CRUCERO

IN MEMORIAM

Buena proa y hasta siempre, Yago

El delegado de la Real Asamblea Española de Capitanes de Yate, Jesús Coll, dedica estas sentidas líneas al navegante Santiago García Campos, fallecido el pasado domingo tras incendiarse su vivienda en Palma.
JESÚS COLL

Siempre era el primero en subir a bordo. Lo dejaba todo a punto para que al llegar el resto de la tripulación sólo hubiese que soltar amarras y salir a navegar; se notaba que hacerse a la mar le daba vida, él así me lo confesaba. Esas salidas del fin de semana le daban energía.



Aunque llevaba algo más de un año sin embarcarse en el “Axone” debido a una caída fortuita que le dejó secuelas, todos le echábamos de menos y preguntábamos a menudo por él. Santiago García Campos, Yago para los amigos, gallego de nacimiento y mallorquín de adopción, fue de esas personas que se cruzan en tu vida y te dejan una huella imborrable.



Le conocí ya un poco mayor, pero con una fuerza y una vitalidad tremendas; deportista, atlético y bien plantado, educado y un tanto presumido, era todo un galán, recuerdo que yo siempre le decía: “Ya quisiera llegar a tu edad y estar como tú”.



Su función en el barco era “trimar” la mayor; era capaz de pasarse horas y horas cazando y soltando las escotas a fin de sacarle el mayor rendimiento a la embarcación. Se enfadada si algún miembro de la tripulación pretendía ayudarle pensando que podría estar cansado debido a su edad.



Era una persona admirada por todos. Con algo de genio pero con las ideas claras, me dio muchas lecciones de vida y alguna de mar. Nuestras conversaciones en la bañera del “Axone”, fondeados después de comer y alrededor de una copa de vino, se hacían interminables.



Le daba igual charlar de cualquier tema, su cultura era infinita. Pero sobre todo me encantaba escuchar las historias de sus singladuras, con alguna anécdota incluida a bordo del “Snooty Fox”, del ya desparecido Sinto Bestard, o de sus regatas como tripulante del “Aifós”, el barco de nuestra Armada Española. Yago pudo disfrutar de  ese privilegio por haber sido militar.



Al llegar a casa el domingo, después de nuestra singladura semanal, me llegó un mensaje anunciándome la triste noticia de que, a sus 82 años, nuestro admirado y querido Yago había fallecido en el hospital a causa de unas graves quemaduras producidas por un fatídico incendio ocurrido en su casa.



Ojalá hubiese desaparecido entre las olas de su querido mar. Siempre estará en nuestro recuerdo.