LA TRIBUNA DE LA MAR

MIGUEL FÉLIX CHICÓN RODRÍGUEZ

Nacido en Tánger en 1960, las travesías del Estrecho de Gibraltar realizadas siendo niño le dejaron un poso que le llevó a cursar, años más tarde, estudios de capitán de la marina mercante en Palma y Barcelona. Desde 1978 hasta 1994 navegó como oficial en buques petroleros, en frigoríficos, como alférez de fragata en la Armada española y ejerció el mando de buques de pasaje, de tipo ferry y embarcaciones de alta velocidad. Desde 1996 es jefe del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo en Palma.

La expedición de Loaísa

El emperador Carlos I decide armar una flota al mando de Frey García de Loaisa, formada por siete barcos y unos cuatrocientos cincuenta hombres

“…Por ende acatando la persona y experiencia de vos Frey García de Loaisa, Comendador de la orden de S. Juan, … es nuestra merced y voluntad de vos nombrar, y por la presente vos nombramos por nuestro Capitán general de la dicha armada…” Nombramiento de Fray Francisco José García Jofre de Loaísa por Carlos I

Entusiasmado con la información recibida por Elcano y las grandes expectativas que genera el comercio de las especias, el emperador Carlos I intenta, en primera instancia, llegar a un acuerdo con los portugueses, pero las negociaciones no cuajan. El emperador decide armar una flota al mando de Loaísa, formada por siete barcos: La Santa María de la Victoria, nave capitana con el mismo nombre que la que primero circunvaló la Tierra, pero mucho mayor (300 toneles), La Sancti Spiritus (200 toneles) al mando de Elcano, la Anunciada (170 toneles), la San Gabriel (130 toneles), la Santa María del Parral (80 toneles), la San Lesmes (80 toneles) y la Santiago (50 toneles), que era el pateche de la flota.

Unos cuatrocientos cincuenta hombres embarcan a bordo de estas siete naves, la mayoría soldados bien armados, como bien pertrechadas van las naves, con todo tipo de piezas de artillería, algunas de gran potencia y peso. La marinería está formada por una mezcla de andaluces, vascos, cántabros, gallegos, alemanes, flamencos e italianos. Por supuesto, también forma parte de los pertrechos todo un cargamento de diferentes mercaderías con las que poder negociar con los indígenas del Maluco. De esta forma, podrán volver a España con un gran cargamento de especias que servirán para hacer frente a los costes de la propia expedición y para dar beneficios a las arcas del Reino.

El veinticuatro de julio de 1525, la flota se hace a la mar desde Coruña rumbo a Canarias, donde terminan de pertrecharse para hacer frente a tan larga expedición. Los capitanes se reúnen y deciden marcar como punto de reunión previo al estrecho de Magallanes la Bahía de Todos los Santos, donde dejarán una cruz como señal, a cuyo pie habrá enterrada una olla con la próxima parada.

Pero, una vez abandonan las Canarias, la expedición comienza a enlazar una serie de infortunios que van minando el espíritu de las tripulaciones. La Santa María de la Victoria parte el palo mayor. Al estar sin gobierno, y mientras trabajan en la reparación, colisiona con la Santa María del Parral, que también sufre daños en la popa y en el palo de mesana. Poco después avistan un barco y, a pesar de las órdenes de Loaísa, la San Gabriel y la Santiago lo persiguen hasta darle caza. Arribados a Annobon, terminan de reparar las averías y de pertrecharse para cruzar el Atlántico. La San Gabriel y la Victoria desaparecen y Elcano asume el mando. Pero no todos los hidalgos embarcados aceptan de buen grado recibir órdenes de gente de menor alcurnia y se va enrareciendo el ambiente.

Para evitar una rebelión, Elcano continúa navegando hacia el estrecho de Magallanes dejando una señal para los otros dos barcos. En medio de una situación meteorológica abominable, en enero de 1526, confunde la entrada del Río Gallegos con la del Estrecho, encallando las naos, que logran reflotarse. Pero en el cabo de las Vírgenes son atrapados por un temporal tras otro que los castiga con dureza. La Sancti Spiritus encalla, mientras las otras se ven obligadas a hacer una echazón de la artillería por lo comprometido de su situación. El escenario es dantesco, los náufragos de la Sancti Spiritus son rescatados por el resto de la flota.

¡Por fin un golpe de suerte! Las dos naos que se daban por perdidas son avistadas, inyectando una moral a los hombres que hace que luchen con más ahínco para superar el trance en el que están inmersos.

