón
LUIS POMAR

Hablan de cumplir un sueño. José Linares (Club Nàutic Sa Ràpita) y Toni Enseñat (Club de Vela Puerto de Andratx) comparten objetivo: participar en la regata en solitario Mini Transat en su edición de 2021. Ambos son navegantes con experiencia en el mundo del crucero, conocen bien el Mediterráneo y han podido saborear en diferentes ocasiones lo que ofrece la costa atlántica. Enseñat empezó su proyecto transoceánico hace dos años cuando adquirió, junto a su primo Pep Enseñat, el Clase Zero con el que Hugo Ramón cruzó el charco en 2005, 2007 y 2009. Por su parte, Linares lleva poco menos de un año a bordo del Vamos-Vamos, que perteneció a Nacho Postigo.

«Cometí el error de enviarle un mensaje a Nacho y pedirle si aún tenía el barco en venta. Me contestó que lo reservaba para mí y aquí estoy, casi obligado», relata entre risas. Linares formó parte del equipo de Hugo Ramón en la Mini Transat de 2005 y ahora es Postigo quien le ayuda a él con los entrenos y las dudas que le surgen en esta aventura. «Tengo una suerte que no me la merezco, contar con Nacho para un proyecto así no tiene precio».

Enseñat navega con «un barco, de segunda generación, pero muy fiable» y  aunque reconoce que su experiencia previa en solitario «era nula» se muestra entusiasmado con su nueva meta. Su relación con la clase Mini comenzó en Bilbao. «Un amigo tenía un Mini Zero y allí tuve mi primera experiencia preparando una regata open pero al final no pude hacerla y me quedó la espina clavada».

Con 700 millas a la espalda a bordo del Vamos-Vamos, Linares ve las 2.500 millas que exige la organización de la Mini Transat para inscribirse como algo más que un simple requisito. «Ni me planteo intentar presentarme a esta regata sin antes haber completado, como mínimo, estas millas». Enseñat, por su parte, suma ya 900 millas y también ve con buenos ojos las exigencias de la organización para poder inscribirse en el cruce del Atlántico. «Todo el mundo dice que la Mini Transat son realmente dos regatas: la primera es conseguir poner el barco en la línea de salida y la segunda es terminar la prueba». Enseñat recuerda que durante las regatas clasificatorias «han sido muchos los compañeros que han roto el palo, la botavara, las velas... Eso hace que te des cuenta de lo difícil que es llegar con el barco bien preparado a la salida».

Para recorrer este camino con éxito, Enseñat se está apoyando mucho en la gente de la base Mini de Barcelona y los «ministas» catalanes, los mayores precursores de la vela oceánica en solitario en España. «La próxima temporada la estoy preparando en Badalona, allí tengo más facilidades para tener el barco fuera del agua y además me puedo unir a sus entrenos, que son dos al mes». En cuanto al camino que ha recorrido hasta el momento, Enseñat no se esconde: «He cometido errores, en general creo que pocos, y algunos aciertos».

Mientras tanto, Linares se preparara desde su club, Sa Ràpita, con el apoyo de GPSails y con su amigo Manuel Moreno como principal tripulante. «El club se han volcado con mi proyecto desde que se enteraron de que había comprado un Mini y quería cruzar el Atlántico. Están muy interesados en saber qué estoy haciendo». En cuanto a la dificultad de aprendizaje y manejo de un Mini, Linares lo resume con algo tan básico como «tener un checklist para trasluchar».

En su aventura hacia la salida de la Mini Transat ambos tienen una asignatura pendiente: el sueño. «En la Mini Barcelona estuve 24 horas sin dormir», confiesa Enseñat, quien apunta que «hacer esto te desgasta físicamente y después no es posible rendir a un buen nivel». Linares también reconoce no estar durmiendo lo que toca. «En una regata de 300 millas puedes hacerla casi sin descansar, pero es castigarse demasiado». «La gestión del sueño y de la alimentación es casi tan importante como la gestión de la navegación».



LA CLASIFICACIÓN



El sistema de clasificación para participar en la Mini Transat es, de por sí, un reto al alcance de pocos. La organización requiere a los navegantes que quieran cruzar el Atlántico certificar un total de 2.500 millas navegadas a bordo de un Clase Mini. De estas,  1.500 deben completarse en regata, teniendo la posibilidad de navegar la mayoría de las veces «a dos», siendo requisito que 300 millas se completen en solitario. Por lo general, esto requiere participar en un mínimo de tres regatas clasificatorias. Las mil millas restantes se deben realizar fuera de competición.