CON TINTA AZUL

JUAN POYATOS OLIVER

Me apasiona el mar en todas sus dimensiones. De hecho, escribí un libro sobre "Tiburones en el Mar Balear" y otro sobre mitología, "Leyendas del Mar Balear", e incluso uno sobre sus fondos, "Bucear en Mallorca". Navego todo lo que puedo con mis hijos, sin regatas, sin puertos de destino, sin horarios y sin obligaciones, escribiendo siempre con tinta azul, porque mi objetivo final es, en este ámbito de la vida, dejar a mis hijos un mar como el que yo disfruté.

Cede el paso a otros barcos siempre que puedas

Como lo harías con un vecino al que conoces o un señor mayor al que respetas

Hay algunas cuestiones fundamentales con respecto a la entrada o salida en puertos o canales angostos que deberíamos repasar. Toda embarcación saldrá y/o entrará en puerto por la mitad derecha del canal o bocana, dejando su estribor lo más cerca posible del extremo derecho de ese canal. Es decir, hay que entrar y salir siempre por la mitad derecha de la bocana. 
Está prohibido navegar a vela dentro del puerto. Las embarcaciones que carezcan de propulsión a motor (vela ligera) deberán ser remolcadas hasta salir o entrar en puerto. La velocidad máxima en puerto habitualmente es de 3 nudos. No hay mucho más que añadir en este tema.

Los buques mercantes o de pasaje de gran porte tienen preferencia sobre el resto por tener «dificultad de maniobra». Mover con seguridad un barco de gran tonelaje es complicado en canales angostos o bocanas. No debemos nunca dificultar la maniobra a estos profesionales por nuestra insistencia en llegar pronto a nuestra cala favorita o zona de pesca.

No suele suceder, afortunadamente, pero los hidroaviones tienen preferencia al amerizar o recoger agua en puerto. Nunca debemos acercarnos a su zona de posible amerizaje. Tener presente que si los pilotos deciden arriesgar sus vidas amerizando en el interior del puerto es porque las condiciones del mar fuera del puerto no les permiten otra opción.

«Buque que alcanza, maniobrará sin tardanza». No sólo hay que maniobrar y evitar al buque que alcanzamos, sino que no debemos tampoco, tras superarlo con el margen y velocidad adecuadas, interrumpir su derrota incorporándonos demasiado pronto al rumbo de su proa.

Durante la noche se deben cumplir las mismas normas, añadiendo la buena señalización de nuestra embarcación y moderando aún más nuestra velocidad. Hay que recordar que los daños que nuestra embarcación pueda provocar a terceros, embarcaciones o personas, incluso sin tocarlos, sólo por las olas que provocamos, son de nuestra responsabilidad y podrían reclamarnos los daños materiales o personales, incluso por lo penal.  

Cuando dos barcos enfrentan las proas, ambos deben caer a estribor. Por supuesto, cederemos obligatoriamente el paso a los que nos llegan por estribor, salvo las excepciones por clase, maniobra o tipo de barco. Podría poner cada norma, artículo de la Ley y cada reglamento referido a todos los puntos mencionados, pero no serviría de nada, los cafres piensan que eso de las normas no va con ellos. 

En resumen, cede el paso a otros barcos siempre que puedas, como lo harías con un vecino al que conoces o un señor mayor al que respetas. Modera al máximo tu velocidad, siempre. Saluda cordialmente a los otros patrones con los que te cruces. Atiende los consejos de los navegantes locales y de los marineros más experimentados. Respeta a las embarcaciones más frágiles, fuera y dentro del puerto. Ayuda a los otros navegantes a la más mínima oportunidad y no esperes nunca recompensa, agradecimiento o sanción, navega correctamente porque así es tu código personal de conducta, más estricto en realidad que cualquier norma escrita.   

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