NAVEGAR FÁCIL

JUAN JOSÉ MERAYO

Comencé a navegar y participar en regatas allá por 1957. Me inicié como profesional velero en 1975, trabajando para North Sails y Hood Sailmaker. Actualmente dirijo la velería Quantum en Mallorca.He inventado y patentado el Sock-Jib®, un tormentin que puede ser izado sin arriar el génova de enrollar. Aprovecho mi experiencia de miles de millas y miles de metros de velas construidas para recomendar las velas que mejor se adaptan al barco y manera de navegar de cada proyecto.

‘Dory’, el bote absoluto

Esta pequeña embarcación era usada por pescadores norteamericanos y europeos que faenaban el bacalao en los bancos desde hacía siglos. Los carpinteros de ribera que producían esta maravilla lo fabricaban a gran velocidad montando las tablas, doblándolas a mano sobre una rústica cuaderna central, todo con clavos.  

En mi opinión, no existe en el mundo otro bote de pesca o de trabajo con las excepcionales características del dory. Básicamente se usaba para la pesca de bacalao en los grandes bancos de Terranova, un lugar de confirmada mala reputación, con una marejada imponente, vientos huracanados, nieblas y otras adversidades que lo hacen de una zona poco higiénica para pescar sobre todo en un bote de cinco metros abierto, a remo y de un solo tripulante. 

En la práctica, muchos pescadores se perdían o se hundían y nunca se sabía de ellos simplemente porque no regresaban. Conocido generalmente como Grand Banks Dory, sus origenes no están muy claros. Era usado por pescadores de Norteamérica y europeos como los portugueses, que faenaban el bacalao en los bancos desde hacía siglos.

Los dorys eran transportados en barcos nodriza hasta la zona de pesca, uno metido dentro de otro, lo que facilitaba estibar muchas unidades sin ocupar casi espacio, otra de las ventajas adicionales del dory. Más que un diseño específico, el dory es un inteligente sistema de construcción de cómo hacer un bote lo más rápido posible y con cuatro tablas y una caja de clavos. Fondo absolutamente plano, forro de tres tablas en tingladillo y espejo muy angosto en forma de ataúd, característica distintiva del dory. Un asiento transversal para sentarse a remar y no mucho más. En una semana de  construcción ya estaba listo para pescar y dar beneficios. 

Hay films de los portugueses bajando sus dorys del barco nodriza al mar y es espeluznante ver como se mueven al depositarlos, el pescador tenía que alejarse remando rápidamente  para no ser aplastado. Según las condiciones, algunos usaban una vela tarquina para evitar la dura tarea de remar parar llegar a su sector de pesca  a unas millas del barco. Seguían un trayecto radial lanzando 24 palangres de más de 100 metros cada uno, provistos de brazoladas con 1.000 anzuelos «sin muerte» para el desenganche más rápido del pescado. Todo ordenadamente preparado en una canasta para tratar de evitar un catastrófico enredo que malograría el trabajo del día. Después, los recogían con la pesca y si había suerte, regresaban remando con 1.000 kilos de bacalao a bordo.

Subir el pescado era toda un maniobra. No había tiempo para holgazanear porque hasta que el barco no estuviera lleno de bacalao no regresaban, o sea los seis meses de vacaciones en los grandes bancos.

Los carpinteros de ribera que producían esta maravilla lo fabricaban a gran velocidad montando las tablas, doblándolas a mano sobre una rústica cuaderna central, todo con clavos. 

En la actualidad hay miles «fans» de los dorys  por todo el mundo, por la rapidez y economía de su construcción. Es un bote facilísimo de fabricar en el garaje de casa. Con tablero marino, cosido con alambre y pegado con resina epoxi (el conocido sistema stitch and glue - coser y pegar), una persona puede hacerlo sin experiencia en carpintería y con herramientas básicas. Hay planos gratis en Internet que facilitan la fabricación por amateurs. 

Es fantástico para remar y navegar a vela con un aparejo rudimentario. Pero no se le ocurra hacerse uno. Primero, infórmese ante la autoridad competente. Seguramente el «invicto» de los grandes bancos no debe estar homologado ni siquiera para bogar en aguas someras.                                                      
 

Enrollando seguro

¡Cuidado! Las ventiscas propias de otoño o invierno pueden desenrollar y posiblemente destruir un génova mal enrollado o sin la tensión suficiente

Génovas enrollables: ventajas pero no todas

Con el Sock-Jib no es necesario ningún estay alternativo ni modificación en el aparejo o instalación previa

Navegando para atrás

Vieja pero imprescindible como la navaja marinera, esta efectiva maniobra utilizada durante siglos por la marina clásica para virar por avante, puede sacarlo de un imprevisto si la máquina no se decide a cooperar.

El duende de a bordo

La Asociación de Navegantes Racionalistas (ANR) niega rotundamente todo lo que aquí expongo y le opone una explicación científica, más aburrida que desmitificadora, atribuyéndolo a un efecto curioso entre las burdas y el viento de levante

Tablilla versus ollaos

Un punto que distingue el ollao prensado como la mejor opción para velas de crucero es que su tope redondo es mucho más fácil para cubrir con la funda de vela

La trampa de Euclides

Cuando tenemos dificultades en la maniobra de las velas, nuestra primera intención es agregar. Conviene pensar que, a veces, puede haber otra solución que esté basada en sacar y no poner.

Gennakers: ¿enrollarlos o no?

La nueva tendencia es tratar de enrollarlo todo, desde un tormentín o una trinquetilla, hasta cualquier vela de vientos portantes. Es cierto que los sistemas de enrollado encarecen la navegación, pero por otro lado la hacen más fácil, segura y, sobre todo, nos anima a izar velas cuando buscábamos cualquier excusa para no lo hacerlo.

El origen holandés de la navegación por placer

Los «jaght», o cazadores de piratas, nacieron en el siglo XVI y pronto derivaron en embarcaciones de recreo. Carlos II de Inglaterra, exiliado en los países bajos, adoptó la navegación por placer y adaptó la palabra «yacht». Allí empezó todo.