LA TRIBUNA DE LA MAR

MIGUEL FÉLIX CHICÓN RODRÍGUEZ

Nacido en Tánger en 1960, las travesías del Estrecho de Gibraltar realizadas siendo niño le dejaron un poso que le llevó a cursar, años más tarde, estudios de capitán de la marina mercante en Palma y Barcelona. Desde 1978 hasta 1994 navegó como oficial en buques petroleros, en frigoríficos, como alférez de fragata en la Armada española y ejerció el mando de buques de pasaje, de tipo ferry y embarcaciones de alta velocidad. Desde 1996 es jefe del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo en Palma.

El Migjorn

En la Torre de los Vientos de la Acrópolis los helenos llamaban al viento del sur Notos, el portador de la lluvia

El cálculo de la posición de un buque en la mar siempre ha sido algo de vital importancia para el marino. De ello depende su propia seguridad, llegar a buen puerto y evitar situaciones comprometidas. Actualmente se dispone de una gran cantidad de ayudas y dispositivos electrónicos que facilitan el cálculo de la posición de un buque. Pero imaginemos que no podemos contar con ellos tal y como sucedía siglos atrás. 

Mientras se puedan tomar referencias visuales de la costa el problema se puede resolver de forma relativamente sencilla. Pero una vez estas se pierden, los cálculos se hacen algo más complicados ya que dependen de la navegación por estima, sujeta a infinidad de variables difíciles de calcular, y de la observación de los astros. Sin embargo, de los dos referencias que conforman las coordenadas geográficas que señalan nuestra posición en una carta náutica, la latitud siempre ha sido bastante fácil de calcular y, además, con mucha precisión. Para ello, explicado muy someramente, basta medir con un instrumento adecuado, como un astrolabio o un sextante, la altura del sol sobre el horizonte cuanto se encuentra en su máxima elevación del día. El ángulo observado lo restamos de 90º resultando la distancia cenital del sol que, sumada o restada a su declinación en ese preciso momento, tomada de un almanaque náutico, nos da como resultado nuestra latitud.

Ese momento en que el sol culmina, es decir, cuando se encuentra en su máxima altura, es justo el mediodía, coincide con el meridiano y, en el hemisferio norte por encima de trópico de Cáncer siempre señala exactamente al sur. A este cálculo se le llama observar la meridiana y siempre ha sido un ritual en los buques porque facilita la latitud con precisión al mediodía. Indefectiblemente, desde el Mediterráneo miramos exactamente al sur cuando el sol está en el meridiano y ese instante coincide justo con el mediodía, el migjorn, de ahí que sea una referencia astronómica inmejorable para nombrar un viento o un rumbo, independientemente de la altura de culminación y de la declinación del sol. El nombre deriva del latín vulgar medio diurno, medio día, así de sencillo. Sin embargo, encontramos Rosas de los Vientos en las que el cardinal sur está señalado con una O.

Es la O de Ostro, que es como llaman al viento del sur o sud en Italia. Deriva del latín auster, vocablo del que también derivan parte del nombre de Australia y austral. En la Torre de los Vientos de la Acrópolis los helenos llamaban al viento del sur Notos, el portador de la lluvia, que vacía un jarro de agua y bajo cuya escultura encontramos un reloj de sol con formas perfectamente simétricas, a diferencia de los que pueden verse en las otras caras, lo cual es lógico ya que está alineado exactamente con el meridiano y encarado al sur, dividiendo el día en dos partes iguales.

Pero al igual que pasa con el levante, el nombre migjorn o mediodía no sólo hace referencia al viento. Existen infinidad de lugares a los que llamamos así: el Midi Pyrénées junto con el Miègjorn Occitano nos señala todo el sur de Francia; las playas de Migjorn las encontramos en Formentera y Menorca; También nombramos así la zona sur de Mallorca; el Mezzogiorno es todo el sur de Italia. Nombrar al viento con ese nombre en la Rosa de los Vientos es lo más natural. 

El viento del sur también da nombre a un sinfín de variadas cosas: libros (Ian Gibson, Antonio Capilla, Norman Douglas, Elmar Grin, David Rosales); el nombre en clave (Südwind) de la operación con la que el ejército alemán reconquistó momentáneamente Budapest poco antes del final de la Segunda Guerra Mundial; películas, series, vinos, canciones, programas de radio… ¿Tal vez reflejo de cómo afecta a nuestro comportamiento el viento del sur cuando sopla en según qué zonas al igual que hace la tramontana en Girona? Esperemos que esta vez el migjorn se comporte como Notos y derrame agua beneficiosa para todos tal y como señala la Torre de los Vientos, es hora ya.

