TINTA DE CALAMAR

DIEGO RIERA

Antes de ser monitor de vela fui técnico de calidad y antes consultor de calidad y medio ambiente, y antes fui biólogo. Soy cartesiano: lo blanco es blanco, lo negro es negro y la explicación científica es la mejor.

El arte de remar

Aprender a remar no tiene mucho secreto, pero remar bien y no dejarte la espalda ya es otro cantar

Sí, he pecado. No sólo traslado potentes (y lujosas) motoras si no que también hemos cambiado el Gregal por una lanchita. Camionero súbito. Como acto de contrición me apunté a un curso de remo tradicional. Sí, banco fijo, embarcación de madera, remos con puño, guion, caña y pala.

Empecemos por el principio: el compromiso con el deporte del Club Nàutic de Cala Gamba es insuperable y la defensa del patrimonio marítimo está más que avalada con un pantalán lleno de veleros de madera. Unos cuantos armadores de bots y llauts salen por la mañana a remar antes de que salte el embat; una vuelta al islote de Na Galera, por ejemplo. Con estos mimbres, y buscando más remeros, se organizó un curso de dos domingos por la mañana impartido por David Oliver. David tiene sobrada experiencia ya que hace un par de años dio la vuelta a Mallorca con Giacomo di Steffano en su llaut. Al Nuevo Catalina le habían quitado el motor, sólo remo y vela.

Aprender a remar no tiene mucho secreto. Remar bien y no dejarte la espalda ya es otro cantar. No doblar los brazos, que estos no suban mucho y acabar a la altura del plexo solar; jugar con las muñecas para que la pala no golpeé el mar. Al final hay que encontrar un equilibrio, no sirve de nada clavar los remos y es más eficiente meter menos la pala para que todo sea más fluido y justo cuando vas a sacar los remos un golpe seco, juego de muñecas y empezar de nuevo.

Lo mejor, por delante de hacer deporte y conocer una técnica, ha sido la parte cultural. Que aquí los remos se colocan a proa del escálamo y a popa en los países nórdicos o que el repalado no es lo que se lleva en el País Vasco. Las partes de un remo y el tamaño que debe tener para una buena palada. Ver las diferencias entre las distintas embarcaciones, saber que en la costa Serra de Tramontana no había pasteras y ahí mandaban los gussis porque cogían mejor las olas por tener la popa afilada. Pero, sobre todo la barbaridad de que hayamos podido probar un llaut, un bot, una pastera y un gussi. Creo que sólo nos ha faltado un llantxa felanitxera. Han de saber que aún quedan llauts y bots de madera pero gussis y pasteras no sumarán más de 15 en Mallorca. Ha sido un privilegio, algo -desgraciadamente- muy exclusivo.

Se harán más cursos si hay demanda por lo que les animo a pasar dos mañanas frente a Cala Gamba remanado a la cía, a la boga, sincronizándose con un esforzado compañero.

Una cosa más. Pueden aprender a diferenciar las pequeñas embarcaciones tradicionales si vistan la web del Museu Maritim de Mallorca, pestaña Proyectos y, abajo, Embarcaciones tradicionales de Mallorca. Encontraran un magnífico díptico con dibujos y explicaciones de cada barco.

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