De rompehielos a yate de exploración y con proyección para convertirse en embarcación auxiliar. Esta es la historia del Q, una espectacular embarcación de 68 metros de color plateado que hoy mismo está, con una discreta cubierta, en los amarres de Astilleros de Mallorca sometido a labores de mantenimiento.
Su historia comenzó en 2012 con otro nombre, el Sanaborg. Entonces fue botado con el objetivo de navegar en aguas heladas. Puede moverse con temperaturas de -35º centígrados y mantener una velocidad de cuatro nudos mientras rompe hielo de 60 centímetros de espesor. Su velocidad de crucero es de 10 nudos y dispone de una impresionante autonomía de seis mil millas.
Sin embargo, sus tareas árticas dieron un inesperado giro cuando su nuevo dueño decidió convertirlo en un yate de exploración de superlujo. Eligió para ello el astillero Icon Yachts que realizó con el rompehielos un radical trabajo de transformación durante tres años, de 2017 a 2020. La recia embarcación se convirtió en un refinado superyate preparado para realizar expediciones en todo tipo de climas extremos.
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Popa del entonces Ragnar, con sus dos potentes grúas y el blindado anifbio de orugas Ripsaw EV2. Foto: Icon Yachts
El Ragnar, nombre de un legendario rey nórdico del siglo IX, fue entonces el nuevo nombre del buque. El yate fue entonces dotado de helipuerto, submarino de exploración para tres personas, dos embarcaciones auxiliares, cuatro motos acuáticas, una neumática, dos ILCA de vela ligera, cuatro motos de nieve, cuatro quads y un vehículo anfibio blindado de lujo con tracción de cadenas Ripsaw EV2, todo un minitanque, sin cañón, eso sí, que podía ser descargado en tierra gracias a dos poderosas grúas situadas a popa capaces de elevar 5 y 10 toneladas.
Todos estos complementos expedicionarios tenían su compensación a bordo con unas instalaciones que incluyen spa, sala de masajes, sauna, piscina, jacuzzi y gimnasio. La embarcación puede acomodar a 16 huéspedes repartidos en ocho camarotes, aparte de la dotación compuesta por 12 tripulantes. Una equipación al alcance de pocos pensada para cualquier tipo de condición y necesidad.
Sin embargo, el destino del Ragnar volvió a dar un nuevo giro el año pasado. Fue entonces cuando tomó el nombre de Q y pasó a ser posesión del multimillonario estadounidense Roy E. Carroll, propietario de un auténtico imperio inmobiliario y considerado el hombre más rico de Carolina del Norte. El Q puede navegar por cualquier rincón de la tierra. Sin embargo, parece que a partir del año que viene su destino será convertirse en la embarcación auxiliar del nuevo megayate que Carroll construye en la actualidad: el Skyfall.
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En este boceto se aprecia la radical transformación de un recio rompehielos al lujoso yate Ragnar. Foto: Icon Yachts