Grayling, un pez que lleva 122 años surcando los mares

El barco del valenciano Rafa Carrió es el más antiguo de los participantes en la Copa del Rey Repsol de Barcos de Época de Mahón

Rafa Carrió, a la izquierda, en el Grayling con el resto de su tripulación. Fotos: Nico Martínez

En la Copa del Rey Repsol de Barcos de Época del Club Marítimo Mahón se disfruta de la belleza y la historia de grandes veleros, muchos de ellos centenarios. Entre todos ellos, en la edición de este año, el barco que lleva más tiempo surcando los mares es el Grayling, botado en Essex, en el Reino Unido en 1900, el año que inauguraba el trepidante siglo XX. Por aquel entonces los automóviles no dejaban de ser una rareza (Henry Ford no comenzó la producción en cadena del Ford T hasta 1908) y a los hermanos Wright les quedaban tres años para emprender aquel corto vuelo de 260 metros en 59 segundos que marcó el nacimiento de la aviación.

El Grayling se ha mantenido durante 122 años impávido ante las sucesivas guerras y revoluciones sociales y tecnológicas. El mundo virtual y las redes sociales se la traen al pairo. Este velero de 13,7 metros de eslora fue diseñado por J.F. Clyne y esta es su primera rareza pues solo se conoce otro diseño a Clyne, un 18 pies que se llamaba Myth. Sin embargo, el propio Clyne era orgulloso propietario de un William Fife II de 66 pies (20 metros), el Thora.

Este barco con nombre de pez, pues un greyling es lo que en castellano se conoce como tímalo, un pez similar a la trucha con una exagerada aleta dorsal, y así se desliza por el agua, como un auténtico pez que, según comentaba en los años 50 su propietario, Ron Winter, ni siquiera deja estela en el mar al navegar.

En este video, Rafa Carrió, el armador (y salvador) del Grayling nos cuenta la historia del barco. 

El Grayling fue construido en los astilleros Stones en Brightlingsea, en Essex. Nació con aparejo de cangreja, pero ya en 1908 lo cambiaron a Bermudian, era la moda entonces. Desde entonces pasó por multitud de dueños y de vicisitudes, incluyendo un abordaje en 1929 por el mercante que unía el Reino Unido con el viejo continente entre las localidades de Harwich, al este de Inglaterra, y Hook, en los Países Bajos. El Grayling salió desarbolado y con la popa maltrecha del desigualado encuentro. El barco estuvo navegando durante la mayor parte de su vida por aquellos mares, entre el Reino Unido y Francia hasta que en 1995 llegó al Mediterráneo.

Rafa Carrió descubrió por casualidad el velero en 2002 cuando yacía varado y sin vida en la Pobla de Farnals, en Valencia. Su dueño era un inglés que, tras vivir un tiempo en el levante español, regresó a su tierra dejando el barco fuera del agua en los años noventa. Carrió se dio cuenta al instante de las posibilidades de aquel velero viejo y agrietado tras años al sol: “me atrajo la línea que tenía, lo que podía hacer el barco, la proa es muy redondeada”.

Por entonces, su actual armador y también salvador no sabía que el barco fuera tan antiguo y le costó mucho localizar al propietario: “Nos costó tres meses conseguir encontrar al dueño que estaba en Inglaterra y cuando al final nos reunimos apareció con un libro que contaba la historia del barco”. Ese libro era "The Run of the Tide: Forty Years of Coastal and Channel Cruising in Wooden Boats", lo había escrito Ron Winter y fue publicado en 1990. El Grayling era uno de sus principales protagonistas pues su historia ocupaba siete capítulos y todos los datos y fotografías que incluía resultaron vitales para afrontar con garantías y la máxima fidelidad el trabajo de restauración del velero. El antiguo propietario del barco les sometió a un auténtico examen para ver si serían los dueños que necesitaba su barco. Afortunadamente, pasaron la prueba.

De no haber sido por Carrió, probablemente el barco estaba condenado a morir, pero él y su equipo fueron capaces de devolverle a la vida tras cinco años de trabajo. Portaba un mástil desproporcionadamente alto de 17 metros y lo cambiaron por uno como el que llevaba en su origen y también le devolvieron el aparejo de cangreja con el que nació. El Grayling volvió a reencontrarse con el mar en 2007 y desde entonces, todos estos años había disfrutado de una vida tranquila de paseo y excursión. Sin embargo, este año se ha acabado la tranquilidad y Carrió ha decidido otorgarle la vibrante oportunidad de competir en regata. No pudo empezar con mejor pie pues fue el mejor en la categoría de Época Cangreja en la última edición de la Regata Puig de Vela Clásica de Barcelona.

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