El hidrofoil soviético que batió el récord Ibiza-Formentera

El buque que inauguró la línea rápida en Pitiuses nunca volvió a navegar tras colisionar con unos bajos en 1992

En la madrugada del día de los inocentes de 1992 llegó a los periódicos ibicencos la noticia de que el barco que hacía la ruta Ibiza-Formentera había encallado muy cerca del puerto de La Savina, en concreto en unos bajos conocidos como Sa Séquia. No hubo más que un herido leve entre los 14 pasajeros que viajaban en el hidrofoil “Tiburón”.

El buque quedó allí varado durante días, y así empezó su triste y misterioso final. Lo intentaron remolcar en varias ocasiones, sin conseguirlo. Ya a comienzos de 1993 se reflotó, para llevarlo finalmente hasta el puerto de Palma, donde quedó amarrado cerca de la bocana.

La recuperación del buque fue muy difícil debido a que su calado real era de 3 metros (contando lógicamente las hidroalas), lo que impedía arrastrarlo sobre la roca sin provocarle más daños.

Quedó definitivamente amarrado en el Dique el Oeste y, pese a que la avería que presentaba no era muy importante, nunca fue reparado.

El motivo fue que no era posible conseguir recambios originales, ya que la antigua URSS estaba en descomposición. El “Tiburón” tenía el casco de aluminio, pero los foils eran de acero con formas muy particulares. Debían cambiarse por unas nuevas, pues las antiguas no podían ser reparadas adecuadamente. 

Así era el “HSC Tiburón”

El “HSC Tiburón” era un buque de la clase Kolhida, de fabricación soviética. Construido en 1986 en el astillero S. Ordzhonikidze, Georgia (URSS) y en servicio en distintos puertos españoles desde 1987. Fue uno de los primeros buques de pasaje con hidroalas, y constituyó uno de los primeros intentos de instaurar líneas marítimas de las denominadas “rápidas”. Conseguía una enorme velocidad de crucero, lo que acortaba los trayectos, pero tenía el importante inconveniente de que no podía navegar si la mar estaba levemente encrespada.

Sus características técnicas

El hidrofoil “Tiburón” desplazaba 135 toneladas brutas en un casco de 34,50 metros de eslora y 5,80 de manga. Estaba propulsado por dos motores con una potencia de 2.200 kW sobre ejes independientes. Su velocidad máxima era de 34 nudos.

Así empezó su aventura española

Se entregó el buque en el Mar Negro y hubo que trasportarlo hasta Mallorca navegando con tripulación española, mallorquina para ser más exactos. Su traslado fue una aventura y no faltaron las incidencias y averías.

Una vez en Mallorca, el “Tiburón” unió Palma con Ibiza en una ruta de poco más de dos horas. Podía trasportar a 155 pasajeros, pero no tuvo mucho éxito. Competían con él los aviones pequeños de hélice que hacían la misma ruta en menos tiempo, y por un precio por trayecto similar.

La solución, ante la falta de pasajeros, fue utilizarlo finalmente para la ruta Ibiza-Formentera, donde no hay competencia aérea. En esa ruta, ya en propiedad de la naviera Trasmapi, llegó a batir un record de velocidad que al parecer sigue vigente. Recorrió de la bocana del puerto de Ibiza a la de La Savina, sin contar tiempo de maniobra, sólo 18 minutos.

No fue el primer hidro-foil en España, ya que con anterioridad navegaron tres buques de la clase Kolhida, el Sindibad, el Aladín y el Sherezade, que cubrían la ruta Tánger-Tarifa. Sin embargo, su apuesta por la velocidad fue crucial para que hoy existan ese tipo de ofertas “rápidas”.

Así fue su final

Averiado, degradándose irremisiblemente, estuvo mucho tiempo amarrado en el Dique del Oeste, donde sus armadores ordenaron desmontar y vender sus dos potentes motores MTU. Allí permaneció durante años, pagando los armadores su amarre.

Una noche desapareció. Al parecer, se solicitó autorización para su remolque y traslado a un puerto indeterminado,  donde sería desguazado y vendido al peso, aunque lo cierto es que nadie se interesó nunca por su casco de aluminio de baja calidad.

Nunca llegó a su destino y, según varios conocedores del caso, el “Tiburón” podría reposar en el fondo de la bahía de Palma, seguramente no muy lejos del puerto. Quién sabe.

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