PUERTOS

OPINIÓN | CÓDIGO AZUL

La gran mentira del Molinar

La APB ya habla sin reparos de abrir un concurso público para la gestión del Port Petit. Ello supondría la desaparición del club marítimo que está allí desde hace 100 años, mucho antes de que el barrio se transformara en el más hipster de Palma
JOSÉ LUIS MIRÓ

Desde el primer momento supe que el proyecto de la Autoridad Portuaria de Baleares (APB) para el Molinar tenía trampa. Y fue así porque quienes nos dedicamos a la información portuaria sabemos perfectamente que una administración no puede asumir la realización de una obra y luego otorgarle la concesión, sin más, a una entidad; da igual si ésta es una empresa o un club náutico sin ánimo de lucro.



Vender a los socios del Club Marítimo del Molinar que el puerto seguiría siendo “suyo” fue una burda mendacidad que apenas ha necesitado el transcurso de un año para hacerse patente.



La realidad es que el ‘Port Petit’ asumido de manera temeraria por la APB tras el cambio de gobierno no es una solución ni portuaria ni social; se trata de una chapuza cuyo objetivo principal no es otro que contentar a la plataforma ciudadana que se opuso a la ampliación de las instalaciones y, por extensión, a los partidos políticos que le dieron soporte, que son los que están en el gobierno y reparten los cargos de libre designación.



En ningún caso, como se aseguró hace un año, el proyecto oficial de la APB garantiza la supervivencia  del Club Marítimo Molinar de Levante, entidad centenaria (la más antigua de la náutica balear) cuyos fundadores y sucesivos herederos estaban allí mucho antes de que el barrio se convirtiera en el más hipster, caro y exclusivo de la ciudad de Palma, y que ahora se enfrenta a la poco halagüeña disyuntiva de aceptar las condiciones leoninas que le impone la Autoridad Portuaria de Baleares para  concurrir a un trámite de competencia de proyectos (un mal sucedáneo de concurso) o, como ha ya nos ha hecho saber el propio organismo portuario en su última nota de prensa, a un “concurso abierto”; es decir, a una mera subasta donde la gestión del ‘Port Petit’ podría perfectamente recaer en manos de cualquier empresa. 



Sería para nota en un certamen mundial de caradurismo que quienes se quejan de la gentrificación del barrio acabaran siendo los enterradores de su entidad más señera y los promotores de un chill out con unos cuantos barcos amarrados a modo de atrezzo.



La opción del llamado “trámite de competencia de proyectos”, como su propio nombre indica, permite la concurrencia de otras entidades. Aun cuando las bases pueden circunscribirla a organizaciones con un determinado objeto social (como por ejemplo el fomento de la actividad náutica), en ningún caso se permite que estén dirigidas a un solo oferente.



El Tribunal Superior de Justicia de Baleares (TSJB) ha dejado claro tras analizar el caso del Club Náutico de Ibiza que no se puede considerar el “arraigo” como un criterio de exclusión y que las entidades mercantiles tienen el mismo derecho que cualquier asociación a solicitar estas concesiones en el espacio público portuario. Esta jurisprudencia deja la figura de la “competencia de proyectos”, creada como un mecanismo legal de defensa de la náutica social representada en España por los clubes náuticos, prácticamente en la misma posición que un concurso convencional. Papel mojado.



La otra alternativa, de la que la APB ya habla sin pudor, es un concurso sin limitaciones al que, como es lógico, no podría presentarse con un mínimo de opciones de victoria un club como el Marítimo del Molinar, cuya precaria situación económica, derivada del rechazo a su proyecto de ampliación, ha supuesto la cancelación temporal de su programa deportivo. 



Los equipos de regatas de base cesaron su actividad hace más de un año ante la imposibilidad del club de afrontar el gasto de los sueldos de los monitores y las embarcaciones auxiliares, un asunto que no interesó ni a la plataforma Port Petit ni a la totalidad de medios de comunicación, salvo Gaceta Náutica.



Visto el escaso recorrido que ofrecen ambas sendas, queda más que acreditada la mentira sobre la que se sustenta el proyecto del ‘Port Petit’ en cuanto a la continuidad del Club Marítimo. Pero no es la única trola. Las obras que ha previsto la APB son un simple remedo de cara a la galería que, según sostienen todos los técnicos no alineados con la reforma a los que hemos tenido ocasión de consultar desde esta publicación, no evitarán que el Molinar se inunde cada vez que se registre un  temporal de componente sur, típico del otoño en Mallorca.  



Esto será así porque el proyecto constructivo no contempla medida alguna para frenar el rebase de las olas contra el muelle principal y porque el famoso dique sumergido de 57 metros de eslora por 12 de manga (que la APB hará sin calibrar su impacto ambiental, amparándose en la norma que exime de este trámite a las administraciones públicas)  apenas reducirá en 10 centímetros el oleaje interior del puerto, de acuerdo con los cálculos más optimistas.  



El Molinar, en definitiva, será el primer puerto construido en España en el que la seguridad de los barcos representa una cuestión secundaria; el paradigma del oportunismo político frente a la tozudez de los hechos y las leyes, incluidas las de la física.