LA TRIBUNA DE LA MAR

MIGUEL FÉLIX CHICÓN RODRÍGUEZ

Nacido en Tánger en 1960, las travesías del Estrecho de Gibraltar realizadas siendo niño le dejaron un poso que le llevó a cursar, años más tarde, estudios de capitán de la marina mercante en Palma y Barcelona. Desde 1978 hasta 1994 navegó como oficial en buques petroleros, en frigoríficos, como alférez de fragata en la Armada española y ejerció el mando de buques de pasaje, de tipo ferry y embarcaciones de alta velocidad. Desde 1996 es jefe del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo en Palma.

El Gregal

Tenemos que considerar su origen latino y situarnos en un punto imaginario central del Mare Nostrum: es el viento que sopla desde Grecia

La Torre de los Vientos.

Al pasear por la Acrópolis Ateniense, si se acierta a pasar por el ágora, puede que nos encontremos con la Torre de los Vientos, peculiar monumento, no demasiado espectacular, de doce metros de altura y ocho de diámetro. Se trata de un horogolion o reloj (de sol y de agua), construido en el siglo I a.C. Es una torre de planta octogonal coronada por una veleta, cuyas caras están orientadas a los ocho vientos principales según los helenos. En la parte superior de cada una de esas caras se pueden ver los relieves de los ocho dioses que daban su nombre a esos vientos. Son los Anemoi, palabra de donde derivan los nombres que damos a los instrumentos utilizados para medir los vientos, los anemómetros, anemógrafos y demás.  

Uno de los principales Anemoi es Bóreas, el viento del norte del que ya hablamos. A su lado, en la cara que mira al nordeste, se aprecia la figura de un anciano alado, con barba, en cuyo escudo almacena granizo. Es Kaekias, Caecius en latín, uno de los cuatro dioses menores, llamados por los helenos Anemoi Thuellai (vientos de tempestad), demonios malvados y violentos creados por el monstruoso Tifón, que identifican a los vientos ordinales y que, en aquellos tiempos, Eolo guardaba en sus establos. Los otros cuatro son los Anemoi celestiales, los vientos cardinales, que no permanecían encerrados. 

Pero esto es lo que los helenos representan en la Acrópolis de Atenas. ¿Tiene algo que ver todo ello con el Gregal? Si analizamos algo más en profundidad el Atlas de los Cresques vemos que, para dar nombre a los vientos, tal y como están recogidos en la Rosa, tenemos que considerar su origen latino y situarnos en un punto imaginario central del Mare Nostrum que podríamos ubicar entre Sicilia y Creta. Con esta perspectiva, el viento del nordeste sopla desde una zona continental que coincide con la región donde vivía una de las tribus helenas. Se trata, concretamente, de la tribu descendiente del hijo de Zeus y Pandora, pero no la Pandora de la caja, sino su nieta. El nombre que Zeus y Pandora tuvieron a bien ponerle a su hijo fue el de Greco, Graecus, que es el vocablo con el cual los romanos nombran al viento del nordeste y que, por ende, da origen a todas las palabras con las que todos identifican a Grecia y a los naturales de ese país, los griegos. Todos menos ellos mismos, curiosamente, que son naturales de Hellas y cuyo origen no es solo de Graecus, sino de varias tribus descendientes de la prole que Zeus fue dejando en sus andaduras y dispersos por todo el territorio heleno. Y del vocablo greco deriva la palabra Gregal tal y como la conocemos nosotros y con la que conocemos el viento del nordeste, el que sopla desde Grecia.  

Algunas publicaciones señalan que el nombre de Gregal se debe a que es un viento favorable para navegar hacia Grecia. Probablemente no se haya pensado en la dificultad que cualquier embarcación que navegue a vela encuentra al tener el viento de proa, viéndose obligada a navegar de bolina para poder dar rumbo hacia el nordeste, proa al Gregal. Y más aún para las naves de la época, que estaban propulsadas a remo y, en todo caso, disponían de velas cuadras, velas propicias para navegar con vientos portantes, pero no para navegar en ceñida, máxime si Kaekias se enfadaba de veras y arrojaba granizo desde su escudo. Basta recordar el tremendo temporal de Gregal que azotó las Baleares en noviembre de 2001 durante varios días y que arrasó miles de árboles y varias instalaciones portuarias del norte de Mallorca.  

