Premios Timón 2019

PREMIO BRÚJULA

El hombre que se a iba a tomar el café a Brasil

Xisco Estarellas, ganador del Premio Brújula en reconocimiento a su trayectoria, simboliza la pasión por la mar y la audacia de los pioneros de la náutica balear
JOSÉ LUIS MIRÓ

Cuando estaba dando mis primeros pasos en el periodismo náutico, a finales de los años 90, me dijeron que para saber de qué iba la cosa tenía que entrevistar al Capitán Tormenta. También me dijeron que me tomara la tarde libre, porque el encuentro sería largo. «Cuando arranca a hablar, no hay quien lo pare», me advirtieron. Las dos cosas resultaron ser ciertas.



Circulaban muchas historias sobre Xisco Estarellas (Palma, 1939), algunas de las cuales me resultaban inverosímiles. Se decía de él que podía levantarse una mañana y decidir que le apetecía tomar un café en Brasil. Y zarpar. O que el mal tiempo jamás le arredraba. Me habían prevenido también sobre su carácter en ocasiones explosivo, aunque la verdad es que jamás le he visto un mal gesto o una mala palabra.



La cuestión es que aquel primer encuentro, en el que Xisco desplegó todo su repertorio de anécdotas, no sólo dio para una magnífica entrevista (que, por cierto, no sé dónde está) sino que sentó las bases de un mutuo aprecio que con los años se ha transformado en amistad.



Xisco merece el premio Brújula a la trayectoria que concede GACETA NÁUTICA por muchas razones, pero si tuviera que resumirlas en una sería «por ser Xisco», un personaje único e irrepetible, genio y figura, un pionero que abrió rutas nunca antes exploradas por navegantes de recreo a bordo de embarcaciones con las que muchos que hoy se consideran grandes marinos no se atreverían a cruzar de Mallorca a Ibiza. Xisco, como Pepe Estela, como Pep Tomás o como Quico Llompart (otra leyenda vida), navegaban con instrumentos que están en los museos marítimos. Sin todos ellos, sin su amor absoluto por la mar y sin su audacia, ni la vela ni la náutica balear serían lo que son.



El currículo marinero de Xisco acumula nueve cruces del Atlántico y una vuelta al mundo. Su última gran travesía le llevó por Grecia y Turquía, de eso hace ya seis años: «Se puede decir que yo viví hasta los 75 años, porque después empezaron los problemas de salud y tuve que parar. En cada operación quirúrgica, mis hijos (uno es capitán y otro piloto, ambos de la Marina Mercante) me hacían barquitos de papel y me los ponían en la habitación… ¡Navegar, qué gran placer!».



El hecho de vincular vida a navegación (como en la célebre frase de Plutarco) nos da la medida de lo que la mar ha significado para Xisco Estarellas, que heredó de su padre, fallecido cuando él tenía 21 años, su afición por la vela.



A la mar, asegura, hay que tenerle «un gran respeto, porque te puede dar un disgusto en cualquier momento». «Mis miedos –añade– siempre fueron tener averías y no poder devolver a tierra a alguno de mis tripulantes. ¿Cómo podría presentarme yo en el puerto y decir, por ejemplo, que algún amigo no ha regresado? Por eso siempre sido muy riguroso con la seguridad a bordo».



Hablar de Xisco Estarellas es hacerlo, por su puesto, de su barco, el Sirah, un velero de dos mástiles de 38 pies con el que ha recorrido «incontables millas» por todos los mares del mundo. «Es un barco precioso al que ahora no puedo acceder sin ayuda debido a mis achaques», se lamenta, antes de pronunciar una de sus frases favoritas –«me gustaría ser recordado como un hombre que vio cumplidas sus ilusiones y que se fue del barco a la tumba; ahora estoy en medio de esto»– y dejar muy claro que nada de lo que lo que ahora lo hace acreedor de la admiración generalizada de los amantes del mar y del modesto galardón de GACETA NÁUTICA, hubiera sido posible sin la ayuda y la comprensión de Jerónima, la mujer de su vida, su esposa y su verdadera brújula.


Skipper Sailing