CLUBES

ENTREVISTA

Emerico Fuster: «El Real Club Náutico de Palma es insustituible»

El presidente de la emblemática entidad lo tiene claro: ‘Tenemos derecho a renovar’
J. L. MIRÓ

Emerico Fuster (Palma, 1960), presidente del Real Club Náutico de Palma, analiza la situación derivada del informe de la Abogacía del Estado que pone en cuestión el derecho de la entidad a ampliar el plazo de su concesión. Asegura que el club «no puede ser otra cosa que una concesión» y, por tanto, la Autoridad Portuaria de Baleares debería dar el visto bueno a su proyecto de renovación. Con todo, admite que la situación es complicada y que la estrategia deberá trazarse paso a paso. 


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Pregunta.– ¿Está en peligro la continuidad del Real Club Náutico de Palma a raíz del informe de la Abogacía del Estado? 

Respuesta.– La situación es complicada, no se puede negar, pero yo no hablaría de peligro de desaparición. El Real Club Náutico de Palma es una entidad histórica cuya importancia deportiva y para la ciudad de Palma está unánimemente reconocida. Siempre se encontrará una fórmula para su supervivencia. Es cierto que hay un informe que pone en cuestión nuestro derecho a renovar la concesión, pero también lo es que hay otros, en mi opinión mejor argumentados, que dicen lo contrario. Tenemos que afrontar esta situación paso a paso, decidiendo lo que es mejor en cada momento.

P.– ¿Y qué es lo mejor ahora mismo?

R.– Estamos trabajando para que se pronuncie el Consejo de Estado. Queremos que resuelva varios aspectos que no aborda el famoso informe de la Abogacía del Estado, el cual califica nuestro título como un ‘contrato de servicios’ y concluye que no tenemos derecho a ampliar el plazo de la concesión. Pero esta tesis no se sostiene: la figura del contrato de servicios públicos desapareció en 2003, cuando la gestión de amarres se convirtió por ley en un servicio comercial. No podemos ser lo que no existe. Eso significaría que llevamos 18 años en precario, y no tiene ningún sentido. Somos una concesión porque, sencillamente, no podemos ser otra cosa y porque –esto es muy importante–- la Autoridad Portuaria de Baleares nos viene tratando como tal desde nuestra fundación en 1948.

P.– ¿Cómo se ha podido llegar a esta situación y precisamente ahora? 

R.– Esa es la pregunta del millón. Es todo muy raro. Empezamos a tramitar la ampliación del plazo de concesión con carácter urgente hace seis años. Todo este tiempo hemos ido de la mano de la APB, que nos ha dicho cómo quería que fuera nuestro proyecto. Es notorio que a los socios de este club no les gustaba demasiado la idea de construir un parking subterráneo al lado del mar, pero lo aceptaron porque se lo pidió la Autoridad Portuaria. Nos consta, por otro lado, que Puertos del Estado informó favorablemente a nuestra petición de ampliar el plazo de concesión, y que resolvió la controversia sobre nuestro título dictaminando que éste se transformó en una concesión con el cambio legal de 2003 al que me he referido antes. Todo estaba encaminado hasta que nos llegó la noticia del informe de la Abogacía del Estado, que consideramos atemporal.

P.– ¿Por qué?

R.– Muy simple: porque los informes sobre cuestiones tan básicas se piden cuando empieza el procedimiento, no cuando está a punto de acabar y quedan apenas dos años para que expire la concesión. Es muy anómalo.

P.– Antes ha dicho que la APB ha tratado al RCNP como una concesión. ¿Tiene eso algún valor jurídico?

R.– Tiene una importancia capital porque conecta con uno de los principios básicos del Derecho, que es el de la confianza legítima: «La administración pública no puede defraudar las expectativas que han creado sus normas y decisiones, sustituyéndolas inesperadamente por otras de signo distinto». Nuestro caso se ajusta totalmente a esta definición. Nos han dicho que somos una concesión, con todo lo que eso implica a nivel de inversiones y de gestión; nos han dado a entender que podíamos acceder a la ampliación si nuestro proyecto reunía determinados requisitos que hemos cumplido… En definitiva, nos han hecho creer que estaba todo arreglado. Y nosotros, como es lógico, hemos confiando en la administración. Nadie podía sospechar un cambio de opinión de la noche a la mañana.   

P.– Parece que la Abogacía del Estado no es consciente de las consecuencias que acarrea su informe.

