LA TRIBUNA DE LA MAR

MIGUEL FÉLIX CHICÓN RODRÍGUEZ

Nacido en Tánger en 1960, las travesías del Estrecho de Gibraltar realizadas siendo niño le dejaron un poso que le llevó a cursar, años más tarde, estudios de capitán de la marina mercante en Palma y Barcelona. Desde 1978 hasta 1994 navegó como oficial en buques petroleros, en frigoríficos, como alférez de fragata en la Armada española y ejerció el mando de buques de pasaje, de tipo ferry y embarcaciones de alta velocidad. Fue jefe del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo en Palma desde 1996 hasta 2022.

La vida a bordo de una galera del siglo XVI

Pesca, juegos de naipes (aunque estuvieran prohibidos), representaciones teatrales, belenes y lecturas en voz alta de libros de caballerías amenizaban las duras condiciones de los marineros.

Galera del Adelantado Mayor de Castilla, finales del S. XVI Fuente: Biblioteca del Palacio Real

“La mar no es tan bien acondicionada, para que nadie ose entrar en ella por voluntad, sino por necesidad; porque el hombre que navega, si no es por descargo de su conciencia, o por defender su honra o por amparar la vida, digo y afirmo que el tal o es necio, o está aborrido, o le pueden atar por loco”. De muchos trabajos que se pasan en las galeras (1539). Fray Antonio de Guevara.


La vida a bordo de esas naves, en travesías que duraban meses, con los tripulantes y pasajeros hacinados, mal alimentados, peor hidratados y enfrentándose a temibles temporales con mínimas condiciones de seguridad, era todo menos placentera. Para evitar el tedio y subir el ánimo, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitiesen, se recurría a cuanta actividad lúdica resultase útil para mantener alto el espíritu. Se recomendaba la práctica de la pesca, más como entretenimiento que por necesidad: “El pasajero se provea de anzuelos, cordel, cebo y cañas para que cuando alguna vez estuvieren en calma (...), saque sus aparejos y se ponga a tomar algunos pescados; pues tomará recreación en los de pescar y gran sabor en los de comer; porque muy mejor le está a su ánima y aun e a su bolsa irse a pescar peces a proa que no estarse jugando dineros en popa”.

Estos eran otros de los entretenimientos -los juegos de azar-, sobre todos los dados y los naipes, aunque estuviesen prohibidos a bordo por las cédulas reales, máxime cuando los dados eran falsos o los naipes estaban marcados. Si tenemos en cuenta que eran los propios alguaciles los que repartían las cartas, comprenderemos que era difícil de controlar el juego a bordo. 

La celebración diaria de los oficios religiosos era otro de los entretenimientos cotidianos. Así, por ejemplo, al rezo diario del rosario se llamaba a coro con una campana al ocaso, acompañado de una salve y una letanía. Algunas fiestas religiosas se vivían incluso con procesiones, engalanando los palos y vergas y amoldando el calendario litúrgico a la vida en alta mar. La Natividad de Cristo, incluso con representación de la misma, también era muy celebrada, armándose un altar en la popa y sacando al niño Jesús envuelto en heno, velándolo toda la noche entre oraciones y candelas blancas y culminando con una misa del gallo.

La lectura de novelas religiosas y de caballería era otra de las actividades más celebradas. En muchas ocasiones eran lecturas colectivas debido al analfabetismo y a la escasez de ejemplares. Los religiosos se encargaban de las lecturas, enseñanzas y de hacer partícipes a tripulantes y pasajeros, a fin de que siempre estuviesen ocupados. Incluso la representación de obras teatrales de autores como Lope de Vega, en las que los personajes eran interpretados por todo aquel que hubiere embarcado, era otro de los pasatiempos más celebrados. En uno de esos navíos, la representación teatral a cargo de los soldados, religiosos, tripulantes y pasajeros mereció comentarios muy elogiosos: “…siendo tan brillante la ejecución, y tan vistosas las decoraciones a pesar del recinto estrecho de nuestro navío, que no se hubiera podido superar aun en el mejor teatro de la corte de Madrid…"

