OPINION

CÓDIGO AZUL

Ni un euro municipal para frenar los vertidos

JOSÉ LUIS MIRÓ

Es tal la cantidad de información que debemos procesar, tan variada la cantidad de soportes a través de los cuales nos llega, tan dudosa la solvencia de algunas fuentes –y medios– y tan elevado el nivel de ruido que provoca el debate político en nuestro país, donde no parece haber otra cosa, que muchas noticias relevantes pasan desapercibidas.



Los muros recargados de anuncios y clickbaits de los medios digitales no ayudan a que esas buenas informaciones tengan el alcance que en justicia les correspondería. La actualidad funciona como una trituradora despiadada. Lo sé yo, que llevo más de media vida dedicándome a este viejo oficio de teclear, y seguro que lo sabe cualquier lector mínimamente avezado. 


CN Estanyol

Hoy quiero darle una nueva oportunidad a una noticia que, casi con total seguridad, se les pasó por alto estas pasadas fiestas. La publicó la versión balear de El Mundo el 28 de diciembre, la firmó el veterano y muy fiable periodista Miquel Angel Font y no fue una inocentada. El titular dice así: «El Ayuntamiento de Palma aprueba un presupuesto (el de 2020, se entiende) sin inversiones para frenar los vertidos». Añade el subtítulo que las cuentas municipales disponen de 20 millones de euros  más que el año anterior. 

Como esto es una columna de opinión y uno puede permitirse ciertas licencias, voy a intentar llamarles la antención con un titular alternativo y un poco largo: «Al Ayuntamiento de Palma, formado por partidos que se autoproclaman ecologistas y se pasan el día dando la matraca con una emergencia climática global en la que la influencia balear es pigmea, se la trae al pairo la contaminación marina provocada por sus depuradoras y empíricamente probada por esta humilde publicación». O dicho de otro modo: «Los integrantes del gobierno municipal de la capital balear tienen la cara más dura que el hormigón del dique del Oeste». O una tercera versión, tal vez excesivamente interpretativa: «El indudable cambio climático [no vayan a llamarme negacionista] es el perfecto pretexto que han encontrado los políticos progresistas para hacerse pasar por ecologistas, cuando en realidad les importa un bledo el medio ambiente y no son capaces ni de sanear sus propias cañerías».  

No creo que sea necesario detallar el dinero que, por descontado, derrochará nuestro consistorio este año recién estrenado. El sueldo de la inquietante concejal Sonia Vivas es un elocuente ejemplo del significado del verbo despilfarrar. 

Pero no nos desviemos. ¿Saben qué ocurrirá mientras centenerares de miles de euros, quizás millones, se pierden por el sumidero de la incompetencia y el clientelismo? No se lo digo yo, se lo  dicen los datos oficiales de la Empresa Municipal de Aguas y Alcantarillados (la misma que junta en una misma bolsa plásticos, papeles, vidrios y orgánicos los días 25 de diciembre y 1 de enero porque la legión de empleados de que dispone no da a basto): en 2020, más de10.000 millones de aguas mal depuradas irán a parar a la Bahía de Palma, provocando la aparición de bacterias y la muerte de la poca posidonia que aún resiste. Lo mismo que viene ocurriendo desde que en septiembre de 2016 quedó meridianamente claro, gracias a este periódico, que las depuradoras municipales de Palma son las mayores fuentes de contaminación  que soportan nuestras costas.  Esto es exactamente lo que pasará este año mientras Cort no hace absolutamente NADA. Espero haber suscitado su interés.