La idea inicial del III Foro de Gaceta Náutica, dedicado este año a los retos del turismo náutico, era abrir líneas de entendimiento entre las partes enfrentadas. A saber: el Govern balear y el Gobierno central, y las tres patronales empresariales con implantación en el sector del chárter. Quizás el objetivo que nos habíamos marcado como publicación era demasiado ambicioso y, en cierta manera, estaba fuera de nuestro alcance y competencia.
El debate no sirvió, como nos hubiera gustado, para alcanzar consensos –salvo en cuestiones donde no existía controversia previa, como la seguridad y la defensa del medio ambiente–, pero sí, al menos, para poner de manifiesto que es posible hablar de manera civilizada incluso de los asuntos más peliagudos. Como dijo en broma nuestro subdirector al inicio de la jornada, «nos gustan los líos y poner sobre la mesa cuestiones polémicas». El año pasado nos metimos en el charco de la náutica social y este lo hemos hecho en el del chárter. Nuestro trabajo es contar lo que pasa, no resolver problemas; entre otras razones, porque no está en nuestra mano.
No les voy a contar aquí lo que se dijo en el Foro, puesto que le hemos dedicado a ello tres páginas en esta edición (PDF), pero sí quiero poner el acento en un asunto que surgió durante las diferentes mesas redondas y en el que, según pude percibir, existe un acuerdo casi unánime. Da la casualidad de que en una entrevista que le hice posteriormente a la CEO de Puerto Portals, Corinna Graf, volvió a surgir el tema. Por si fuera poco, el artículo de Gabriel Dols de este mes conecta con la misma idea. Y ya la guinda la pone Bartomeu Bestard, CEO de Alcudiamar, hablando también de ello en su sección. Me refiero al territorio.
Cuando tantas personas, tan bien informadas, coinciden en recalcar un mismo concepto, aunque sea desde diferentes visiones y por razones distintas, cabe preguntarse si no es acaso esa idea la más importante. Y ha de ser así, necesariamente, porque nada de cuanto se discute en relación al futuro de la actividad náutica tendría sentido sin el atractivo que ofrecen las Islas Baleares como destino. ¿Quién querría fondear en una cala saturada? ¿Qué sentido tiene abrir el mar a los residentes o fomentar las actividades náuticas si en el camino perdemos los placeres que hoy, todavía, nos ofrece el territorio? ¿De verdad nos interesa renunciar a nuestro tejido empresarial local, comprometido con su entorno, por modelos de negocio globalizados y cortoplacistas? ¿Cómo conciliar el desarrollo económico, la protección del medio natural y el disfrute del mar como espacio de libertad?
Ojalá, en vez de limitarme a formular preguntas, pudiera ofrecerles aquí respuestas a todos esos desafíos. En cualquier caso, como les decía, parece que existe una voluntad bastante extendida de ponerle el cascabel al gato. Hablemos de ello: de capacidad de carga, de licitaciones portuarias, de cantidad vs. calidad, de seguridad, de conservación. Pero hagámoslo sin dogmatismo, abiertos a encontrar soluciones que no colisionen con normativas que no podemos cambiar ni con derechos individuales. Ya sabemos que prohibir es la opción de quien no sabe gestionar ni escuchar.
Podríamos, si les parece, proponer esta temática para el IV Foro de Gaceta Náutica el año que viene. Ya me dicen qué les parece la idea.