MEDIO AMBIENTE

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Campo de boyas de Cala Blava: la polémica que no cesa

Usuarios denuncian el transporte de turistas al hotel Cap Rocat con la lancha del concesionario y cambios sin aviso en las condiciones de la zona regulada
J. L. Miró

Tres usuarios del campo de boyas de Cala Blava, situado en el extremo oriental de la Bahía de Palma, han denunciado en los últimos días a Gaceta Náutica presuntas irregularidades en la gestión de este popular fondeadero, dependiente del Govern balear en su calidad de zona LIC (Lugar de Interés Comunitario) y cuya  concesión está a cargo de la empresa Centro Balear de Biología Aplicada (CBBA). 


Sa Ràpita

Dos de las quejas de los navegantes, que han contactado directamente con este periódico en fechas distintas y sin que exista relación entre ellos, señalan que el encargado del cobro y vigilancia de la zona realiza transportes de personas desde embarcaciones que se encuentran amarradas a las boyas hasta la playa de Es Caló  o el hotel Cap Rocat, ubicado en las proximidades del polígono de fondeo. Estos traslados se realizan a bordo de la neumática de la concesionaria, según la versión de ambos usuarios y varias fotografías aportadas. 

Joan Gomila Campins, un mecánico naval cuyo barco tiene su base en el Club Nàutic S’Arenal, explica que en una de las boyas «duerme» una lancha gris con un letrero que pone rent me y asegura que el encargado le ha negado el amarre en varias ocasiones alegando que los fondeos regulados estaban «reservados». En las imágenes enviadas por este navegante se ve cómo la lancha de la concesionaria transporta a un grupo de cinco turistas (tres mujeres y dos hombres). En otra secuencia fotográfica se aprecia la recogida de dos personas a bordo de la citada lancha gris y su posterior transporte en la neumática del cobrador de las boyas.

El servicio de transfer del empleado de CBBA también ha sido contemplado por el instructor de navegación Francisco Cañas, quien además revela la aparición misteriosa de una boya fuera del perímetro del fondeadero y sobre una gran extensión de arena.

Según este testigo, el encargado le reconoció que esta boya no pertenecía a la zona regulada y que no sabía quien la había puesto. Aun así le emplazó a no amarrarse a ella: «Cuando venga el dueño, te echará». La Ley de Costas es clara: el hecho de instalar un muerto y su correspondiente boya no conlleva ni propiedad ni exclusividad de uso. La boya en cuestión, por tanto, no tiene «dueño», salvo que forme parte de la zona regulada.

Cañas decidió largar el ancla junto a esta boya. Al rato y vio cómo una embarcación «tipo escandinavo» se dirigía hacia su posición. «Al comprobar que no podía amarrarse porque estábamos fondeados nosotros, los tripulantes se mostraron contrariados y se pusieron a hacernos fotos. Contactaron con el encargado, que les consiguió una boya dentro del área regulada haciendo que se moviera otro barco, no sé con qué pretexto, y empezó a hacer portes desde este barco al hotel Cap Rocat. Al cabo de un rato –añade el instructor, que se encontraba con varios alumnos– llegó otro barco de chárter y ocurrió lo mismo. Se dirigieron a nuestra posición, donde está la boya, pero el vigilante fue a su encuentro y les consiguió un fondeo en el interior de la zona regulada. Y otra vez se puso a trasladar gente al hotel. Una tercera lancha con matrícula sueca se nos acercó y vimos que estaban extrañados por nuestra presencia. Antes de irse, la primera lancha  pasó rozando nuestro barco en lo que pensé pretendía ser una especie de advertencia».

Cañas, con una larga trayectoria profesional como navegante e instructor, prueba su testimonio con un vídeo en el que se ve con toda claridad cómo el encargado del fondeadero transporta a un grupo de turistas y los desembarca en la zona del chill out del hotel Cap Rocat, a la que se accede a través de una escalera situada en el acantilado.

La tercera queja llega a la redacción de Gaceta Náutica de parte de un usuario llamado Tomeu Castañer, quien denuncia que este año ya no ha podido hacer uso del «bono baño» que contrató la temporada pasada ­porque, «sin avisar», la empresa concesionaria ha fijado las dos de la tarde como hora límite. «En el bono pone que tengo derecho a estar fondeado cuatro horas y no hay ninguna referencia al horario. Sin embargo, el encargado me obligó pagar los 29,38 euros que cuesta una boya diaria. Luego –agrega Castañer– me instó a consultar la nueva normativa en la página lifeposidonia.eu y mi sorpresa fue que la legislación que regula el fondeadero es de los años 2007 y 2011». O sea, que nada ha cambiado desde el año pasado. 



«Hacemos transportes cuando hay poco trabajo»



La concesionaria de los campos de boyas regulados de Baleares, Centro Balear de Biología Asociada (CBBA), admite que en algunos fondeaderos donde hay poco trabajo se realizan transportes a tierra de los usuarios a modo de favor y sin cobrar por el servicio. Francisco Mir, responsable de esta empresa, niega que en el caso de Cala Blava los traslados, que están «autorizados», se hayan hecho desde una boya ajena a la concesión, como parece inferirse del testimonio a Gaceta Náutica de uno de los denunciantes.

Mir afirma que el campo de Cala Blava (formado por 24 boyas, entre fondeos ecológicos y muertos de hormigón) es «deficitario» y uno de los más conflictivos, ya que es «una zona frecuentada por mallorquines que lo han podido usar toda la vida sin tener que pagar y es comprensible que algunos no estén acostumbrados a la regulación».  Con todo, lamenta que algunos usuarios «falten al respeto» al encargado del cobro de las boyas, al que, denuncia, han llegado a tirar un plátano a la cara.

Según este concesionario, la normativa de 2005 impide fondear dentro del perímetro del área regulada «aunque haya arena». Según publicó en su día Gaceta Náutica, la Conselleria autorizó el uso permanente de las boyas de las zonas LIC, a modo de puerto flotante, y no se hace responsable si el viento arrecia por encima de los 10 nudos, lo que viene a ser un Embat flojo en la Bahía de Palma.