VELA LIGERA

OPINIÓN

Javier Sanz, un gestor de solvencia contrastada

Es seguro que él no se beneficiará de la vela si consigue llegar a presidirla, pero la vela sí se beneficiará de tener a tan preparado rector
PAU PONS MASCARÓ

Lo cierto y seguro es que no conozco a nadie que hable mal de José Javier Sanz Fernández (Madrid, 1950), el jubilado que no quiere ver pasar el resto de su vida sentado en una mecedora.


Astilleros Llompart

El que fue presidente del Real Club Náutico de Palma (RCNP) sigue con su capacidad organizadora intacta y pretende, sin alardes, acceder a un puesto para el que está más que capacitado.



Amor por la vela, don de gentes, artes de convicción, conocimiento de la situación actual de este deporte en España y sabedor del estado real de esta RFEV, de la que  salió tras haberla saneado como vicepresidente económico, jalonan su tarjeta de presentación ante unas elecciones que, como casi todas, se presentan cargadas de intereses personales.



Sanz no necesita presidir la Real Federación Española de Vela pero es consciente, y su entorno también, de que si un día llega a ocupar este puesto, lo hará de manera honesta y que encontrará soluciones a los múltiples problemas suscitados últimamente. De eso se trata. 



Sus dotes de mando, con órdenes siempre lanzadas con guantes de seda, su capacitación para coordinar equipos de trabajo y su profundo conocimiento de la vela estatal, hacen de Javier Sanz un candidato idóneo.



Siempre alejado por propia voluntad de las conspiraciones que habitualmente se viven en una Federación tan golosa, el propio Sanz se ha sorprendido por el revuelo que ha causado el anuncio de su candidatura.



Cuando una gran mayoría le auguraba una plácida etapa de bon vivant, Sanz ha sorprendido a su propio entorno, asegurando que todavía tiene mucha cuerda. La tiene.



Lo que es seguro es que él no se beneficiará de la vela si consigue llegar a presidirla, pero la vela sí se beneficiará de tener a tan preparado rector en tiempos de tanta convulsión. Piénsenlo, asambleístas.