CRISIS EN LA RFEV

Julia Casanueva destituye a Chimo González Devesa tras negarse éste a dimitir

La presidenta le exigió su renuncia y él le afeó que pretenda arrogarse en solitario los éxitos de la vela española. La máxima dirigente de la RFEV ha liquidado a dos vicepresidentes, dos directores técnicos, un gerente y tres asesores de comunicación en menos de cuatro años.
Julio González

La presidenta de la Real Federación Española de Vela (RFEV), Julia Casanueva, ha conseguido liquidar a todo el equipo que la ayudó a ganar las elecciones de 2016, salvo al presidente de la federación catalana, Xavi Torres. En unos casos Casanueva ha presionado y hostigado a sus colaboradores para que presenten su dimisión alegando que ya no confía en ellos; en otros, cuando éstos se han resistido, los ha destituido de manera fulminante y sin extenderse en la razones más allá de la “falta de confianza”.


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El último en caer, tras la reciente dimisión de Javier Sanz como vicepresidente económico, ha sido Chimo González Devesa, vicepresidente deportivo y actual presidente de la Federación Balear de Vela, bajo cuya gestión la flota regional de este deporte ha alcanzado los mejores registros de podios nacionales e internacionales de la historia.



Sanz, unánimemente reconocido (incluso por la propia Casanueva) como el artífice del saneamiento de la Real Federación Española de Vela, se fue alegando que había perdido “la ilusión”, lo que en el mundillo de la vela fue interpretado como un eufemismo de su hartazgo por los vaivenes y el autoritarismo con el que se desenvuelve la presidenta.



González Devesa fue invitado a renunciar a su cargo sin ninguna explicación, pero se negó en redondo. En una carta dirigida a la presidenta y al resto de integrantes de la Junta Directiva escribió: “Soy una persona con un elevado sentido del deber y del honor, y no te quepa duda de que dimitiría si hubiera una sola causa que la justificara. Esa misma responsabilidad es la que me lleva a no abandonar jamás aquello que he empezado”.



En esta misma misiva, a cuyo contenido ha tenido acceso Gaceta Náutica, el ya ex vicepresidente niega la existencia de desavenencias insalvables con la presidenta y deja entrever que Casanueva pretende apropiarse de los éxitos de la gestión de la RFEV. En un párrafo particularmente duro, Devesa afirma: “No creo que entre tú y yo exista ninguna desavenencia. No hemos tenido ningún problema importante, más allá de que podamos –como ocurre en todas las organizaciones– haber diferido en alguna opinión. Me pides que me marche voluntariamente por tu ‘falta de confianza’, y, créeme, por mucho que pienso en ello, no sé a qué la atribuyes. He sido siempre leal contigo, y te he asesorado con mi mejor ánimo y conocimiento por el bien de la RFEV. No entiendo por qué me pides que, precisamente ahora, cuando estamos a cinco meses de los JJOO, me vaya. La única respuesta que se me ocurre es que quieras arrogarte la totalidad del trabajo que hemos realizado los directivos de la federación de manera colegiada”.



El máximo dirigente de la vela balear, tras detallar su labor al frente de la vela juvenil y olímpica, acusa a Julia Casanueva de haberse convertido justo en aquello que dijo que combatiría en la federación: “Permíteme, para terminar, que te recuerde que vinimos a la RFEV para evitar personalismos y conductas autoritarias. Ese tiempo en que los presidentes quitaban y ponían a personas en función de sus intereses particulares forman parte del pasado y de la historia más negra de esta federación. En el caso de que decidieras dimitirme, dado que como te he expuesto no pienso hacerlo, la decisión debería ser adoptada en una reunión de la directiva donde cada uno pueda defender sus legítimos argumentos. Si la junta decide retirarme su confianza, me iré sin más”.  



Sin embargo, Casanueva, en virtud de sus facultades como presidenta, tomó la decisión de destituir a Chimo de manera unilateral y sin consultarlo con el resto de miembros de la junta, entre los que ya se empieza a comentar con humor negro cuál de ellos será el siguiente en ser defenestrado. Uno de los supervivientes ha manifestado a Gaceta Náutica: “A este ritmo sólo se quedará con Xavi Torres, el único que le baila el agua y con el que ya ha empezado a organizar la candidatura para las próximas elecciones”.



