NAVEGAR FÁCIL

JUAN JOSÉ MERAYO

Comencé a navegar y participar en regatas allá por 1957. Me inicié como profesional velero en 1975, trabajando para North Sails y Hood Sailmaker. Actualmente dirijo la velería Quantum en Mallorca.He inventado y patentado el Sock-Jib®, un tormentin que puede ser izado sin arriar el génova de enrollar. Aprovecho mi experiencia de miles de millas y miles de metros de velas construidas para recomendar las velas que mejor se adaptan al barco y manera de navegar de cada proyecto.

Navegando para atrás

Vieja pero imprescindible como la navaja marinera, esta efectiva maniobra utilizada durante siglos por la marina clásica para virar por avante, puede sacarlo de un imprevisto si la máquina no se decide a cooperar.

Hace bastantes años, muchísimos en realidad, tenía un velero puro de 9 metros que navegaba y maniobraba a vela como los dioses. Tenía su amarra en una segunda bahía, lejos de la salida del club, comprometido entre dos filas de yates (en aquella época las marinas no existían).

La proa de mi yate apuntaba a los vientos predominantes y para poder salir por el angosto canal tenía que navegar hacia atrás unos 25 metros entre los veleros amarrados y virar la proa 90 grados para navegar libre.

Esta maniobra requería toda la familia, incluyendo a doña Gertrudis, mi suegra, que en aquella época veleaba con nosotros. Izábamos las velas con facilidad ya que estábamos proa viento, los chicos soltaban las amarras, Claudia acuartelaba el foque, yo abría la mayor con una contrescota y mi suegra por supuesto...daba las órdenes.

Con el timón al medio, el velero navegaba hacia atrás hasta que soltaba la contrescota y la mayor volvía  a flamear, ponía la caña hacia donde quería navegar y el foque acuartelado hacía caer la proa hacia la salida causando el asombro de los adoradores de los Johnson y Envinrudes.

Funcionó como un reloj suizo durante años hasta que una vez quedamos enganchados de la amarra de popa y el yate en vez de virar los sacrosantos noventa grados continuó hasta los 180 saliendo proyectados a toda velocidad hacia una motora a la cual le arrancamos la escalera de popa con gran estilo. Después de las disculpas y de las reparaciones del caso, el capitán del puerto nos pasó a una amarra  cerca de la salida. 

Más allá de la anécdota, les puedo asegurar que la mayoría de los yates, balanceados por la dos velas pueden navegar hacia atrás perfectamente como si fueran a motor, el único requisito es mantener firme la caña ya que esta tiende a cruzarse con fuerza. Basta con desacuartelar las velas y el velero se detendrá de inmediato.

 Aunque la idea de navegar para atrás parezca funambulesca, puede llegarle a serle útil en alguna ocasión. Esta infalible maniobra utilizada durante siglos por los barcos de velas cuadras para virar por avante, puede sacarlo de un imprevisto si el ruidoso trasto mecánico decide ponerse en su contra.

En veleros de siglos pasados la sola idea de cambiar de amura era capaz de hacer proferir los peores tacos a contramaestres y marineros de maniobras, una opción era trasluchar o sea todo un viaje hasta virar por popa, la otra era enfachar y quedarse un tiempo, largo, larguísimo, eterno al viento hasta que el barco finalmente comenzaba a navegar hacia atrás y poniendo el timón al revés se lograba la bendita maniobra de virar por proa.

Quedarse detenido proa viento, sin maniobra, es algo que nos puede pasar a todos, por lo que hay tener bien en claro cómo funciona el timón para salir airoso y con elegancia. Curiosamente es común ver veleros en esta incómoda situación con el patrón dando golpes de timón, sin ningún éxito,  como si el velero estuviera navegado hacia delante.

Motores fiables, propulsores optimizados y hélices de proa no nos incitan a practicar esta maniobra de la vieja marina o de la época que muchos veleros no tenía motor o tenían pero no funcionaban.

Para barcos pesados, antiguos de quilla corrida, llauts, etc… que muchas veces se niegan tozudamente a virar esta es una maniobra imprescindible. Navegar hacia atrás es una buena manera de recoger objetos caídos al agua.

Los veleros de regata crucero usan en las partidas esta maniobra como freno o marcha atrás. También usan esta maniobra antes de la largadas para desprender si hay algo agarrado a la quilla, hélice y u otros apéndices sumergidos. Es cada vez más frecuente que plásticos y otras porquerías naveguen a dos guas.

También hay que destacar que los barcos de vela ligera usan la técnica de navegar para atrás asiduamente en las largadas para reubicarse. Si nos están apretando desde sotavento podemos navegar un poco hacia atrás y ponernos en una posición más cómoda apurando al que nos apretaba hace segundos. Pero cuidado, el barco navegando hacia atrás pierde todo los derechos de paso.

En la actual época de la velocidad electrónica puede sonar como una maniobra arcaica, tal vez la navegación a vela lo sea en su concepto pero es una forma de salir rápidamente de la embarazosa posición de estar al viento, sobre todo si hay amigos mirando, y es una maniobra donde la práctica es lo más importante. Inténtelo sin peligros cercanos de manera que si llega el momento domine la técnica con seguridad  aunque solo sea para divertirse un rato, después de todo de eso es de lo único que se trata.

Enrollando seguro

¡Cuidado! Las ventiscas propias de otoño o invierno pueden desenrollar y posiblemente destruir un génova mal enrollado o sin la tensión suficiente

Génovas enrollables: ventajas pero no todas

Con el Sock-Jib no es necesario ningún estay alternativo ni modificación en el aparejo o instalación previa

El duende de a bordo

La Asociación de Navegantes Racionalistas (ANR) niega rotundamente todo lo que aquí expongo y le opone una explicación científica, más aburrida que desmitificadora, atribuyéndolo a un efecto curioso entre las burdas y el viento de levante

Tablilla versus ollaos

Un punto que distingue el ollao prensado como la mejor opción para velas de crucero es que su tope redondo es mucho más fácil para cubrir con la funda de vela

‘Dory’, el bote absoluto

Esta pequeña embarcación era usada por pescadores norteamericanos y europeos que faenaban el bacalao en los bancos desde hacía siglos. Los carpinteros de ribera que producían esta maravilla lo fabricaban a gran velocidad montando las tablas, doblándolas a mano sobre una rústica cuaderna central, todo con clavos.  

La trampa de Euclides

Cuando tenemos dificultades en la maniobra de las velas, nuestra primera intención es agregar. Conviene pensar que, a veces, puede haber otra solución que esté basada en sacar y no poner.

Gennakers: ¿enrollarlos o no?

La nueva tendencia es tratar de enrollarlo todo, desde un tormentín o una trinquetilla, hasta cualquier vela de vientos portantes. Es cierto que los sistemas de enrollado encarecen la navegación, pero por otro lado la hacen más fácil, segura y, sobre todo, nos anima a izar velas cuando buscábamos cualquier excusa para no lo hacerlo.

El origen holandés de la navegación por placer

Los «jaght», o cazadores de piratas, nacieron en el siglo XVI y pronto derivaron en embarcaciones de recreo. Carlos II de Inglaterra, exiliado en los países bajos, adoptó la navegación por placer y adaptó la palabra «yacht». Allí empezó todo.