El III Foro de Gaceta Náutica dedicado a los retos del turismo náutico ha vuelto a poner sobre la mesa cuestiones fundamentales: competencias entre administraciones, cambios de lista o la regulación del chárter. Todos ellos son asuntos sin duda muy importantes. Pero cabe una reflexión más general: ¿qué ocurrirá con el turismo náutico si Baleares deja de ser Baleares?
Las mayores fortalezas de nuestra industria náutica las atribuimos a las instalaciones náuticas, las embarcaciones, las empresas, al clima… Pero ¿qué pasaría sin nuestras calas, sin nuestro paisaje, sin la calidad ambiental de nuestras aguas y sin la sensación de exclusividad y autenticidad que ofrecen nuestras islas? Tal vez haya llegado el momento de interiorizar que una de nuestras mayores fortalezas es el territorio.
Y, sin duda, esto tiene un límite. Hemos estado obsesionados durante muchos años, y todavía hoy con la desestacionalización, por atraer más visitantes. Sin embargo, debemos preguntarnos si hemos llegado a un punto en el que este crecimiento puede acabar perjudicando precisamente aquello que queremos proteger.
Concentración en verano
Las empresas son las primeras que se ven afectadas. En verano, durante las horas de mayor intensidad de los vientos térmicos, se concentran numerosas embarcaciones en los mismos lugares de abrigo o menos movidos. Podemos encontrar cuatro catamaranes de 150 plazas, dos más pequeños, varias golondrinas tradicionales, embarcaciones de day charter y los locales con sus propias embarcaciones. En total, por ejemplo, delante de Sa Cova Verda, en la bahía de Palma, pueden concentrarse más de mil personas, con las dificultades de fondeo que ello representa.
A nadie se le escapa que un turismo complaciente con esta situación lleva a las empresas a trabajar más por cantidad que por calidad. No hay otra solución, y no me cabe duda de que no es lo que desean, pero esta es la realidad que sucede diariamente. Sin entrar, además, en el malestar que esta situación genera entre la población local.
Tal vez un problema importante y urgente sea el reto de ser capaces de llevar a cabo entre todos –Govern, sector y población local– una gestión del turismo náutico inteligente y sostenible. Y esto, básicamente, se resume en dos cuestiones.
Sostenibilidad ambiental económica y social
Los que tenemos las Islas Baleares como hogar y raíz, y no como puerto de destino en busca de una vida mejor, no estamos aquí porque seamos mejores o más listos, sino simplemente porque el destino nos ha puesto aquí. Devolvamos esta gratitud en forma de cuidado y preservación de este paraíso. Por otra parte, como señaló la Unión Europea en 2015, toda sostenibilidad se basa en tres ejes: ambiental, económico y social.
En el ámbito ambiental ya tenemos leyes verdes por doquier, tal vez demasiadas en algunos casos. En lo económico no hay que preocuparse, pues existen muchos actores encargados de ello. Pero, como siempre, queda colgando la parte social. La gestión inteligente del turismo náutico pasa por valorarnos y respetarnos a nosotros mismos, para evitar el rechazo social hacia una actividad que enriquece nuestra comunidad. En tierra ya vemos la denominada turismofobia. Si nosotros mismos no sabemos hacernos valorar ni respetar, no esperemos que lo hagan quienes nos visitan.
Son necesarios escenarios como este III Foro que profundicen en temas tan vitales como este. Sin empresas no hay sector, sin turistas no hay actividad económica y sin Baleares no habrá turismo náutico. Tenemos los medios humanos, económicos, el conocimiento y el deber de hacerlo. Ya sabemos que el turismo de tierra se podría haber gestionado mejor; aprendamos y no tropecemos con la misma piedra. Proteger Baleares no es frenar el turismo náutico, es garantizar su futuro.