Desde su aparición como material para la fabricación de velas hace unos 80 años, el nylon sigue siendo el tejido hegemónico para la producción de spinnakers y gennakers. La razón es simple: combina unas prestaciones y un coste que otros materiales, incluso los más modernos, todavía no han conseguido igualar.
Su dominio se explica por varias cualidades técnicas. La principal es su enorme capacidad de estiramiento, que puede alcanzar entre un 20 % y un 30 % antes de romperse. Esta elasticidad resulta fundamental en rumbos portantes y con viento fuerte, ya que permite absorber las cargas de choque producidas cuando la vela se desinfla e infla continuamente. Gracias a ello soporta mejor las ráfagas y las sacudidas provocadas por la marejada en condiciones de poco viento.
El nylon también destaca por ser muy ligero y, al mismo tiempo, mantener una elevada resistencia a la tracción y al desgarro. Esto permite que la vela se infle y permanezca estable incluso con brisas suaves, donde otros tejidos más pesados apenas llegarían a trabajar. Además, su estructura molecular le proporciona una gran resistencia al roce constante con crucetas, obenques y otros elementos del aparejo durante las maniobras de izado y arriado. Mediante tratamientos con poliuretano o melamina, los tejidos de nylon de calidad alcanzan prácticamente una porosidad nula, consiguiendo que el viento no se filtre a través de la tela y se transforme en empuje efectivo. Con el tiempo, esta propiedad se deteriora, especialmente si la vela no recibe un mantenimiento adecuado.
La Segunda Guerra Mundial aceleró el desarrollo de nuevos materiales sintéticos, y el nylon fue uno de los grandes avances de aquella época. Sus fibras demostraron ser imputrescibles, una ventaja enorme frente al algodón y otros tejidos vegetales utilizados hasta entonces tanto en velas como en cabos. Sin embargo, la experiencia reveló también que el nylon se estiraba demasiado para velas como génovas o mayores. En cambio, para spinnakers y otras velas de portantes resultó prácticamente perfecto. No es casualidad que el spinnaker tenga muchas similitudes con los paracaídas; de hecho, algunos navegantes veteranos todavía lo llaman «parachute».
Ambos comparten ligereza, elasticidad y una gran superficie diseñada para aprovechar el aire. Para conservar las velas de nylon en buen estado es imprescindible realizar revisiones periódicas y mantenerlas limpias y secas. Tras navegar con agua de mar conviene lavarlas con agua dulce para eliminar los cristales de sal, que actúan como abrasivos internos, especialmente en las velas enrollables. Nunca deben limpiarse con lejía ni sumergirse en piscinas, ya que los productos químicos dañan las fibras y alteran los colores. Tampoco deben guardarse húmedas, porque favorecen la aparición de moho y el deterioro del tejido. Elegir el nylon adecuado y un diseño correcto es fundamental para que un spinnaker o un gennaker rindan según los ángulos y rangos de viento previstos. Por eso, antes de fabricar una vela conviene definir claramente si su uso será para regata o crucero.
La vela “todo propósito” es solo un argumento de marketing, no hay vela que pueda ser chata, redonda, fuerte y liviana al mismo tiempo. Un gran promedio de todo significa que nunca tendremos un ángulo óptimo y, en la práctica, solo será un globo epiléptico.