El pecio de Ses Fontanelles ya está completamente fuera del agua. El Consell de Mallorca ha culminado este lunes la extracción de la última sección del casco de la embarcación romana hundida hace unos 1.700 años en la bahía de Palma, poniendo fin a cuatro meses de una compleja operación arqueológica que marca un antes y un después para el patrimonio subacuático de Baleares.
La intervención, desarrollada desde principios de marzo dentro del proyecto ARQUEOMALLORNAUTA, ha permitido recuperar íntegramente la embarcación para garantizar su conservación y abrir una nueva etapa de investigación científica sobre uno de los pecios tardoantiguos más relevantes del Mediterráneo occidental.
La operación final comenzó a primera hora de la mañana. La última porción del casco, de unos doce metros de longitud y dos de anchura, fue elevada mediante globos de flotación y remolcada lentamente hasta el Club Marítimo San Antonio de la Playa. Allí, una grúa la depositó sobre un camión góndola que la trasladó al Castillo de San Carlos, donde permanecerá aproximadamente un año y medio sumergida en piscinas de desalación antes de iniciar su restauración.
El pasado viernes ya había sido extraída la penúltima sección del fondo del barco. Ambas estructuras fueron aseguradas previamente mediante una compleja estructura metálica, redes y cinchas para evitar deformaciones durante la maniobra.
Cuatro meses de trabajo
La campaña arqueológica ha movilizado durante cuatro meses a un equipo de unas quince personas que ha trabajado de forma ininterrumpida para desmontar el barco pieza a pieza, documentando cada elemento de su arquitectura naval y excavando el entorno del yacimiento.
Los trabajos no solo han permitido salvar la embarcación, sino también recuperar un extraordinario conjunto de materiales que aportarán nueva información sobre el comercio y la navegación en el siglo IV d. C. Entre los hallazgos destacan varias ánforas prácticamente completas que formaban parte del cargamento, cerámicas de cocina y vajilla fina, una olla utilizada a bordo, restos de fauna, cuatro anclas (algunas conservando todavía los nudos originales) cerca de 90 metros de cabos, dos cestos completos de fibra vegetal, una polea y un escandallo empleado para medir la profundidad.
Uno de los descubrimientos más singulares ha sido la localización de restos de las velas del barco junto al costado de babor. Aunque el tejido de lino presenta un avanzado estado de deterioro, los arqueólogos han podido documentar su sistema de fabricación y los refuerzos empleados para soportar la navegación, un hallazgo excepcional por la escasa conservación de este tipo de materiales orgánicos.
Restauración del pecio
Con la extracción del pecio concluye la fase más delicada del proyecto, pero comienza ahora un largo proceso científico. Tras la desalación, las maderas serán trasladadas al laboratorio ARQVAtec del Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena, donde se someterán a tratamientos de estabilización y restauración mediante impregnación con polietilenglicol (PEG) y liofilización.
Paralelamente, especialistas de las universidades de las Islas Baleares, Barcelona y Cádiz estudiarán la arquitectura naval de la embarcación, identificarán las especies de madera empleadas en su construcción, realizarán dataciones radiocarbónicas y analizarán el conjunto de materiales recuperados para reconstruir la historia del barco y las circunstancias de su hundimiento.
El Consell de Mallorca inaugurará el próximo mes de noviembre una exposición en el Centro Cultural La Misericòrdia dedicada al pecio de Ses Fontanelles, donde se mostrarán su historia, los trabajos de recuperación y los primeros resultados de la investigación.