Me ha encantado el virtuoso desdén con el que don Gabriel Barceló zanjó hace unos días su salida de Fundatur. Desilusionado por el personalista comportamiento de algunos de sus miembros y cansado de la oposición mostrada a su proyecto de llevar adelante un museo marítimo en la capital de Baleares, don Gabriel tuvo la acertada brillantez de marcharse tras mostrarles su asombro de que una fundación apellidada Turística y Cultural le diera la espalda a una parte tan importante de nuestra historia, como es la vinculada al mundo del mar.