CONTAMINACIÓN

Port de Pollença: las acequias de la vergüenza

El estado defectuoso de las infraestructuras obliga a cavar zanjas de más de un metro en las playas de la localidad para evacuar las aguas contaminadas
JOSÉ LUIS MIRÓ

El estado deficiente de las infraestructuras de saneamiento está detrás de la elevada contaminación que sufre la Bahía de Pollença, uno de los destinos náuticos y turísticos más importantes del norte de Mallorca. Un informe municipal admite la existencia de vertidos fecales al mar ­–algunos de ellos con valores muy altos de bacterias potencialmente peligrosas para la salud– y responsabiliza de la situación a «averías puntuales» o al «mal funcionamiento» de la red de alcantarillado del Port de Pollença. 



El dictamen, al que ha tenido acceso Gaceta Náutica, lleva fecha del 20 de octubre de 2020 y fue emitido por el Área de Medi Ambient del Ayuntamiento de Pollença a petición de la Dirección de Territorio y Paisaje del Govern balear, después de se hiciera público en los medios de comunicación el resultado de varias analíticas encargadas por particulares que reflejaban la alta contaminación por E-colis de las aguas de baño de la localidad. 


Astilleros Llompart

El asunto alcanzó tal dimensión el pasado verano, cuando la contaminación se pudo observar a simple vista, que un grupo de residentes en la zona decidió crear la Asociación para la Defensa del Port de Pollença y denunciar ante la opinión pública la degradación medioambiental de bahía.



Esta iniciativa, nacida de manera espontánea y sin ninguna adscripción política política, ha conseguido en apenas unos meses poner sobre la mesa de las administraciones el problema de los vertidos de aguas fecales, dando lugar a la intervención del Govern, a la elaboración del informe municipal y a la intervención de los hoteleros de la zona, quienes ahora tratan de capitalizar la reivindicación y al mismo tiempo proteger la reputación del destino turístico. 



Aunque el Ayuntamiento resalta «la importante labor» llevada a cabo en la última década para resolver los problemas estructurales de la gestión de las aguas fecales  y alega, asimismo, que la contaminación se produce de manera  esporádica, en el párrafo final del informe reconoce que las soluciones técnicas para terminar de resolver la problemática de los vertidos  «no son fáciles» y exigen una gran inversión de dinero público. 



Entre las obras requeridas, el Ayuntamiento de Pollença apunta la necesidad de rediseñar las redes de alcantarillado, construir tanques de tormenta e instalar nuevos emisarios y estaciones de bombeo. Mientras esto no ocurra, las filtraciones de materia fecal a las conducciones de agua de lluvia seguirán llegando al mar y ocasionando el cierre de playas para proteger la salud de los usuarios. 





El dictamen del Area de Medio Ambiente realiza un exhaustivo repaso de los motivos que hacen que el Port de Pollença, a día de hoy, sufra regulares episodios de contaminación. Los principales son la deficiente planificación urbanística entre los años 70 y finales de los 90 (etapa en la que se primó la construcción sobre la gestión hídrica), los mantenimientos defectuosos y la «mala solución técnica» adoptada por el antiguo Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (MOPU) al crear la playa artificial de Albercutx en las postrimerías de los 80. 



Las canalizaciones instaladas entonces se mostraron ineficaces para evacuar las pluviales. En los primeros años sufrieron numerosas averías y finalmente fueron abandonadas, lo que en la actualidad obliga al equipo del Ayuntamiento a cavar zanjas de más de un metro de profundidad en la arena, a modo de improvisadas acequias, para que el agua de lluvia no provoque inundaciones y discurra hacia el mar. Esta situación se da en el Paseo Marítimo, en el humedal del Ullal y en el tramo comprendido entre las urbanizaciones de Gomar y Es Pinaret. 



«En algunos casos –apunta el informe–, dependiendo de la meteorología, la zona más próxima a las acequias, sobre todo por la acción del viento y de las olas, resulta taponada por la arena de la playa, impidiendo la salida de las aguas pluviales y formando una balsa de agua que puede contener elementos fecales o contaminantes».



La Asociación para la Defensa del Port de Pollença coincide con el dictamen municipal en que el problema no es de ahora, pero discrepa en dos aspectos nucleares: por un lado rechaza que los episodios contaminantes sean esporádicos y habla de «vertidos por doquier»; por otro, no comparte la visión optimista sobre el estado general de las aguas del puerto, que el Ayuntamiento califica de bueno en función de las analíticas que realiza de acuerdo con sus protocolos. Los vecinos manejan sus propias muestras y éstas reflejan niveles de bacterias E-colis muy por encima de los umbrales que se consideran tolerables.



El Ayuntamiento ha tratado de restar credibilidad a estos análisis aduciendo falta de control en la toma de las muestras y llegando a insinuar –no se sabe si literalmente o de manera hiperbólica– que se habían obtenido de la taza del wáter. 





Sin embargo, los documentos que aportan los vecinos prueban que la recogida fue realizada en la playa de Llenaires por personal de la empresa Centro Balear de Biología Asociada (CBBA), proveedor del Govern balear en la gestión de los campos de boyas de las zonas LIC, y que el resultado de los análisis es elocuente: más de 8.000 unidades formadoras de colonias (ufc) de Escherichia coli/100 mililitros, cuando el máximo permitido es de 500, y 2.400 ufc de enterococos/100 mililitros, siendo su límite de 185. 



Las bacterias Escherichia coli viven en los intestinos de las personas y de los animales sanos. La mayoría de las variedades son inofensivas o causan diarrea breve en términos relativos. No obstante, algunas cepas peligrosas pueden causar cólicos abdominales, diarrea con sangre y vómitos.



Una vecina, que pide mantenerse en el anonimato, denuncia: «Estas son las aguas en las que se bañan nuestros hijos».  


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