OPINION

LA TRIBUNA DE LA MAR

MIGUEL FÉLIX CHICÓN RODRÍGUEZ


 

Por qué al nordeste lo llamamos Gregal

Tenemos que considerar su origen latino y situarnos en un punto imaginario central del Mare Nostrum: es el viento que sopla desde Grecia

Al pasear por la Acrópolis Ateniense, si se acierta a pasar por el ágora, puede que nos encontremos con la Torre de los Vientos, peculiar monumento, no demasiado espectacular, de doce metros de altura y ocho de diámetro. Se trata de un horogolion o reloj (de sol y de agua), construido en el siglo I a.C. Es una torre de planta octogonal coronada por una veleta, cuyas caras están orientadas a los ocho vientos principales según los helenos. En la parte superior de cada una de esas caras se pueden ver los relieves de los ocho dioses que daban su nombre a esos vientos. Son los Anemoi, palabra de donde derivan los nombres que damos a los instrumentos utilizados para medir los vientos, los anemómetros, anemógrafos y demás.  


Uno de los principales Anemoi es Bóreas, el viento del norte del que ya hablamos. A su lado, en la cara que mira al nordeste, se aprecia la figura de un anciano alado, con barba, en cuyo escudo almacena granizo. Es Kaekias, Caecius en latín, uno de los cuatro dioses menores, llamados por los helenos Anemoi Thuellai (vientos de tempestad), demonios malvados y violentos creados por el monstruoso Tifón, que identifican a los vientos ordinales y que, en aquellos tiempos, Eolo guardaba en sus establos. Los otros cuatro son los Anemoi celestiales, los vientos cardinales, que no permanecían encerrados. 



Pero esto es lo que los helenos representan en la Acrópolis de Atenas. ¿Tiene algo que ver todo ello con el Gregal? Si analizamos algo más en profundidad el Atlas de los Cresques vemos que, para dar nombre a los vientos, tal y como están recogidos en la Rosa, tenemos que considerar su origen latino y situarnos en un punto imaginario central del Mare Nostrum que podríamos ubicar entre Sicilia y Creta. Con esta perspectiva, el viento del nordeste sopla desde una zona continental que coincide con la región donde vivía una de las tribus helenas. Se trata, concretamente, de la tribu descendiente del hijo de Zeus y Pandora, pero no la Pandora de la caja, sino su nieta. El nombre que Zeus y Pandora tuvieron a bien ponerle a su hijo fue el de Greco, Graecus, que es el vocablo con el cual los romanos nombran al viento del nordeste y que, por ende, da origen a todas las palabras con las que todos identifican a Grecia y a los naturales de ese país, los griegos. Todos menos ellos mismos, curiosamente, que son naturales de Hellas y cuyo origen no es solo de Graecus, sino de varias tribus descendientes de la prole que Zeus fue dejando en sus andaduras y dispersos por todo el territorio heleno. Y del vocablo greco deriva la palabra Gregal tal y como la conocemos nosotros y con la que conocemos el viento del nordeste, el que sopla desde Grecia.  



Algunas publicaciones señalan que el nombre de Gregal se debe a que es un viento favorable para navegar hacia Grecia. Probablemente no se haya pensado en la dificultad que cualquier embarcación que navegue a vela encuentra al tener el viento de proa, viéndose obligada a navegar de bolina para poder dar rumbo hacia el nordeste, proa al Gregal. Y más aún para las naves de la época, que estaban propulsadas a remo y, en todo caso, disponían de velas cuadras, velas propicias para navegar con vientos portantes, pero no para navegar en ceñida, máxime si Kaekias se enfadaba de veras y arrojaba granizo desde su escudo. Basta recordar el tremendo temporal de Gregal que azotó las Baleares en noviembre de 2001 durante varios días y que arrasó miles de árboles y varias instalaciones portuarias del norte de Mallorca.  



Estamos en medio de un fuerte y largo temporal, pero a pesar de lo duro que este pueda ser, acabará por amainar. Intentemos capearlo lo mejor posible para sufrir pocas averías y coger arrancada de nuevo. 


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