OPINIÓN

Las normas son para todos

JULIO GONZÁLEZ

Estamos viviendo una situación insólita. El país lleva casi un mes en estado de alarma y, durante este periodo, los ciudadanos que no realizan funciones esenciales han tenido que permanecer confinados en sus casas mientras que el resto pone en riesgo su salud para intentar que no se hunda todo.


Creo que estamos de acuerdo en que las normas son de obligado cumplimiento para todos. La mayoría así lo ha entendido aunque a unos pocos se lo ha tenido que hacer entender las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado.



El deporte en nuestro país se ha paralizado por completo y no se otea una fecha de regreso  a los entrenamientos y menos aún a las competiciones. De hecho, creo que las cuestiones deportivas han pasado a un segundo plano ante esta situación de extrema gravedad.



Todos los centros de alto rendimiento de titularidad pública como el de La Cartuja en Sevilla o la Residencia Blume en Madrid, donde conviven habitualmente 294 atletas, han cesado su actividad, están cerrados y los deportistas han tenido que volver a sus domicilios.



Sin embargo, la Real Federación Española de Vela (RFEV) decidió reunir a buena parte del equipo olímpico español en el CEAR de Santander contra el criterio del Consejo Superior de Deportes, máximo organismo del deporte español.



Esta situación ha generado una agria polémica entre el director general del CSD, Mariano Soriano, que ha calificado el confinamiento en Santander de "insolidario e irresponsable" y la presidenta de la RFEV, Julia Casanueva, cuya deriva autoritaria se incrementa a medida que se acerca el final de su mandato.



Es comprensible que los responsables de la vela española disientan de la opinión del CSD, aunque este organismo sea el que, con dinero público, mantiene económicamente a la federación. Lo grave es que la postura del órgano gestor de la vela española ignore las órdenes que ha dictado el gobierno en base a criterios de seguridad sanitaria.



La RFEV justifica su medida alegando que mandar a los regatistas a sus casas hubiera sido un riesgo para ellos y para todo su entorno pero, si pensaban que algún deportista podía estar infectado, ¿no supone más riesgo juntarlos a todos? En todo caso, es evidente que no corresponde a la entidad federativa seleccionar si resultaba más conveniente que un deportista infectara al resto del equipo olímpico o a su propia familia. Esas cuestiones morales escapan a sus competencias



El confinamiento del equipo olímpico en Santander no era una decisión que debían tomar los regatistas, ni los técnicos deportivos, ni tampoco la presidenta de la RFEV. El Real Decreto del estado de alarma deja claro que todas las instalaciones deportivas debían cerrar y las normas son para todos.