LA TRIBUNA DE LA MAR

MIGUEL FÉLIX CHICÓN RODRÍGUEZ

Nacido en Tánger en 1960, las travesías del Estrecho de Gibraltar realizadas siendo niño le dejaron un poso que le llevó a cursar, años más tarde, estudios de capitán de la marina mercante en Palma y Barcelona. Desde 1978 hasta 1994 navegó como oficial en buques petroleros, en frigoríficos, como alférez de fragata en la Armada española y ejerció el mando de buques de pasaje, de tipo ferry y embarcaciones de alta velocidad. Desde 1996 es jefe del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo en Palma.

La chusma

La RAE la define, en su primera acepción, como «conjunto de galeotes que servían en las galeras reales». Así era la vida a bordo de aquellas embarcaciones.

Cuando el otro día hablábamos de que el personal encargado de mover los remos en los barcos con propulsión a sangre era la chusma, no comentamos el origen de este sustantivo. Es curioso ver cómo una palabra cuyo origen griego, kéleusma, que define el canto rítmico del remero jefe para estimular el movimiento de los remos, puede derivar en el latín vulgar clusma, de ahí al genovés antiguo ciüsma y, por último, a la chusma que todos entendemos y recoge el diccionario de la RAE como «conjunto de galeotes que servían en las galeras reales» o como «multitud de gente grosera y vulgar». Es un vocablo que ya aparece en textos castellanos del siglo XV e incluso Miguel de Cervantes lo utiliza en el capítulo LXIII del Quijote: «…la demás chusma del bergantín son moros y turcos, que no sirven de más que de bogar al remo…»

Sin embargo, no siempre toda la «gente de remo» fueron galeotes. De hecho, muchos de ellos eran  hombres libres asalariados, tanto en las naves griegas como, mucho más tarde, en las galeras. Seis libras catalanas cada seis meses era su salario y embarcaban con sus armas ya que también entraban en batalla. Otras crónicas narran que el salario era de un ducado al mes y ración de cabo. De todas formas, el reclutamiento llegaba a ser, como mínimo, algo poco ético y aprovechándose del engaño y la miseria de las gentes. Estos profesionales eran los buenas boyas y trabajaban como bogavantes, es decir, como los primeros remeros de cada remo, dando la espalda a la proa. Solían ser reclutados entre personas de la costa mediterránea, avezados en el manejo de este tipo de aparejos. No iban encadenados y, tras terminar sus contratos, se les dejaba marchar. 

De todas formas, es fácil imaginar que el reclutamiento de personal libre y voluntario fue menguando ante la dureza de las condiciones de vida a bordo y que, por lo tanto, se habilitaron otras formas. De ahí surgen los galeotes, que eran los forzados a galeras, condenados a cumplir condenas por penas de delitos y a los que Cervantes les dedica el capítulo XXII del Quijote, y los esclavos, normalmente enemigos de otras religiones apresados en las batallas. Así que la chusma estaba formada por una buena amalgama de hombres, algunos libres, la mayoría forzados y otros, esclavos. Todos ellos situados de espaldas a la proa para la boga, los galeotes y esclavos encadenados y situados a proa de la zona noble de la embarcación. De ahí que también fuesen calificados como «la vil canalla de proa», del latín vilis, (de escaso valor, despreciable) y del italiano canaglia (de can, perro, y el sufijo peyorativo agli), es decir, jauría de perros de escaso valor. Algunos de los galeotes, si sobrevivían a la pena, seguían como asalariados y llegaban a ser buenas boyas. Los esclavos imagino que solo se libraban si eran objeto de rescate o si eran capaces de fugarse.

Normalmente la boga se hacía sentada y no todos a la vez, haciéndose relevos entre la chusma cuando la navegación era de tránsito. Eso sí, cuando había que entrar en combate todos debían bogar al unísono y esta se hacía de pie, con una pierna adelantada a la otra, para poder ejercer toda la fuerza sobre el remo, con el cómitre marcando el ritmo e incentivando a la chusma a golpe de látigo desde la crujía, especie de pasillo elevado que recorría la galera por el centro de proa a popa. Algunos de los que formaban parte de la «gente de remo» podían llegar a ser «liberados» de la boga ocasionalmente, según su comportamiento y valía, sirviendo a la «gente de cabo y pluma».

