OPINION

MENSAJES EN BOTELLAS

Los inmortales

¿Qué nos hace desafiar el contagio no cumpliendo con las indicaciones sanitarias? ¿Nos han mentido tanto que ya no creemos en nada? 
OSCAR SICHES

Aparecen en todas las culturas y en todas las épocas.  Son la nueva generación, esa que quiere romper con el pasado, lo establecido, las enseñanzas recibidas que se consideran, en su mayoría, imposiciones innecesarias.  Sus demandas de libertad están mas cercanas del libre albedrío. Recordemos ese concepto: El libre albedrío es la potestad que el ser humano tiene de obrar según considere y elija sin estar sujetos a presiones, necesidades o limitaciones, o a una predeterminación divina. Así, el ser humano tendría libertad tanto para hacer el bien como para hacer el mal. Esto, desde luego, tiene sus implicaciones éticas y morales, siendo entonces el individuo responsable de sus acciones, tanto si cuentan como aciertos o como sus errores.


CN Estanyol

Estas generaciones, más o menos marcadas por eventos históricos como las guerras, la revolución industrial o el Mayo del 68, son necesarias para evolucionar. Nuestros abuelos creyeron que la generación de nuestros padres estaba perdida. Nuestros padres pensaban lo mismo de la nuestra cuando, acojonados por la guerra fría, el rock and roll, el twist, Mary Quant y su minifalda les resultaban muy difíciles de asimilar.



¿Vamos a ser diferentes? No. Vemos a los jóvenes muy desinteresados, utilizando cascos auditivos tan a menudo que parecen un apéndice del cuerpo. Allí dentro (entre las dos orejas) se abstraen de un mundo que no les convence y que sienten hostil. La mitad de las charlas compartiendo bar y cervezas termina con una sentencia: todo es una mierda. Con buena música y volumen el paro duele menos, los 1.000 euros mensuales parecen rendir mas, el mar en la playa tiene el sonido que uno elija.



Nuestra generación se ha esmerado en cargarse el planeta y ellos deben preocuparse por frenar el daño e intentar arreglarlo. Se les ha prometido un futuro improbable: estudia y triunfarás, sé honesto y tendrás futuro, el esfuerzo siempre da frutos.  Algunos, muy pocos, han seguido esos preceptos apoyados por sus familias, pero esa suerte la tienen pocos. Es difícil cumplir cuando todo el entorno vocea a gritos que lo planteado es una utopía, que no es así como funciona el día a día. Se les prometen ERTEs que no llegan, y, una vez establecidos, sale a luz que Hacienda les cobrará retenciones e impuestos por partida doble, con lo que la esperanza aliviadora desaparece para muchos en 5 minutos de Telediario. La mentira y el incumplimiento permanente del gobernante.



El miedo puede con todos, y durante el confinamiento cumplieron con las reglas impuestas, se respetó la veda playera de San Juan, pero en el momento en que las cifras de muertos diarios bajaron se relajó, como en muchos lados, el cuidado al contagio y las dos premisas fundamentales para prevenirlo: distancia y mascarilla.



El miércoles 8 de julio asistí a un concurso de Trivial en Campanet. Seríamos unas 15 mesas de entre 6 y 8 participantes cada una, en una plaza del pueblo.  La edad promedio era de unos 30 años y había carteles muy visibles proclamando la obligatoriedad de utilizar mascarilla. Dos agentes de la policía local observaban el evento desde su coche patrulla. En nuestra mesa de ocho, sólo tres usábamos mascarilla. Las otras mesas, igual o menos. La policía, observando. Así pasamos tres horas.  



El pasado 11 de julio la Guardia Civil se acercó a un catamarán de excursiones con unas 50 personas a bordo sin mascarilla. Les ordenaron colocárselas.  Estaban juntos, sí, al aire libre, pero muy juntos. El jueves pasado asistí a una recepción al aire libre, en Calanova. Éramos unos 150, gente de náutica, que llegábamos con mascarilla, pero nos la quitábamos. ¿Que nos hacía especiales e inmunes a un contagio?  ¿Pertenecer a la elite náutica guiri en Mallorca? Yo hasta besé a cuatro conocidas, y al irnos me di cuenta de que fue una estupidez por mi parte, ayudado por el merecido rapapolvo de mi mujer. Un cliente de un muy buen amigo mío fue a pasar una semana en Ibiza. Volvió eufórico porque “las discotecas, nada, pero las fiestas privadas son lo mejor que ha habido en Ibiza en muchos años.”



¿Qué nos hace desafiar el contagio no cumpliendo con las indicaciones sanitarias? ¿Nos han mentido tanto que ya no creemos en nada?  ¿Nos faltan muertes cercanas para despertarnos a la realidad que no queremos aceptar?  ¿Se sienten los jóvenes invencibles por haber sido el grupo de menor riesgo durante el confinamiento? ¿O pasan de todo porque el futuro parece muy chungo y mas vale pasarla bien mientras se pueda?  



Educar a las masas es muy difícil; controlarlas, imposible. Las amenazas de multas no convencen a nadie, y se hace desear una campaña bien hecha y difundida que haga pensar en la seriedad del momento y cómo debemos actuar, pero eso desgraciadamente también es utópico en una España que da más importancia a las puteadas partidistas que al bienestar de sus habitantes. Estamos en un limbo por ahora controlado gracias al incremento drástico de pruebas y temprana detección de focos, pero el miedo está allí, ha vuelto, ya que no sabemos si un compañero de trabajo ha ido a una fiesta en la playa y puede estar contagiándonos el lunes, sin saberlo. 



Esa es una de las actitudes a corregir: ese derecho a divertirse y sentirse invencible mina el derecho de los demás a cuidarse y prevenir el contagio. Es lo mismo que conducir ebrio: una elección egoísta que priva al prójimo de sus derechos fundamentales.



No volveré a besar ni a asistir a reuniones prescindibles. Utilizaré la mascarilla siempre que pueda haber riesgo y cuando sea obligatorio. Mantendré las distancias. Difundiré el mensaje. Es lo menos que puedo hacer como miembro de la sociedad.