PESCA

PESCA INDUSTRIAL

Baleares, cementerio abisal de los atunes rojos

El hallazgo accidental de ocho ejemplares muertos a 480 metros de profundidad entre Ibiza y Mallorca revela el lado oscuro de la industria atunera que sirve al mercado japonés
JOSÉ LUIS MIRÓ

El arrastrero alicantino Nou Almuixó se encontraba faenando a las 13.00 horas del 2 de junio a 10 millas de la Punta Jonc, en el canal entre las islas de Ibiza y Mallorca. La sonda marcaba una profundidad de 480 metros de fondo de arena y fango, un lugar idóneo para la pesca de la cigala y la gamba roja. El mar estaba en calma y la jornada transcurría sin sobresaltos. El capitán Felip Solbes, 46 años, natural del Villajoyosa y toda la vida en la mar, notó de repente que el barco “se paraba”, como si la red se hubiera enrocado.


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Felip intuyó lo que estaba pasando desde el primer momento. “Empezamos a izar la red y la maquinilla se puso a temblar, pensé que se iba a romper”. El Nou Almuixó acababa de pescar por error ocho atunes gigantes muertos. “Uno de ellos pesaba 300 kilos y los siete restantes, unos 200 cada uno”, recuerda el capitán. En total, casi dos toneladas de ‘tonyina’, una especie que se cotiza como el oro en el mercado japonés pero que, sin embargo, capturada en esas circunstancias supone un verdadero engorro para la tripulación del pesquero. Por dos motivos: uno, porque 2.000 kilos de atún destrozan la red; y dos, porque las especies capturadas accidentalmente y sin cuota no pueden descargarse en puerto. Hay que descartarlas.



Felip Solbes tenía la opción de no decir nada, devolver los atunes al mar y asumir las pérdidas, como hacen la mayoría de profesionales que se encuentran en una situación similar. Pero eligió la segunda, sin duda más arriesgada: denunciar el “desastre” que, a su juicio, está provocando la pesca con cerco del atún rojo en el Mediterráneo occidental.



El Nou Almuixó intentó establecer conexión con el patrullero Alborán, de la Armada Española, que vigila la campaña de los atuneros, para solicitar instrucciones. Cuatro llamadas y ni una respuesta. “Pides comunicación a un patrullero y no te contestan. ¿Tú crees que esto es normal?”. A continuación se puso en contacto con Salvamento Marítimo, que sí respondió, pero no pudo prestarle ayuda al no estar comprometido el gobierno de la nave y no necesitar asistencia. “Les pedí la presencia de un inspector a bordo para que diera fe de lo ocurrido”. Al final consiguió hablar con una inspectora de pesca, que le emplazó a deshacerse de los atunes. Felip se negó sin una orden por escrito y puso rumbo a Ibiza con la carga.



Al veterano pescador alicantino no le cabe ninguna duda de que los ocho ejemplares que se cruzaron en la derrota del Nou Almuixó  habían sido arrojados al mar por uno o varios de los buques que conforma la gigantesca ‘Armada’ desplegada durante el mes de junio en los alrededores de Baleares. Y así se lo contó al Diario de Ibiza tras recalar en el puerto de Vila con los atunes muertos, de los que finalmente tuvo que deshacerse en Los Freus de Ibiza. 





El encuentro con los descartes de los atuneros le costó una red, 100 kilos de cigala echados a perder y una jornada de trabajo de la tripulación. “Unos 4.000 euros”, calcula.  



“Esto no es nuevo, viene pasando todos los años. Cuando cogen algún atún muerto lo descartan y lo tiran por la borda para que no les cuente como cuota. Los quieren vivos para poder remolcarlos hasta las granjas de Cartagena y Tarragona, donde los engordan para luego venderlos durante todo el año en el mercado japonés”. Felip asegura hablar con pleno conocimiento de causa. Él mismo ha formado parte de la flota atunera y sabe muy bien cómo funciona el negocio.



En el Mediterráneo hay dos grandes factorías de ‘tonyina’ que acaparan la práctica totalidad de cuota española, e incluso compran parte de las correspondientes a Francia e Italia. Su ‘modus operandi’ consiste en pescar al cerco con grandes buques y traspasar esas capturas a las jaulas de embarcaciones de arrastre que son contratadas como remolcadoras. La misión de estas últimas es trasladar los atunes a las granjas de la península. Numerosos armadores de buques de arrastre y palangreros optan por ofrecer esta cobertura temporal a las empresas atuneras a cambio de un pago que ronda los 1.500 euros por jornada. La temporada dura alrededor de 40 días. Es dinero seguro.



Solbes y otros pescadores de especies como la gamba, la cigala, la sardina o el boquerón sostienen que en los alrededores de la posición donde se produjo el enganche del 2 de junio (39°09'56.9"N 1°45'45.3"E) y otros puntos del litoral de Ibiza y el canal de esta isla con la península existen verdaderos cementerios submarinos de atunes que no han sobrevivido al cerco y han sido arrojados al fondo. Son atunes fuera de cuota y que, por tanto, no se contabilizan en los controles que realizan el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y la Unión Europea. Aparecen cada año por todas partes. A veces están en buen estado, porque hace poco que los han tirado, pero otras veces lo que se iza es “carne podrida”. Se cree que son muchos por las frecuentes capturas accidentales, pero no hay manera de documentarlo con imágenes. Los descartes se hacen a profundidades abisales, solo accesibles mediante costosísimos robots submarinos.





“No hay otra explicación a que hayamos capturado ocho ejemplares frescos de una sola tacada y coincidiendo, precisamente, con la temporada del atún en Ibiza”, afirma Felip, consciente de que su postura crítica puede acarrearle problemas. “Pero si  callamos, no avanzamos; alguien tiene que dar un puñetazo en la mesa y contar lo que está pasando”, se queja en conversación telefónica con Gaceta Náutica. Dice que su caso es excepcional por la magnitud de la ‘captura’, pero no el único. El día 9 de junio un colega de Calpe enganchó un atún recién muerto en las inmediaciones de la Mola de Formentera. Al día siguiente Solbes enviaba a este periódico una fotografía de otro túnido recogido a 400 metros de profundidad frente a la costa de Alicante. El canal de VHF por el que se comunican los pesqueros echaba humo esa tarde: “Los compañeros del mar están hartos de esta situación”.


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