Se adivina que la vida a bordo de una nave de apenas 50 metros de eslora en la que se podían hacinar más de 300 personas, muchos de ellos encadenados, sin apenas abrigo, mal alimentados, con  heridas, enfermedades y nada de higiene, no debía ser fácil precisamente. «La vida del galeote es propia vida de infierno, y no hay diferencia de una a otra, sino que la una es temporal y la otra es eterna» (Alcalá Yáñez). 

La guerra de las especias

Tras la muerte de Loaísa y Elcano, la figura de Andrés de Urdaneta se revela como decisiva por sus dotes de negociación con los indígenas, mientras las dinastías española y portuguesa habían pactado ya la cesión de las Molucas a la corona lusitana

La odisea del Santiago

Este patache de no más de 20 metros de eslora todo el litoral pacífico americano hasta llegar a la zona de Nueva España (México)

La expedición de Loaísa

El emperador Carlos I decide armar una flota al mando de Frey García de Loaisa, formada por siete barcos y unos cuatrocientos cincuenta hombres

Juan Sebastián Elcano

Solo 18 hombres, por fin llegan a Sanlúcar el 6 de septiembre de 1522, totalmente desfallecidos, demacrados, habiendo completado la circunvalación de la Tierra

Ortodrómica

Finalmente, la Trinidad debe quedarse en las Molucas para reparar una vía de agua en la sentina y la Victoria zarpa sola para regresar a España cargada de especias surcando el Índico y bordeando las costas africanas

Magallanes

El almirante, convencido de que la Armada de las Especias es casi invencible frente a los indígenas, urde un plan para someter al jefe Celapulapu. Reúne un grupo de solo 50 hombres con él al frente para enfrentarse a 1.500 guerreros armados con lanzas de caña

El mar del Sur

Encontrado el deseado paso entre el Océano Atlántico y la Mar del Sur, Magallanes y su menguada armada de tres naos comienzan una de las más duras, largas y terribles travesías afrontadas por el ser humano

La Armada se deshace

El testimonio del piloto de la San Antonio, tras amotinarse y regresar a España, hace que se dé por perdida para siempre la Armada de las Especias y por fracasado el intento de hallar un paso que una Océano Atlántico y Mar del Sur

Motín (I)

¿Qué podía impulsar a un grupo de hombres a amotinarse contra la autoridad establecida por el rey aun a sabiendas de que el castigo era la muerte?

Primus circumdedisti me

En 2022 se cumple el quinto centenario de la primera vuelta al mundo. Así eran las naos que emprendieron la travesía y los hombres que las tripulaban.

Gente de guerra y de pluma

El cabo lombardero estaba al cargo de las culebrinas, falconetes y pedreros, mientras que los arcabuces y resto de armas eran responsabilidad del mayordomo de artillería.

Gente de cabo

Contramaestres, barberos, carpinteros de ribera, calafates, remolares, boteros, proeles, timoneros y alguaciles eran algunos de los especialistas que poblaban las tripulaciones de antaño

El Ponent

Cada puesta de sol era admirada, pero no era capaz de ver el rayo verde. Tampoco es que tuviese mayor importancia, pero es cierto que me generaba dudas hasta de su existencia

El Llebeig

El viento del sudoeste para los helenos, uno de los Anemoi Menores, estaba representado en la Torre de los Vientos de la Acrópolis ateniense como un joven alado, sin barba, que controla el timón de un barco.

El Migjorn

En la Torre de los Vientos de la Acrópolis los helenos llamaban al viento del sur Notos, el portador de la lluvia

El Xaloc

El amanecer de Sirius por el sureste, por el xaloc, ya era muy celebrado por los egipcios, que la consideraban el Ojo del Cielo.

El Gregal

Tenemos que considerar su origen latino y situarnos en un punto imaginario central del Mare Nostrum: es el viento que sopla desde Grecia

La Tramontana

El único viento con nombre femenino, que deriva del latín transmontanus, de más allá de las montañas, ya sean los Alpes o los Pirineos

La Rosa de los Vientos

Su invención se atribuye al mallorquín Raymundus Llullius (Ramón Llull) basándose en trabajos descritos en el Libro II de Geografía Fisica, de Plinio El Viejo

‘Navigare necesse est’

Ahora que estamos capeando un duro temporal seamos, más que nunca, consecuentes con ello y naveguemos con determinación para arribar todos a buen puerto. Es hora de navegar, es necesario.