¡Hombre al agua! ¿Qué hago si un tripulante cae al mar?

Una acción rápida y eficaz resulta vital en emergencias de este tipo que acaban de manera trágica en la mitad de los casos

Salvamento Marítimo participa a menudo en el rescate de náufragos en percances de características muy diversas. Foto: Salvamento Marítimo

La caída accidental al mar de un tripulante es una de las incidencias más peligrosas cuando salimos a navegar. En la mitad de los casos, el accidente acaba de manera trágica. Las maniobras de navegación hacen que estos percances ocurran más habitualmente con barcos de vela que en embarcaciones a motor.

Como siempre, hay que dejarse asesorar por los expertos y acudimos a Salvamento Marítimo en busca de consejos sobre cómo se debe afrontar este accidente marítimo.

La mejor solución para afrontar un percance es conseguir que no ocurra y, desde la experiencia acumulada, Salvamento Marítimo siempre incide en la prevención para evitar caídas al mar. En este caso, es importante desplazarse por la cubierta con precaución y agarrándonos a los elementos de seguridad disponibles. Por cierto, no hay que depositar demasiada confianza, ni demasiado peso en los candeleros. En tu esquela quedaría mal lo de “murió tras decidir miccionar/defecar por la borda”. Tenlo en cuenta antes de que la impriman. La botavara es un elemento con vida propia y traicionera. No la pierdas de vista nunca porque ella estará muy pendiente del menor descuido para darte una desagradable sorpresa.

Toda prevención, en cualquier caso, puede venirse abajo ante un imprevisto. Si se da el caso de la caída accidental de un tripulante al mar, lo primero que debemos hacer es gritar “¡Hombre al agua!”. Es una señal de alerta eficiente y rápida que deja claro en un segundo lo ocurrido y, si los navegantes están bien entrenados, a partir de ese momento, sabrán perfectamente lo que tienen que hacer.

NO PERDER DE VISTA AL NÁUFRAGO

“No hay que perder de vista a la persona en el agua. Una acción práctica y sencilla es que un tripulante se dedique en exclusiva a mantener localizado al náufrago e incluso le señale constantemente con el brazo extendido para indicar el rumbo que debemos tomar”, explica el responsable del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo en Baleares, Miguel Félix Chicón.

Hay que lanzar al agua todos los elementos de salvamento de que dispongamos: aros salvavidas como elemento de ayuda al náufrago, y perchas IOR, botes fumígenos o luces nocturnas, para señalizar la posición del percance pues en el mar resulta imposible fijar referencias sin un punto señalizador. Los dispositivos electrónicos sí que nos permiten localizar con exactitud la posición. Por eso, si disponemos de chart-plotter, debemos pulsar el botón MOB (Man Over Board), que marcará la posición al instante.

En el caso de que vayamos en un barco a motor, por precaución también debemos detener el motor para evitar posibles daños con la hélice a la persona en el agua o que pueda ahogarse al ser remolcado si se queda sumergido enganchado por algún elemento de su indumentaria. Si nos damos cuenta en el instante de la caída al mar “tenemos que meter rápidamente todo el timón a la banda de la caída para evitar que la persona sea aspirada por la corriente de aspiración de las hélices”, detalla Chicón.

Igual de importante que saber qué se debe hacer, es saber qué no se debe hacer. La precipitación puede llevar a un compañero de tripulación a lanzarse al agua para intentar salvar al accidentado sin chaleco o sin estar sujeto al barco por un cabo. Esto multiplicará por dos el problema al tener que rescatar a dos personas en lugar de a una.

A partir de ese momento, debemos maniobrar para intentar recuperar con nuestra embarcación la posición en la que se encuentra el náufrago.

ZIGZAG

En barcos a motor, la maniobra Boutakov sirve para recuperar el punto de caída, aunque habrá que tener en cuenta posibles variaciones por la deriva del náufrago o las corrientes. La maniobra comienza virando 70 grados a la banda por la que se ha producido la caída al agua, en cuanto se estabiliza el rumbo, viramos 180 grados a la banda contraria, estabilizamos de nuevo y avanzamos. A partir de ahí, navegamos en zigzag sobre ese rumbo intentando localizar los objetos de señalización o de salvamento. Es relevante tener en cuenta que el viento desplazará más esos objetos que al náufrago, así que deberíamos centrar nuestra mirada a barlovento de las referencias visuales.

En el caso de hombre al agua en un velero, debemos virar y aproarnos al viento hasta ponernos a la capa. La embarcación derivará entonces sola hacia la posición en la que se produjo la caída. En caso de que el percance hubiera ocurrido durante una empopada, la maniobra a vela resulta más complicada, así que lo más correcto sería arriar las velas y arrancar el motor para regresar a la zona.

Ha habido suerte y hemos llegado hasta la posición en que se encuentra nuestro náufrago. ¿Y ahora, qué? No suele resultar fácil conseguir que vuelva a bordo, sobre todo si hay mal tiempo. El accidentado muy probablemente estará aturdido o fatigado  y sus fuerzas no le permitirán subir a bordo por sus propios medios. En cuanto sea posible, debemos sujetarlo con un cabo, antes de intentar izarlo. Si no somos capaces de ninguna otra manera, acudiremos al bote auxiliar o la balsa salvavidas si fuera necesario para ponerle a salvo.

¿Y SÍ EL NÁUFRAGO SOY YO?

Hemos repartido consejos e instrucciones para los que siguen a bordo, pero es importante también que nosotros sepamos qué debemos hacer si nos hemos convertido involuntariamente en el náufrago de esta historia. Probablemente lo más importante es no perder la calma y no gastar nuestras fuerzas de manera inútil por ejemplo intentando nadar en pos de una motora que, no hace falta decirlo, va mucho más rápido que nosotros. Es vital guardar nuestro aliento y nuestros músculos para el momento necesario. Si hay algún elemento flotante al que agarrarse, no despreciemos esa útil compañía. Lo mejor es colocarnos en posición fetal para retrasar la hipotermia, intentar no perder de vista nuestra embarcación y, dentro de lo posible, hacer señales para facilitar nuestra localización.

Un simple cabo bien anclado puede facilitar al náufrago regresar a bordo tras caer al mar.

Por último, Salvamento Marítimo siempre se ocupa de ayudarnos; ocupémonos también nosotros de colaborar con ellos. Si hemos dado aviso del accidente pero conseguimos solventar el percance por nuestra cuenta, con nuestro tripulante ya a salvo a bordo, una vez recuperado el aliento, no olvidemos avisar a la central marítima de emergencias para que desmovilice los medios desplegados y evitarles un esfuerzo innecesario.

Podemos encontrar más detalles sobre la actuación en caso de emergencia marítima en la web de Salvamento Marítimo.

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