Antoni Grau: «La ideología se ha impuesto en algunos momentos a la ciencia»

El director general de Pesca de Baleares sostiene que sin flota de arrastre desaparece gran parte de la estructura pesquera mediterránea
Antoni Grau, director general de Pesca en Baleares, sonriendo con brazos cruzados.
Antoni Grau, director general de Pesca de Baleares.

El director general de Pesca, Antoni Maria Grau (Palma, 1959), combina la experiencia del científico y la del gestor público. Licenciado en Ciencias Biológicas en 1981, un año después ingresó como funcionario en la Conselleria de Agricultura y Pesca. Pertenece al Cuerpo Superior Facultativo de la Comunidad Autónoma, ha sido jefe del Servicio de Recursos Marinos desde 1994 y ha escrito más de 150 artículos científicos. Uno de sus retos es pacificar un sector en el que recreativos y profesionales se acusan mutuamente de acabar con los recursos.

Queda un año de legislatura. ¿Qué balance hace del trabajo hecho hasta el momento?

La prioridad ha sido incorporar a todos los sectores vinculados al mar a los procesos de decisión y crear órganos de cogestión entre la administración, la pesca profesional, la pesca recreativa y la náutica social. Hemos impulsado comisiones y planes específicos para distintas modalidades pesqueras y mejorado mucho la relación con el conjunto del sector. La idea es que las regulaciones se hagan con el conocimiento y, si es posible, con el acuerdo de quienes viven y disfrutan del mar.

¿Ese planteamiento es el origen del plan de conservación?

Sí. Queríamos impulsar la conservación marina contando con pescadores profesionales, recreativos y la náutica social, porque son los primeros interesados en la buena salud del mar. Apostamos por medidas aplicables y realistas, no por declaraciones simbólicas. Queremos que Baleares sea un referente de conservación marina en el Mediterráneo occidental, pero haciéndolo junto a la sociedad isleña.

¿Qué compromisos asume?

El primero es multiplicar por diez las zonas marinas sin pesca en cinco años. Ya trabajamos en ello, empezando por Cabrera. También pedimos al Estado crear zonas sin pesca en mar abierto y reclamamos dos reservas marinas pendientes desde hace años: la de Sóller y la del sur de Formentera. Otro compromiso es garantizar recursos suficientes para la vigilancia de los espacios protegidos.

¿Qué dificultades presenta la protección de esas zonas?

Muchas coinciden con puertos y áreas de actividad náutica tradicional, como Portocolom o Fornells. El reto es compatibilizar conservación y usos históricos. Son espacios con un enorme valor ambiental pese a la actividad humana.

Política pesquera de la UE

Da la sensación de que las políticas de la Unión Europea están llevando al sector pesquero al límite.

Así es. Yo me considero conservacionista, pero no ecologista. La conservación es necesaria, pero en algunos momentos la ideología se ha impuesto a la ciencia. Eso ha provocado reglamentos muy duros impulsados desde Bruselas bajo una visión según la cual los pescadores eran poco menos que delincuentes. Y esa percepción ha pesado mucho en las decisiones políticas. Recuerdo la visita del comisario europeo de Pesca a Baleares, la primera que hacía un comisario a las islas. Nos preguntó varias veces si estábamos seguros de que nuestros pescadores cumplían las normas. Incluso se lo preguntó directamente a pescadores en la lonja. Aquí el sector cumple. De hecho, algunos profesionales utilizaban redes con mallas más grandes antes de que fueran obligatorias para evitar capturar ejemplares pequeños.

¿La situación de Baleares es distinta a la de otros territorios del Mediterráneo?

Sí. El Mediterráneo oriental tiene problemas mucho más graves. Baleares es uno de los lugares del Mediterráneo occidental donde mejor están los recursos pesqueros, aunque siempre pueden mejorar.

Usted ha dicho que el objetivo de Bruselas era acabar con la pesca de arrastre.

Creo que existía una corriente muy fuerte contra el arrastre mediterráneo. Sin embargo, cada vez hay más consenso en que esa actividad debe mantenerse, aunque con mejor gestión y más sostenibilidad. Sin arrastre desaparece gran parte de la estructura pesquera mediterránea. En Baleares solo quedan 32 barcos de arrastre en un espacio marítimo enorme. Eso permite demostrar que conservación y pesca sostenible pueden ser compatibles.

Cómo promover el consumo de pescado

El consumo de pescado está cayendo. ¿Cómo se puede impulsar el producto local?

Hay un cambio social importante: mucha gente joven cocina menos y eso, como es lógico, afecta al pescado fresco. La restauración debe ser uno de los grandes pilares para impulsar el producto local. También queremos implicar más a los restaurantes mediante certificaciones y directorios de establecimientos que trabajen con pescado local. En Palma, por ejemplo, apoyamos la marca Peix Nostrum para reforzar la trazabilidad y la calidad.

El pescado local no puede cubrir toda la demanda.

Es imposible. En Baleares se consumen unas 80.000 toneladas de pescado al año y nuestro mar produce unas 3.000. El objetivo no es sustituir todo el consumo, sino posicionar el producto local en segmentos de calidad, restauración y turismo gastronómico. El reto también es cultural. Muchas personas consumen pocas especies y rechazan otras. Hay que adaptar la oferta y revalorizar productos locales. El Govern, por ejemplo, ha impulsado ayudas para desarrollar caldo elaborado con pescado local y hoy ya se comercializa. Hay consumidores dispuestos a pagar más por productos auténticos y de proximidad.

El futuro de la pesca

Sea sincero. ¿Tiene futuro la pesca en Baleares? ¿Existe un relevo generacional?

Sí. La pesca requiere aprendizaje, pero quien sabe pescar puede vivir bien. Muchas veces el propio sector transmite una imagen más negativa de la que corresponde con la realidad.

Muchos pescadores recreativos se sienten criminalizados. ¿Es posible la convicencia pacífica con los profesionales?

La pesca recreativa, a pesar de que hay algunos cafres, es algo básico para aumentar el consumo de pescado local. Y esto es lo que vengo machacando a los pescadores profesionales. Los recreativos no son vuestros enemigos. Son la gente que luego compra el pescado en los mercados municipales y en los puntos de primera venta. Son los que luego saben distinguir un salmonete de una escórpora.

Pesca submarina en Baleares

Los pescadores submarinos son muy críticos con usted, supongo que lo sabe.

A ver cómo lo voy a decir. Yo no soy enemigo de la pesca submarina. Es más, aunque ellos no se lo crean, yo he intentado ayudarles más de una vez.

Lo cierto es que son los más selectivos, porque visualizan la pieza antes de capturarla.

Hay pescadores submarinos muy responsables y otros que no lo son. Como pasa en todos los colectivos. «Es que nosotros somos muy selectivos», dicen. Sí, sois muy selectivos, pero si tú seleccionas lo más escaso y lo más valioso, lo que haces es un desastre. El problema de la pesca submarina es que va a por el pez grande, el pez reproductor y las especies más valiosas. Y eso tiene un impacto enorme, especialmente en un mar como el Mediterráneo, que es muy pequeño y está muy explotado. Yo no estoy diciendo que haya que prohibir la pesca submarina. Lo que digo es que hay que gestionarla y reconocer que tiene impacto, porque, de lo contrario, empezamos negando la realidad.

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