A CONTRACORRIENTE

La última chorrada de la Generalitat: el inexistente Mar Catalán

El Institut Nova Historia (INH) financiado por el gobierno catalán es una fábrica de ficción histórica. Su última ocurrencia: convertir el Mar Balear, cuyos límites fijaron los romanos, en el el Mar Catalán. Y se quedan tan anchos.
PEPE QUIROGA

Es sabido que la apropiación que hace Cataluña de personajes que no han sido nunca catalanes y de territorios que tampoco lo fueron está causando hilaridad en los ambientes académicos medianamente serios. Y que en vez de cansarse de escuchar y leer sandeces, mucha gente se lo pasa en grande comentando las últimas burradas patrocinadas y difundidas por el Instituto Nova Historia (INH), financiado, por inverosímil que parezca, por la propia Generalitat de Catalunya. Pero la cosa, a pesar de ser estrambótica, en Cataluña se la toman en serio y sigue alimentada por la Assemblea Nacional Catalana y el Parlament de Catalunya.


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Ahora, atención, también reclaman que se llame Mar Català a todo el área del Mediterráneo occidental situada entre la costa este de la península Ibérica y las Islas Baleares, una superficie aproximada de 74.000 kilómetros cuadrados cuya “frontera” norte en línea recta está delimitada desde la costa de Perpiñán hasta el cabo Favaritx en el noreste de Menorca y el límite sur desde este cabo menorquín hasta el Mar Menor, incluyendo en su interior las costas y los canales de las islas de Menorca, Mallorca e Ibiza. O sea ignorando la milenaria denominación histórica del Balearicum mare con el que los romanos denominaban a toda esta zona marítima. Y esto ya no es una broma.



Vamos a ver. Fue un inglés, WH Smyth, quien citó en 1884 por primera vez Mar Catalán a la banda marina situada estrictamente frente a las actuales costas catalanas. Hasta entonces, nada de nada. En 1908 una expedición oceanográfica danesa también se hizo eco de esta denominación, pero limitada a la misma franja marina. Y no es hasta mediados del siglo XX que cartógrafos franceses definen los límites de este Mar Catalán, pero, atención, incluyéndolos como parte del Mar Balear. De ahí que la voz de catalán a esa región marina se popularizara, pero nunca dentro del ámbito científico. Basta ver los listados enciclopédicos de los 66 mares que existen en el mundo para comprobar que en el Mar Mediterráneo Occidental solo se incluye a cinco mares y entre ellos no está el Mar Catalán pero sí el Mar Balear. Los otros son: Estrecho de Gibraltar, Mar de Alborán, Mar Ligur y Mar Tirreno. Pero Ni rastro de un supuesto Mar Catalán que abarcaría -¡oh, qué casualidad!- las costas marinas de los pretendidos Països Catalans. O sea, de Catalunya Nord, Catalunya, Illes Balears y País Valencià.



El caradurismo político catalanista ya nos comienza  a molestar un poco. Estos imaginativos catalanes ya no tratan de sorprendernos culturalmente, sino que empiezan a tratarnos como idiotas. A ver si me entienden. A mí me da igual que Cataluña se jacte de que Colón era catalán y se llamaba Joan Colom i Bertrán. E incluso me divierte que diga que fue antepasado directo de Artur Más. Al fin y al cabo también presumen de su origen otros quince territorios más de Italia (Génova), Portugal, Suiza (Ginebra), Inglaterra, Francia, Grecia (Isla de Quíos), Córcega (Calvi), Prusia (Dantzig), Noruega, País Vasco (Soraluze), Galicia (Pontevedra), Extremadura (Santa María), Castilla (Arjona), Ibiza y Mallorca (Portocolom). Todos estos lugares con argumentos tan extravagantes como el catalán. Me carcajeo cuando Cataluña incluso afirma que Erasmo de Rotterdam, ni se llamaba Erasmo ni era de Rotterdam, sino que su auténtico nombre era Ferran y era el segundo hijo de Cristobal Colón. Y me parto cuando igualmente  afirma que Juan Sebastián Elcano era el almirante Joan Ramon Folc de Cardona. Pero no acepto que me roben el Mar Balear. Por cierto, y para terminar, no sé si están enterados, pero el nuevo culebrón histórico también tiene su lado bueno: Aragón reclama su histórica salida al mar en Salou, y por ello pide la devolución “por Derecho e Historia” de Lérida y Tortosa. Con sus bromas históricas los catalanes finalmente han encontrado la horma de su zapato. 


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