SECTOR NÁUTICO

DONES DEL VENT

‘La vela debería ser obligatoria’

Margarita Dahlberg Coll (Palma, 1961) empresaria náutica, impulsó la Asociación de Empresas Náuticas de Baleares que presidió desde su fundación hasta 2017
EMPAR BOSCH

Fue la primera mujer que cursó la Formación Profesional de Electrónica en Palma, estudios a los que, al principio, le denegaron el acceso por su condición femenina: «Nadie de este sector va a dar trabajo a una mujer»- le dijeron. Sus altas calificaciones en Matemáticas y Física y el argumento de que sería su propio padre quien la contrataría, convencieron por fin a la dirección académica del palmesano colegio San José Obrero, para que le franqueara el paso a la pionera en estos estudios. 

También  fue la primera mujer que obtuvo el certificado de Servicio Técnico Oficial de la prestigiosa firma británica B&G, desarrolladora y fabricante de sistemas avanzados de instrumentación. 

En 1980 se incorporó a la empresa que fundó en Mallorca su padre, Kjell Dhalberg,  «el sueco», hace 35 años, después de una escalada obligatoria en el trayecto desde Estocolmo a San Remo para reparar en Palma la avería del velero del que era capitán.

Premio Marcial Sánchez Barcáiztegui 2016 por su trayectoria profesional y por su implicación destacada en el Salón Náutico Internacional de Palma, Margarita Dhalberg fue jefa de taller y responsable del departamento técnico, antes de ejercer como CEO y administradora de la empresa fundada por su padre.

Miembro de la Asociación de Empresas Náuticas de España durante diez años, fue secretaria del Clúster Marítimo de las Islas Baleares también durante dos lustros.

Su currículum técnico es extensísimo. Explica que le gustaba acompañar a su padre en los ratos libres de su infancia a reparar las embarcaciones que tenía a su cargo. Él fue quien más la animó a estudiar Electrónica y dice que le parecía una ocupación muy apropiada para mujeres por las características del trabajo, minucioso y esmerado. Cuenta que entonces peinaba su cabello muy corto y que los clientes de su padre solían confundirla con un chico: «Qué bien que te acompaña tu hijo»- le decían y cuenta Dalhberg que su padre estaba muy orgulloso de contestar: «Es mi hija».

Fue también su padre quien adquirió para ellas sus primeras herramientas de crimpar, de alta precisión,  adecuadas para el tamaño y fuerza de sus manos: «Me las trajeron de Estados Unidos porque aquí no había. Hoy en día todo el mundo las utiliza, pero hace 40 años, no».

Cuando empezó a cursar los estudios de Formación Profesional, por las mañanas trabajaba con su padre y, por las tardes, asistía a clase. Recuerda esa época como un esfuerzo continuo, también porque al ser la única chica de su clase, salvo dos compañeros con los que todavía conserva amistad, «todos los demás me hacían la vida difícil» – cuenta.

Dice que es afortunada por haber asistido al nacimiento de una nueva era náutica, cuando los conceptos TWD o VMG se introdujeron en el diccionario básico de la navegación. Considera que la vela debería ser una asignatura obligatoria en todos los centros docentes porque «te pone a prueba como ser humano». 

Explica que empezó a navegar cuando era un bebé de chupete, aunque no se acuerda, pero tiene fotografías que lo atestiguan. En su adolescencia participó en una Copa Princesa Sofía a bordo de un 470 de madera, muy pesado, con el que cree que quedó en el último lugar de la competición. Se ríe al recordar la experiencia y la impresión que le causaron las demás embarcaciones rivales, tan ligeras.

Si tuviera una lámpara mágica, como Aladín, le pediría al genio volver a disfrutar de navegar como antes de su primera maternidad, es decir, sin marearse.