PUERTOS

CONTRABANDO

Máximo control en los puertos deportivos por el repunte del narcotráfico en Baleares

En menos de un año se han incautado los mayores alijos de la historia a bordo de barcos de recreo que se dirigían a las Islas
JOSÉ LUIS MIRÓ

Baleares ha conseguido batir en menos de un año tres récords históricos de incautación de droga. El primer «mayor alijo», de 336 kilos de cocaína, fue interceptado entre Mallorca e Ibiza el 20 de agosto del año pasado por el Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA) a bordo HBC-X, un yate a motor de 28 metros.


Skipper Sailing

La embarcación, con bandera de Gibraltar y que actualmente se encuentra amarrada en el puerto de Palma a la espera de lo que la Justicia decida hacer con ella, había tenido su base en Port Adriano, donde pudo pasar desapercibida. Hasta este decomiso, nunca antes se había aprehendido en Baleares una cantidad tan elevada de cocaína. Pero el hito fue superado con creces el pasado 20 de mayo, cuando la Guardia Civil abordó frente a la costa de Málaga un velero de 13 metros llamado Kayros, propiedad de un ciudadano lituano, que se dirigía a Ibiza procedente de Sudamérica con 600 kilos de la misma sustancia. Apenas ocho días antes, el SVA conseguía realizar su mayor operación contra el tráfico de hachís en las Islas al detener otro velero (previamente alquilado) con cinco toneladas de esta sustancia a 140 millas al sur de Mallorca.



A estas tres acciones policiales hay que añadir las numerosas incautaciones de cocaína y hachís llevadas a cabo en tierra en los últimos dos años, las cuales ponen de manifiesto la intensificación del narcotráfico en Baleares, un fenómeno que afecta de pleno a la sector de la náutica de recreo y que se ha traducido en un incremento de la vigilancia policial en los puertos deportivos.



«Las empresas de chárter y las marinas son susceptibles de ser utilizadas por las redes que controlan este negocio en el Mediterráneo. Los grandes alijos llegan por mar a bordo de barcos privados y luego se destinan al mercado interior balear (cuya demanda es «gigantesca» en temporada alta) o a otros puntos de Europa. Las Islas son al mismo tiempo un mercado y una plataforma estratégica de distribución», explica a Gaceta Náutica una fuente de la Guardia Civil.



El director de un puerto deportivo de Palma confirma que, efectivamente, desde hace al menos dos años los controles sobre el tráfico marítimo de embarcaciones de recreo son «muy fuertes». Las marinas y clubes náuticos están obligados a informar a la Policía Nacional, la Guardia Civil y el Servicio de Aduanas de cualquier movimiento (salida o entrada de embarcaciones) que se produzca en el puerto. «Se han puesto muy duros también con el control de las tripulaciones y ahora nos exigen entregar fotocopias de los pasaportes de las personas que van a bordo de los barcos en tránsito. En ocasiones realizan controles aleatorios y sabemos que hacen vigilancias en el puerto, aunque no nos avisan de estos operativos», explica este directivo.



Las empresas de chárter, por su parte, aplauden el aumento de la vigilancia sobre sus flotas, ya que, según se ha podido corroborar en uno de los últimos casos (el de las cinco toneladas de hachís) y se ha sospechado en varias ocasiones en que las embarcaciones han sido devueltas con mucho retraso, las redes de narcotráfico utilizan barcos alquilados para hacer los transportes.



José María Jiménez, dueño de la empresa Latitud Cero y presidente de la patronal balear de chárter náutico, admite que las últimas noticias de desapariciones temporales de barcos y de aprehensiones han provocado una cierta psicosis. «Hace poco tuvimos una petición de cuatro personas para alquilar un barco en el que cabían diez y ya empezamos a pensar que había algo raro. Luego no pasó nada, pero el miedo a perder el barco lo tienes siempre encima», asegura este empresario, quien ha llegado a encontrar instalado en uno de sus veleros un sofisticado sistema de señales de luces que no llevaba de serie. «¿Qué sentido tiene que un cliente monte este equipo si no es para contactar con otro barco en alta mar?», se pregunta Jiménez, convencido de que su velero fue utilizado para alguna actividad que «nada tenía que ver con el ocio ni pasar unas vacaciones en el mar».