DONES DEL VENT

‘El mar es una forma de vivir’

Inés Cabrer Carvajal es licenciada en Veterinaria y vive su pasión por el mar ejerciendo de oficial y juez de regatas
EMPAR BOSCH

Inés Cabrer  (Palma, 1990) se inició en la vela en el Club Náutico del Arenal en los veranos de su infancia y dice que el mar «es una forma de vivir». En cuanto encaró la mayoría de edad compaginó sus estudios universitarios con la práctica de la vela y la responsabilidad de entrenar al equipo de regatas de Optimist del club donde aprendió a navegar y, a partir de 2011, también al de Láser. Entre sus quehaceres, la planificación de la temporada, la preparación de las sesiones de entrenamiento y el seguimiento individual de los regatistas.



Ha sido instructora de vela de adultos y niños tanto en el club náutico del Arenal como en el de Sa Rápita en embarcaciones colectivas, individuales y de chárter para turistas. De esa época recuerda con mucha ternura a un joven alumno de vacaciones en Mallorca con un trastorno del espectro autista. Sus padres le inscribieron en un curso de verano pero al niño le aterrorizaba el mar. Recuerda haber dedicado al niño muchas horas pero, sobre todo, conserva en la memoria la felicidad del niño al navegar. Años más tarde los padres seguían agradeciéndole su paciencia y diligencia como instructora que consiguió transformar la relación del niño con el mar.



Una personalidad competitiva y exigente como la suya, junto con el ejemplo del desaparecido oficial de regatas internacional Guillermo Patiño, impulsaron el interés de Cabrer por cursar también los estudios de oficial y juez de regatas, responsabilidades que ha ejercido, entre otras, en competiciones de tanto prestigio como la Copa del Rey, la PalmaVela o el Trofeo Princesa Sofía en los últimos años.



Dice que su vida transcurre en el campo los días laborales, en el ejercicio de su profesión como veterinaria en una de las empresas avícolas más importantes de Mallorca. Sus fines de semana, sin embargo, los dedica al mar y añade que «si una competición o una convocatoria coinciden con mi horario laboral, suelo pedir las vacaciones en mi empresa, para poder participar».



Como juez de regatas, su responsabilidad en una competición puede suponer 12 horas en el mar: «Ni me acuerdo de comer», señala, y que «una vez en tierra, todavía me queda atender las solicitudes de reparación y resolver protestas».



Los veranos y fines de semana de su infancia transcurrieron en el Club Náutico Arenal, del que sus progenitores son socios antiguos, un entorno que propició su interés por los deportes náuticos. 



Lectora empedernida, Cabrer asegura que sea cual sea el lugar de su destino en el futuro, en su horizonte laboral y personal siempr estará el mar: «Si tienes un día malo, sales al mar y ahí se queda todo».