Una joya vuelve a casa

El Consell de Mallorca adquiere una valiosa carta náutica del siglo XV elaborada por el cartógrafo mallorquín Pere Rossell
Una joya vuelve a casa
Reproducción íntegra de la carta náutica del siglo XV adquirida por el Consell.

Las mismas calles, un mundo distinto. Un hombre camina por el trazado serpenteante de Santa Creu, en la ciudad de Palma. En su cabeza y en sus manos, reside un conocimiento que tiene 2.000 años de antigüedad. Se llama Pere Rossell y es cartógrafo. Se encuentra enfrascado en la elaboración de un trabajo ambicioso: una carta náutica del mar Mediterráneo, elaborada en pergamino de alta calidad y con bellas ilustraciones hechas con tintas de colores. Lo que no sabe es que su creación está a punto de comenzar un periplo que terminará, seis siglos después, en el lugar donde empezó. 

El Consell de Mallorca acaba de adquirir una valiosa carta náutica del siglo XV, elaborada por el miembro más prolífico de la escuela de cartografía mallorquina, Pere Rossell. Se trata de un pergamino de gran tamaño (56 por 94 centímetros) que reproduce con precisión las costas, los topónimos y los accidentes geográficos del Mar Mediterráneo y el Mar Negro. Pese a la importancia histórica de los cartógrafos mallorquines, los museos y los coleccionistas de la isla no conservaban hasta ahora ninguna carta náutica de esta época elaborada en la isla. Solo la Fundació Bartolomé March posee un documento contemporáneo, pero hecho en Italia. De ahí la gran relevancia de la adquisición.

«En aquella época, Mallorca era un oasis en medio del mar. El puerto era un punto de contacto y conexión con la península ibérica, el sur de Francia, Italia y el norte de África. Representaba un lugar central en el Mediterráneo occidental, y eso permitió la existencia de estos personajes». El geógrafo y profesor de la Universitat de les Illes Balears (UIB) Antoni Ginard se refiere, con estas palabras, a la existencia de cartógrafos como Pere Rossell, Jafudà Cresques y Cresques Abraham en la Mallorca de los siglos XIV y XV. 

La historia es apasionante: poco a poco y generación tras generación, estos profesionales fueron reuniendo la información aportada por los navegantes a lo largo de los siglos. Hasta elaborar cartas náuticas que reproducen las costas y los accidentes geográficos con una precisión que hoy, en la era de los satélites, internet y Google Maps, no deja de sorprendernos.

«Las cartas náuticas son mapas construidos en base a información empírica. La práctica de la navegación aporta la información para hacer el mapa. Si se conocen las distancias y el rumbo, aplicando un concepto de escala, se pueden fijar los puntos. Es una acumulación de información de 2.000 años, poco a poco y a medida que se van teniendo datos se puede ir afinando», explica Ginard. 

La carta náutica adquirida por el Consell de Mallorca, que la empresa Sotheby’s sacó a subasta en Londres el pasado mes de diciembre, es un objeto que nunca vio el mar. «Los marineros no usaban cartas náuticas, ellos actuaban por experiencia empírica», revela Ginard, en contra de lo que uno pudiera pensar. Muy al contrario, estos documentos «eran objetos de lujo» para «mostrar al rey o al príncipe». «Los autores de cartas náuticas cobraban, y cuanta más ornamentación ponían, más dinero obtenían», añade el geógrafo.

En este caso concreto, según se deduce de la ficha de Sotheby’s, la carta fue probablemente un encargo de los Martelli, una familia de «príncipes comerciantes» de Florencia. Durante más de cinco siglos, permaneció en su archivo, hasta que en 1968 fue vendida a Keneth Nebenzahl, comerciante de libros raros y cartografía de Chicago, que a su vez la vendió a Zinon C. Possis, de Minessota. En 1981, pasó a manos de Cindy y Jay Pritzker, de Chicago, quienes la atesoraron hasta hoy.

El documento pertenece al periodo de esplendor de la escuela cartográfica mallorquina, situado entre los siglos XIV y XV. A los elementos puramente geográficos, se añaden dibujos de banderas, montañas y castillos, señalando reinos y soberanías, dibujados con colores vivos y en gran tamaño. 
«Estas cartas náuticas hechas en Mallorca usan el catalán como lengua de expresión y tienen, a diferencia de las cartas italianas y portuguesas, unos elementos estilísticos y de ornamentación que permiten identificarlas», detalla Ginard. Entre estos elementos, destacan los textos explicativos, los dibujos de monarcas, animales y montañas, las decoraciones elaboradas con pan de oro, las miniaturas góticas, las rosas de los vientos… No todos ellos aparecen en la carta náutica de Rossell, pero sí algunos.

La ficha de Sotheby’s especifica que se trata de una «carta portulana iluminada», escrita «en latín y catalán sobre una única membrana de pergamino de gran tamaño». Incluye «cientos de topónimos», reproducidos «elegantemente en negro o rojo con una pequeña caligrafía gótica». 
Siguiendo con la descripción de la casa de subastas, aparecen «pequeñas islas coloreadas en rojo, azul, verde o negro», así como «escudos y banderas policromadas blasonadas de numerosos países» y «nueve vistas de ciudades representadas con fantásticos castillos de colores (en azul, naranja, verde y beige)». 

Las banderas nacionales aparecen «ondeando» y Andalucía se representa «con enormes colinas verdes». Las escalas de distancia son «naranjas y verdes» y se aprecian, asimismo, «agujeros de clavos» relacionados con el lugar donde estuvo almacenada. En el extremo izquierdo, puede leerse la autoría de la obra: «Pere Rosell Lafeta en Malorqua enlany MCCCCXXXXVII [1447]».

Cuando el Consell de Mallorca supo que la carta iba a subastarse por un precio de 600.000 libras (unos 687.000 euros), hizo una única puja por el precio de salida, tras la cual adquirió la carta, ya que no se presentó ningún otro aspirante. En estos momentos, la compra está en tramitación, y la carta náutica, que nunca vio el mar, regresará a Mallorca después de un viaje de siglos.

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