Los inmensos remolinos que recorren los océanos, algunos de más de 100 kilómetros de diámetro, son los auténticos motores del movimiento del mar. Un estudio liderado por investigadores del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA-CSIC-UIB) ha demostrado que estas estructuras concentran alrededor del 72% de la energía cinética de la superficie oceánica, un dato que permitirá comprender mejor la circulación marina y mejorar las previsiones climáticas del futuro.
El trabajo, publicado en la revista científica Geophysical Research Letters, revisa las estimaciones realizadas hace más de dos décadas gracias al análisis de una base de datos mucho más completa: 23 años de observaciones obtenidas mediante altimetría de varios satélites que han permitido reconstruir con una precisión sin precedentes el movimiento de la superficie del mar.
En la investigación participan las científicas del IMEDEA Bàrbara Barceló-Llull y Ananda Pascual, junto a Laura Gómez-Navarro, del Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC), bajo la dirección de Diego Cortés-Morales.
Distintos tipos de movimientos
Los investigadores distinguen dos grandes tipos de movimientos oceánicos. Por un lado, las grandes corrientes estables, como la Corriente del Golfo o la Corriente Circumpolar Antártica. Por otro, los remolinos y meandros, estructuras mucho más dinámicas que transportan calor, sal, nutrientes y carbono a lo largo del océano y desempeñan un papel fundamental tanto para los ecosistemas marinos como para el equilibrio climático del planeta.
Hasta ahora se estimaba que estos remolinos podían concentrar cerca del 90% de la energía cinética oceánica. El nuevo estudio reduce esa cifra al 72%, aunque confirma que siguen siendo el componente dominante de la circulación superficial del océano. La diferencia se explica por la mejora de las observaciones disponibles, mucho más completas que las utilizadas en los primeros estudios realizados a principios de siglo.
Según explica Diego Cortés-Morales, la incorporación simultánea de varias misiones satelitales durante más de dos décadas ha permitido obtener «una visión más precisa y robusta de la circulación oceánica global», corrigiendo las limitaciones tecnológicas de los trabajos anteriores.
Una herramienta para mejorar las previsiones climáticas
Más allá del interés científico, los resultados tienen una aplicación directa en el desarrollo de los modelos climáticos. Los autores advierten de que muchos de los modelos actuales todavía no representan con suficiente detalle estos remolinos oceánicos, pese a que son responsables de buena parte del transporte de calor y carbono entre distintas regiones del planeta. Incorporar estos procesos permitirá realizar proyecciones climáticas más fiables durante las próximas décadas.
El estudio también pone de relieve la importancia de mantener y ampliar las redes de observación del océano mediante satélites, instrumentos de medida en el mar y modelos numéricos. En este sentido, los investigadores destacan el potencial del satélite SWOT, capaz de detectar estructuras oceánicas de menor tamaño y aportar una visión aún más detallada de cómo circula la energía en el océano.