Estamos en medio de un fuerte y largo temporal, pero a pesar de lo duro que este pueda ser, acabará por amainar. Intentemos capearlo lo mejor posible para sufrir pocas averías y coger arrancada de nuevo. 

La expedición de Loaísa

El emperador Carlos I decide armar una flota al mando de Frey García de Loaisa, formada por siete barcos y unos cuatrocientos cincuenta hombres

Juan Sebastián Elcano

Solo 18 hombres, por fin llegan a Sanlúcar el 6 de septiembre de 1522, totalmente desfallecidos, demacrados, habiendo completado la circunvalación de la Tierra

Ortodrómica

Finalmente, la Trinidad debe quedarse en las Molucas para reparar una vía de agua en la sentina y la Victoria zarpa sola para regresar a España cargada de especias surcando el Índico y bordeando las costas africanas

Magallanes

El almirante, convencido de que la Armada de las Especias es casi invencible frente a los indígenas, urde un plan para someter al jefe Celapulapu. Reúne un grupo de solo 50 hombres con él al frente para enfrentarse a 1.500 guerreros armados con lanzas de caña

El mar del Sur

Encontrado el deseado paso entre el Océano Atlántico y la Mar del Sur, Magallanes y su menguada armada de tres naos comienzan una de las más duras, largas y terribles travesías afrontadas por el ser humano

La Armada se deshace

El testimonio del piloto de la San Antonio, tras amotinarse y regresar a España, hace que se dé por perdida para siempre la Armada de las Especias y por fracasado el intento de hallar un paso que una Océano Atlántico y Mar del Sur

Motín (I)

¿Qué podía impulsar a un grupo de hombres a amotinarse contra la autoridad establecida por el rey aun a sabiendas de que el castigo era la muerte?

Primus circumdedisti me

En 2022 se cumple el quinto centenario de la primera vuelta al mundo. Así eran las naos que emprendieron la travesía y los hombres que las tripulaban.

Gente de guerra y de pluma

El cabo lombardero estaba al cargo de las culebrinas, falconetes y pedreros, mientras que los arcabuces y resto de armas eran responsabilidad del mayordomo de artillería.

Gente de cabo

Contramaestres, barberos, carpinteros de ribera, calafates, remolares, boteros, proeles, timoneros y alguaciles eran algunos de los especialistas que poblaban las tripulaciones de antaño

La chusma

La RAE la define, en su primera acepción, como «conjunto de galeotes que servían en las galeras reales». Así era la vida a bordo de aquellas embarcaciones.

El Ponent

Cada puesta de sol era admirada, pero no era capaz de ver el rayo verde. Tampoco es que tuviese mayor importancia, pero es cierto que me generaba dudas hasta de su existencia

El Llebeig

El viento del sudoeste para los helenos, uno de los Anemoi Menores, estaba representado en la Torre de los Vientos de la Acrópolis ateniense como un joven alado, sin barba, que controla el timón de un barco.

El Migjorn

En la Torre de los Vientos de la Acrópolis los helenos llamaban al viento del sur Notos, el portador de la lluvia

El Xaloc

El amanecer de Sirius por el sureste, por el xaloc, ya era muy celebrado por los egipcios, que la consideraban el Ojo del Cielo.

La Tramontana

El único viento con nombre femenino, que deriva del latín transmontanus, de más allá de las montañas, ya sean los Alpes o los Pirineos

La Rosa de los Vientos

Su invención se atribuye al mallorquín Raymundus Llullius (Ramón Llull) basándose en trabajos descritos en el Libro II de Geografía Fisica, de Plinio El Viejo

‘Navigare necesse est’

Ahora que estamos capeando un duro temporal seamos, más que nunca, consecuentes con ello y naveguemos con determinación para arribar todos a buen puerto. Es hora de navegar, es necesario.