R.– Quiero pensar que la abogada que ha hecho el informe ha hecho ha obrado con su mejor criterio, pero es evidente que poner en peligro una institución como el Real Club Náutico por una formalidad que ni la propia administración es capaz de distinguir resulta difícil de entender. Hay una realidad a la que el dictamen se sustrae por completo. Aquí no está en juego la mera prestación de un servicio, sino el futuro de una institución histórica.

P.– La ley no distingue clubes náuticos de marinas.

R.– Así es, por desgracia. Un club náutico es mucho más que un aparcamiento de barcos, pero hay gente que no lo entiende o no quiere entenderlo. Desarrollamos una función social y deportiva muy importante, y eso debería estar reconocido. Me gustaría en este punto destacar que cuando el club pide una ampliación de plazo de concesión, no está exigiendo ningún privilegio, sino ejerciendo un derecho. Todas las marinas que nos rodean en el puerto de Palma han visto ampliadas o prorrogadas sus concesiones de manera automática. ¿Por qué ellas si y nosotros no? 

P.– ¿Cree que los clubes necesitan protección?  

R.– Somos entidades que promovemos la actividad náutica y formamos a los navegantes del futuro. Sin pedir subvenciones. Nuestro modelo funciona y es sostenible. No pedimos protección, sino un «trato diferencial», de acuerdo con nuestras características. No es lógico que una entidad sin ánimo de lucro, que reinvierte lo que obtiene por la gestión de amarres en deporte, cultura y el mantenimiento de las instalaciones, tenga que jugar con las mismas reglas que una empresa que reparte beneficios entre sus accionistas, siendo este un modelo totalmente legítimo. Sería de sentido común que la Ley tuviera en cuenta los dividendos sociales de los clubes, pero no es así. Ojalá esto cambie en el futuro, porque si no, los problemas que hoy tiene el Real Club Náutico de Palma serán los de todos los clubes españoles. Hace años que la náutica social en nuestro país está amenazada.





P.– ¿Es cuantificable el valor social de un club náutico?

R.– Y tanto. De hecho, hay estudios muy serios que lo establecen. No hace mucho la UIB certificó que el impacto económico de todos los clubes de Baleares es el equivalente casi al 2% del PIB regional. Esta es una cifra muy seria. Es evidente que, tanto por tamaño como por actividad, el Real Club Náutico de Palma es uno de los que más aportan, si no el que más,  al conjunto. Y hay más datos: en 2017 generamos 18 millones de euros de beneficio directo para la ciudad en los ocho días que duró la Copa del Rey MAPRE. No hay ningún acontecimiento deportivo en Mallorca que mueva este volumen, por no hablar de la campaña de publicidad mundial gratuita que el club le hace cada año a Baleares.  

P.­– ¿Podría hacer lo mismo otro concesionario?

R.– No. Rotundamente. El Real Club Náutico de Palma es  insustituible. Algo como lo que le he explicado no se consigue en dos días. Es fruto de muchos años de trabajo y del asentamiento de un modelo de gestión muy eficiente. Y no sólo hablo de economía. También está todo el trabajo que realizamos a través de nuestras escuelas de vela y equipos de vela y piragüismo. Hablamos de más de 200 deportistas que compiten todos los fines de semana gracias a que existe un club como el nuestro, que cree en lo que hace. Siempre le digo a los políticos con los que hablo: "¿Quieres saber lo que es el RCNP? Pásate por el puerto cualquier sábado por la mañana, sin avisar, y lo verás". Los que lo han probado, sea cual sea su ideología, se convierten en fervientes defensores de nuestro modelo. Descubren qué es y para qué sirve un club.

P.– ¿De qué manera pueden implicarse los socios o los amigos del RCNP en su defensa?

R.– A los socios les pido que se pregunten «qué puedo hacer por mi club». Necesitamos que nos ayuden a divulgar nuestra labor deportiva y social, y también nuestros valores. En sus círculos de amistades y profesionales, en sus redes sociales... Cada socio es un embajador de nuestra causa. Estamos pasando por un momento difícil y tenemos que permanecer unidos y trabajar coordinados. 

P.– ¿Se han sentido respaldados  desde fuera?

R.– Nos llegan muchos mensajes de apoyo. Las federaciones balear y española de vela han salido en nuestra defensa antes de que nos diera tiempo a pedirlo. A título personal atiendo llamadas de ánimo a diario que llegan de todos los ámbitos: institucional, jurídico, político, deportivo... También nos llegan mensajes de estupor, sobre todo del extranjero. No entienden que una institución mundialmente reconocida y tan prestigiosa y ejemplar como la nuestra pueda estar en esta situación. Les parece incomprensible.


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