Pero los temporales siguen castigando a la flota. La Anunciada abandona la expedición y jamás se vuelve a saber de ella ni de sus hombres. La San Gabriel deserta y se dirige al Brasil, donde es atacada por tres buques franceses, y su capitán capturado.

La San Lesmes es arrastrada por los vientos hasta doblar el Cabo de Hornos. Probablemente intentaría llegar a las Molucas por sí misma. Lo único que se sabe de ella es que, doscientos cincuenta años más tarde, la fragata Magdalena encuentra una gran cruz muy antigua en Tahití y que, a principios del siglo XX, sus cañones son encontrados en el atolón de Amanu. Tal vez su tripulación se integró en las islas vecinas tras encallar. Mientras tanto, el resto de la flota no alcanza el cabo Deseado hasta mayo de 1526. El Pacífico les espera.

“Tú que dispones de cielo y mar, haces la calma y la tempestad, ten de nosotros Señor piedad, piedad Señor, Señor piedad” Oración del ocaso.

Juan Sebastián Elcano

Solo 18 hombres, por fin llegan a Sanlúcar el 6 de septiembre de 1522, totalmente desfallecidos, demacrados, habiendo completado la circunvalación de la Tierra

Ortodrómica

Finalmente, la Trinidad debe quedarse en las Molucas para reparar una vía de agua en la sentina y la Victoria zarpa sola para regresar a España cargada de especias surcando el Índico y bordeando las costas africanas

Magallanes

El almirante, convencido de que la Armada de las Especias es casi invencible frente a los indígenas, urde un plan para someter al jefe Celapulapu. Reúne un grupo de solo 50 hombres con él al frente para enfrentarse a 1.500 guerreros armados con lanzas de caña

El mar del Sur

Encontrado el deseado paso entre el Océano Atlántico y la Mar del Sur, Magallanes y su menguada armada de tres naos comienzan una de las más duras, largas y terribles travesías afrontadas por el ser humano

La Armada se deshace

El testimonio del piloto de la San Antonio, tras amotinarse y regresar a España, hace que se dé por perdida para siempre la Armada de las Especias y por fracasado el intento de hallar un paso que una Océano Atlántico y Mar del Sur

Motín (I)

¿Qué podía impulsar a un grupo de hombres a amotinarse contra la autoridad establecida por el rey aun a sabiendas de que el castigo era la muerte?

Primus circumdedisti me

En 2022 se cumple el quinto centenario de la primera vuelta al mundo. Así eran las naos que emprendieron la travesía y los hombres que las tripulaban.

Gente de guerra y de pluma

El cabo lombardero estaba al cargo de las culebrinas, falconetes y pedreros, mientras que los arcabuces y resto de armas eran responsabilidad del mayordomo de artillería.

Gente de cabo

Contramaestres, barberos, carpinteros de ribera, calafates, remolares, boteros, proeles, timoneros y alguaciles eran algunos de los especialistas que poblaban las tripulaciones de antaño

La chusma

La RAE la define, en su primera acepción, como «conjunto de galeotes que servían en las galeras reales». Así era la vida a bordo de aquellas embarcaciones.

El Ponent

Cada puesta de sol era admirada, pero no era capaz de ver el rayo verde. Tampoco es que tuviese mayor importancia, pero es cierto que me generaba dudas hasta de su existencia

El Llebeig

El viento del sudoeste para los helenos, uno de los Anemoi Menores, estaba representado en la Torre de los Vientos de la Acrópolis ateniense como un joven alado, sin barba, que controla el timón de un barco.

El Migjorn

En la Torre de los Vientos de la Acrópolis los helenos llamaban al viento del sur Notos, el portador de la lluvia

El Xaloc

El amanecer de Sirius por el sureste, por el xaloc, ya era muy celebrado por los egipcios, que la consideraban el Ojo del Cielo.

El Gregal

Tenemos que considerar su origen latino y situarnos en un punto imaginario central del Mare Nostrum: es el viento que sopla desde Grecia

La Tramontana

El único viento con nombre femenino, que deriva del latín transmontanus, de más allá de las montañas, ya sean los Alpes o los Pirineos

La Rosa de los Vientos

Su invención se atribuye al mallorquín Raymundus Llullius (Ramón Llull) basándose en trabajos descritos en el Libro II de Geografía Fisica, de Plinio El Viejo

‘Navigare necesse est’

Ahora que estamos capeando un duro temporal seamos, más que nunca, consecuentes con ello y naveguemos con determinación para arribar todos a buen puerto. Es hora de navegar, es necesario.