DONES DEL VENT

La esperanza olímpica de la vela menorquina

Julia Rita Román (Maó, 1989), graduada en Fisioterapia por la UIB y regatista, se jugará el próximo mes de agosto, en el Mundial 49er FX, su clasificación para los JJOO de Tokio 2020
EMPAR ISABEL BOSCH

Aunque fue campeona de España en clase Europa juvenil, de niña, la vela le parecía aburrida: «Esto no se mueve», confiesa que pensaba hasta que experimentó el vértigo de un temporal en la mar, a los 13 años y entonces se entusiasmó. 



Antes había practicado kárate y también había jugado a bádminton, deporte con el que compitió en Primera División Nacional. Alentada por su padre, Fernando Rita, primer menorquín olímpico en los Juegos de Barcelona’92 como integrante del equipo español de vela, y, sobre todo, por su madre, Roser Román,  una mujer de la que ha heredado la resolución y la osadía, Julia Rita escogió el campo de regatas para librar sus batallas de superación. 



Además de vela y bádminton,  practica triatlón y de esta última disciplina dice que lo que mejor se le da es nadar con fuerte oleaje. «Donde los demás se marean, es donde mejor me encuentro yo», explica. Alterna con naturalidad la práctica profesional de sus estudios como fisioterapeuta con las concentraciones que impone la Federación Nacional de Vela y los rigurosos entrenamientos que se exige a sí misma.



Entusiasta hasta el contagio,  sus rutinas de entrenamiento, que oscilan entre las cuatro y las siete horas diarias,  son solamente aptas para deportistas tenaces: todos los días se ejercita en el gimnasio y navega en solitario en un musto skiff en sendas sesiones de mañana y tarde.



Dice que tanto le gusta navegar en solitario como en equipo porque ambas experiencias son gratificantes. Cuando el temporal le impide entrenar a vela, se desquita practicando surf y, en estos momentos, aprende  a manejarse con el kitesurf, con poco viento, puntualiza, un deporte extremo inspirado en las cometas que utilizaban los pescadores chinos e indonesios en el siglo XII para arrastrar sus embarcaciones y cuya modalidad actual patentó en 1977 Gijsbertus Adrianus Panhuise.  Propulsada por el viento sobre las olas, Rita libera adrenalina.



Descubrió el surf con 17 años y, desde entonces, no solo lo practica, sino que elige sus destinos vacacionales en función de las condiciones que más atraen a surfistas de todo el mundo: las olas míticas de Indonesia, Australia, Sudáfrica o California.

La regatista menorquina ha participado en dos campañas olímpicas, la primera junto a Marina Gallego para Londres 2012 y la segunda con Iker Martínez para Río 2016.  Desde el pasado mes de febrero su pareja de navegación es Patricia Suárez, con quien se ejercita en aguas de Galicia en el arte de la velocidad con los JJOO de Tokio en el horizonte. 



Acaba de regresar de una concentración en Villa García de Arousa donde la pareja de regatistas ha entrenado con Antón Paz, medalla de oro en clase Tornado en los JJOO de Pekín 2008 y,  en breve,  viajará a Santander para seguir con su exhaustivo programa de entrenamiento. 



Feminista confesa, ha liderado en Menorca el proyecto educativo «Mujer y vela», con el que ha animado a estudiantes de secundaria a abordar la competición deportiva como una oportunidad de crecimiento personal. 



Reconoce que su propia experiencia como adolescente le ha servido de estímulo para llevar en persona su historia de retos y éxitos a los institutos menorquines con el objeto de estimular a las jóvenes promesas y evitar que decaigan en sus empeños deportivos. 



También fue su niñez de músculos sobrecargados por el esfuerzo la que encaminó sus estudiós hacia una disciplina de la que fue asidua paciente, la fisioterapia, que cursó en la Universitat de les Illes Balears y que actualmente ejerce en consulta propia en su Maó natal. Asegura que le encanta el ejercicio de su profesión pero que optaría por dedicarse a la vela en exclusiva si obtuviera el patrocinio necesario.  



Rita tiene la mirada clavada más allá de los JJOO de Tokio porque, dice, quiere seguir compitiendo en un deporte en el que, afortunadamente, los años suman pericia y determinación.