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OPINION

CON VIENTO FRESCO

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Serie Final: objetivo cumplido

La 38 Copa del Rey MAPFRE mantuvo la emoción por el título hasta la última manga y, a pesar de lo que afirman algunos críticos, la regata sigue premiando la regularidad

En la pasada Copa del Rey Mapfre se estrenó un nuevo sistema de competición. La principal novedad es que la regata se dividió en una «Serie Previa», en la que se permitía un descarte, y una «Serie Final» que sirvió para decidir el título y cuyas mangas no podían eliminarse. Este punto es clave porque una rotura o una penalización de cualquier competidor en la última prueba significaba arruinar todas sus opciones. El sistema se podría comparar a la Medal Race que se lleva a cabo desde hace años en las competiciones de vela olímpica pero con la diferencia de que en la fase final de la gran regata mallorquina de crucero pueden participar todas las embarcaciones inscritas en cada clase y no solamente los diez primeros clasificados.

El objetivo del cambio era mantener la emoción en todas las categorías hasta el final y evitar imágenes vistas en ediciones anteriores en la que algún equipo zarpaba el último día ya como seguro ganador del trofeo y se tomaba la regata como un mero trámite o, incluso, tripulaciones que celebraban el triunfo en tierra sin salir del pantalán.

Hay que reconocer que ese propósito se ha logrado de forma brillante porque la 38 Copa del Rey MAPFRE mantuvo la emoción por el título hasta la última manga y, a pesar de lo que afirman algunos críticos, la regata sigue premiando la regularidad ya que la mayoría de equipos que lideraron la fase previa acabaron llevándose el triunfo final. Y es que si eres el mejor durante cuatro días seguidos, lo normal es que lo sigas siendo en las dos últimas jornadas.

El Comité de Regatas logró completar el programa de competición en todas las categorías: Los GC32 celebraron 20 mangas, 17 los Viper 640 (Purobeach Women’s Cup) y  J80 (Herbalife Nutrition), y diez el resto de clases, parciales más que suficientes para que se lleven la victoria los que han sido «más regulares» durante toda la semana.

A lo largo de la Copa del Rey Mapfre se suscitaron encendidos debates en los pantalanes sobre si este formato era más o menos justo. Creo que esto es algo que está de más, porque todos conocían las reglas antes del inicio de la regata y las normas eran iguales para todos. Al final, el mar y los vientos de la Bahía de Palma han puesto a cada equipo en el lugar que le corresponde. 

Todos los deportes evolucionan y van adaptando sus normas, introduciendo aspectos tecnológicos o cambios que fomenten un mayor espectáculo para el público. La vela no puede quedar al margen de este camino aunque les pese a los nostálgicos. Javier Sanz, presidente del Comité Organizador de la regata, reconocía antes del inicio de la prueba que el nuevo sistema suponía una apuesta arriesgada. Quizás la Copa del Rey Mapfre sea una de las pocas competiciones de vela que puede permitirse arriesgar en este tipo de aspectos, pues su prestigio hace que año tras año se complete el cupo de participantes e, incluso, algunos equipos queden en lista de espera. A lo largo de sus 38 años de vida, esta regata siempre ha estado a la vanguardia de la vela, ha introducido nuevas clases de barcos, ha cambiado sistemas de medición y en esta última edición ha apostado, con notable éxito, por la vela femenina y por el medio ambiente. La Copa del Rey Mapfre marca el camino de lo que otras regatas acabarán copiando.