La guerra de las especias

Tras la muerte de Loaísa y Elcano, la figura de Andrés de Urdaneta se revela como decisiva por sus dotes de negociación con los indígenas, mientras las dinastías española y portuguesa habían pactado ya la cesión de las Molucas a la corona lusitana

La odisea del Santiago

Este patache de no más de 20 metros de eslora todo el litoral pacífico americano hasta llegar a la zona de Nueva España (México)

La expedición de Loaísa

El emperador Carlos I decide armar una flota al mando de Frey García de Loaisa, formada por siete barcos y unos cuatrocientos cincuenta hombres

Juan Sebastián Elcano

Solo 18 hombres, por fin llegan a Sanlúcar el 6 de septiembre de 1522, totalmente desfallecidos, demacrados, habiendo completado la circunvalación de la Tierra

Ortodrómica

Finalmente, la Trinidad debe quedarse en las Molucas para reparar una vía de agua en la sentina y la Victoria zarpa sola para regresar a España cargada de especias surcando el Índico y bordeando las costas africanas

Magallanes

El almirante, convencido de que la Armada de las Especias es casi invencible frente a los indígenas, urde un plan para someter al jefe Celapulapu. Reúne un grupo de solo 50 hombres con él al frente para enfrentarse a 1.500 guerreros armados con lanzas de caña

El mar del Sur

Encontrado el deseado paso entre el Océano Atlántico y la Mar del Sur, Magallanes y su menguada armada de tres naos comienzan una de las más duras, largas y terribles travesías afrontadas por el ser humano

La Armada se deshace

El testimonio del piloto de la San Antonio, tras amotinarse y regresar a España, hace que se dé por perdida para siempre la Armada de las Especias y por fracasado el intento de hallar un paso que una Océano Atlántico y Mar del Sur

Motín (I)

¿Qué podía impulsar a un grupo de hombres a amotinarse contra la autoridad establecida por el rey aun a sabiendas de que el castigo era la muerte?

Primus circumdedisti me

En 2022 se cumple el quinto centenario de la primera vuelta al mundo. Así eran las naos que emprendieron la travesía y los hombres que las tripulaban.

Gente de guerra y de pluma

El cabo lombardero estaba al cargo de las culebrinas, falconetes y pedreros, mientras que los arcabuces y resto de armas eran responsabilidad del mayordomo de artillería.

Gente de cabo

Contramaestres, barberos, carpinteros de ribera, calafates, remolares, boteros, proeles, timoneros y alguaciles eran algunos de los especialistas que poblaban las tripulaciones de antaño

La chusma

La RAE la define, en su primera acepción, como «conjunto de galeotes que servían en las galeras reales». Así era la vida a bordo de aquellas embarcaciones.

El Ponent

Cada puesta de sol era admirada, pero no era capaz de ver el rayo verde. Tampoco es que tuviese mayor importancia, pero es cierto que me generaba dudas hasta de su existencia

El Llebeig

El viento del sudoeste para los helenos, uno de los Anemoi Menores, estaba representado en la Torre de los Vientos de la Acrópolis ateniense como un joven alado, sin barba, que controla el timón de un barco.

El Xaloc

El amanecer de Sirius por el sureste, por el xaloc, ya era muy celebrado por los egipcios, que la consideraban el Ojo del Cielo.

El Gregal

Tenemos que considerar su origen latino y situarnos en un punto imaginario central del Mare Nostrum: es el viento que sopla desde Grecia

La Tramontana

El único viento con nombre femenino, que deriva del latín transmontanus, de más allá de las montañas, ya sean los Alpes o los Pirineos

La Rosa de los Vientos

Su invención se atribuye al mallorquín Raymundus Llullius (Ramón Llull) basándose en trabajos descritos en el Libro II de Geografía Fisica, de Plinio El Viejo

‘Navigare necesse est’

Ahora que estamos capeando un duro temporal seamos, más que nunca, consecuentes con ello y naveguemos con determinación para arribar todos a buen puerto. Es hora de navegar, es necesario.