La carta de destitución de Chimo González-Devesa enviada por Casanueva tiene seis líneas y remite a una supuesta “larga conversación de la semana pasada”. Apelando a esa charla, la presidenta de la RFEV comunica al vicepresidente que “la federación debe afrontar los importantes retos de este año olímpico con las máximas garantías y unidad de criterio en el seno de la junta directiva”. “Por ello –añade– me veo en la obligación de revocar tu nombramiento como vicepresidente deportivo, agradeciendo de antemano todo el esfuerzo y el trabajo que a esta federación has dedicado”. Con estas breves palabras zanja una relación de cuatro años con una de las personas que la aupó a la presidencia.



Desde su llegada al poder, Julia Casanueva se ha deshecho de sus principales colaboradores, que en privado reconocen haberse equivocado de persona en su apuesta para cambiar el rumbo marcado por la federación en las etapas de Gerardo Pombo y José Angel Rodríguez. “Los hará buenos”, admiten ahora.



A las primeras de cambio dejó claro cuál sería el talante de su presidencia al despedir de manera fulminante y “malos modos” a Jane Abascal, leyenda de la vela española, como director técnico de la Real Federación Española de Vela. Incluso quienes consideraban necesario ese cambio censuraron las maneras de Julia. La recisión del contrato laboral fue declarada improcedente y la RFEV tuvo que negociar un acuerdo con Abascal por un importe de 100.000 euros. Fue el primero de una larga lista en la que nunca pensaron que iban a estar varios de los caídos, a los que Julia recurría en busca de consejo: “Si le dabas la razón, le iba bien; si no, entrabas en la lista negra”, recuerda hoy uno de los asesores de la campaña de 2016, que terminó yéndose de la federación “harto de ninguneos e intrigas”.



Muchos pesos pesados de la vela que creyeron en el proyecto liderado por Casanueva se fueron pronto y sin hacer ruido. No les gustaba lo que veían y no querían quemarse. Es el caso de los campeones olímpicos José María van del Ploeg, Paul Depoorter y Josele Abascal, que de un día para otro desaparecieron del comité técnico y fueron relevados por Ferrán Muniesa (también dimitido) y Kiko Igual.



El punto de inflexión en la legislatura de Casanueva se produjo en el mes de julio de 2019, cuando, sin encomendarse a nadie, se cargó a Asier Fernández como director del equipo olímpico español para colocar en su lugar a su amigo personal Santiago López Vázquez. Nadie entendió que a menos de un año de los JJOO se cortara la cabeza del seleccionador nacional, y aún menos que nadie de la junta directiva protestara públicamente por la falta de comunicación de Casanueva. Sí hubo quejas off the record, como la de un miembro de la junta que reconocía el excelente trabajo de Asier “a 20 años vista para mejorar la gestión deportiva de la vela en España”. Pero la verdad es que nadie dio la cara por el seleccionador, que a los pocos días ya tenía trabajo en el equipo olímpico suizo y tuvo la elegancia de no agitar el avispero en el que ya se había convertido la Real Federación Española de Vela. Tampoco lo hicieron Pedro Cebrián, ex gerente, y Jorge Angúlo, responsable de logística.



Su gestión de la comunicación ha sido también una travesía llena de desconcertantes idas y venidas. En cuatro años, la RFEV ha tenido tres jefes de prensa, dos de los cuales se fueron dando un portazo, al no estar dispuestos a pasar por “ciertas cosas” (como publicar falsamente en la web oficial que Casanueva había sido campeona del mundo de J80), y una asesora que decidió dar un vuelco copernicano a la política de comunicación, gastó un dineral en viajes improductivos, cabreó a los deportistas con extraños mensajes de WhatsApp, y terminó desapareciendo del staff como por arte de magia. Un día estaba y al siguiente no respondía al correo.



Chimo González Devesa y Javier Sanz han sido las dos bajas más notorias, pero, vista la situación con perspectiva, no son más que dos nombres de una larga lista de personas liquidadas. No es frecuente que un presidente de un organismo financiado con fondos públicos consiga deshacerse en una semana de sus dos principales vicepresidentes sin dar ninguna explicación, lo que ha hecho que el Comité Olímpico Español (COE) y el Consejo Superior de Deportes (CSD), habitualmente poco preocupados por lo que pasa en un deporte de minorías como la vela, estén con la mosca detrás de la oreja. 


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