SECTOR NÁUTICO

ANÁLISIS

Incendio del buque Grande Europa: menos mal que hacía buen tiempo

El incendio del carguero de la naviera Grimaldi ha vuelto a poner de manifiesto la vulnerabilidad de las Islas Baleares ante un eventual accidente marítimo de grandes dimensiones
JOSÉ LUIS MIRÓ

La madrugada del pasado miércoles se dieron las condiciones ideales para que el incendio del buque Grande Europa, con 25 tripulantes a bordo y una carga de cerca de 1.800 vehículos, tuviera un final feliz. La mar estaba en relativa calma y el viento soplaba flojo en el denso corredor de transporte marítimo situado entre Argelia y archipiélago de Baleares. Gracias a estas dos circunstancias el fuego no se propagó con la virulencia que sí lo hizo dos meses antes, cuando otro mercante de Grimaldi, el Grande América, cargado también con casi dos millares de vehículos, se hundió frente a las costas de Brest a más de 4.000 metros de profundidad.



Las buenas condiciones meteorológicas propiciaron una rápida y eficaz actuación de Salvamento Marítimo, que desde hace años cuenta en su base de Mallorca, entre otros medios, con el remolcador de altura Marta Mata, una garantía para los navegantes profesionales y de recreo que surcan las aguas del Mar Balear. Hubo suerte, dentro de lo que cabe, y lo que pudo haber sido una tragedia humana y ecológica se quedó en un susto. Un susto muy caro, qué duda cabe.



El fuego del Grande Europa quedó controlado al mediodía de ayer y el buque fue remolcado hasta el puerto de Palma no sin dificultad, como ha explicado hoy en rueda de prensa el jefe de Salvamento Marítimo, Miguel Félix Chicón. La cuestión principal, una vez pasado el peligro, es ahora en conocer las causas del incendio, algo que no será fácil. Grimaldi ya se ha apresurado a decir que el siniestro se originó por separado en dos vehículos nuevos que transportaba y ha exigido más controles de seguridad a los fabricantes de baterías. Hay mucho dinero en juego y, como ocurre casi siempre con los accidentes marítimos, la depuración de responsabilidades requerirá tiempo y posiblemente un complejo litigio judicial.



Sin embargo, con independencia de cómo se las arregle el armador para reparar los daños cuantiosos en el barco, el incendio del Gran Europa ha vuelto a poner de manifiesto la vulnerabilidad de las Islas Baleares ante un eventual accidente marítimo de grandes dimensiones y la imposibilidad de actuar más allá de las medidas de prevención que contemplan los organismos internacionales y la respuesta que sean capaces de dar los servicios de salvamento, ya que parte de las rutas marítimas discurren por aguas internacionales



Baleares está situada en mitad de dos autopistas marítimas. Al sur, la que une Salerno, Cagliari y Valencia; y al norte, por la que discurren los cargueros procedentes de Génova y Livorno con destino a Barcelona. Miles de toneladas de mercancías (muchas de ellas peligrosas) que cada día pasan bordeando las aguas territoriales o penetrando directamente en ellas. Un tráfico cuya tendencia al alza eleva el riesgo estadístico de que se produzcan accidentes para los que no está ni mucho menos garantizado un final feliz. Esta es una realidad en la que es mejor no pararse a pensar porque, si vienen mal dadas, si el día en que se produzca un cortocircuito en el interior de un buque soplan 30 nudos con fuerte marejada; si en lugar de transportar coches el buque lleva las bodegas llenas de petróleo o de productos químicos, Baleares se enfrentará a una catástrofe medioambiental de consecuencias imprevisibles. Basta ver lo que la mar y el viento hicieron con el Grande América.