Las ordenanzas y libros de navegación recomendaban que el capitán velase que su tripulación viviera Christianamente, y en el temor de Dios. De hecho, los cambios de guardia siempre venían acompañados de plegarias creadas específicamente para tales fines, aparte de para ayudar a mantener despierto al personal que estuviera cubriéndola. El tiempo se medía con relojes de arena, que eran ampolletas unidas por un tubo, o por un fino cuello cuando la técnica de soplado de vidrio lo permitió, rellenas de granalla de estaño o de plomo. El tiempo que transcurría en el vaciado de la ampolleta era de 30 minutos, transcurrido el cual se giraba el reloj: “Bendita la hora en que Dios nació, Santa María que le parió, San Juan que le bautizó. La guarda es tomada; la ampolleta muele; buen viaje haremos, si Dios quiere

Una de las principales acciones que debían cumplirse con estricta escrupulosidad eran los cambios de guardia, cuyo tiempo se medía con estos relojes de arena. Cada vez que se giraba el reloj, se recitaba una de esas plegarias, lo que ayudaba a que el personal de guardia se mantuviera en alerta.


“Buena es la que va, mejor es la que viene, una es pasada y en dos muele; mas molerá si Dios quisiere; cuenta y pasa, que buen viaje faza; ah de proa, alerta, buena guardia”.

La broma

El molusco ‘teredo navalis’ podía acabar con grandes construcciones de madera, desde diques hasta cascos de barcos, y Colón y Elcano sufrieron en sus naves su destructiva acción

La pacotilla

En la Carrera de Indias y en la del Pacífico los tripulantes complementaban su buen sueldo con artículos para comerciar tanto al llegar al destino como en el regreso

Universidad de mareantes

La imagen de los marinos como un colectivo de rudos analfabetos no se corresponde con la realidad. ¿Cómo explicar, si no, el éxito en la construcción de los buques y su navegación por los océanos?

La estabilidad en los galeones

Estabilidad de un buque: propiedad que este tiene de recuperar su estado de equilibrio inicial (adrizado) cuando un elemento interno o externo (mar o viento) hace que lo pierda.

Las bombas de agotar

Las bombas de achique eran desde el comienzo de los tiempos de la navegación hasta la actualidad un elemento vital en la equipación de los barcos

La aguja de marear

Sobre el siglo XII ya se utilizaban agujas magnéticas colocadas sobre un flotador en una vasija con agua para dar los rumbos en navegaciones largas

El timón de codaste

Su invención revolucionó la navegación y realizar travesías con un mínimo de garantías. Hasta entonces los barcos se gobernaban con los remos.

Cuatro cuartas y través

Teorema de Pitágoras: En todo triángulo rectángulo, la longitud de la hipotenusa es igual a la raíz cuadrada de la suma de las áreas de los cuadrados de las respectivas longitudes de los catetos.

Los mártires de Nagasaki

Hideyoshi, unificador de Japón, condenó a una cruel muerte a 26 cristianos, 17 laicos japoneses, tres jesuitas japoneses y seis franciscanos pues temía que la evangelización fuera el paso previo a la conquista española

La seguridad a bordo

Medidas operativas, invocaciones, supersticiones y rituales se mezclaban antaño con el afán de garantizar la supervivencia frente a la furia del océano

La peste de las naos

El escorbuto causó más muertes que cualquier naufragio o batalla en las travesías de las naos que se prolongaban durante meses - James Lindt encontró el remedio contra la enfermedad: la vitamina C

El Galeón de Manila

El primer tornaviaje Andrés de Urdaneta genera lo que puede considerarse la primera línea marítima regular conocida, que une tres continentes durante 250 años

El motín del San Jerónimo (y II)

Lope Martín quiere abandonar en el atolón de Ujelang a los que considera sospechosos de no apoyarle, pero las cosas no salen como pretende

El motín del San Jerónimo (I)

Es evidente que Lope Martín, piloto del San Jeróniimo acusado de deserción, no desea llegar a Filipinas y que su objetivo es dirigirse a la China para dedicarse al pirateo

El tornaviaje

La expedición de Urdaneta logra al fin establecer el Tornaviaje en 1565 y comienza así la primera línea regular conocida, el Galeón de Manila, que unió durante 250 años las costas de México y Filipinas

Las Filipinas

Ruy López de Villalobos mandó la expedición con trágico final para él en la que dio nombre a las islas del gran archipiélago asiático en honor del entonces hijo del emperador Carlos I

La guerra de las especias

Tras la muerte de Loaísa y Elcano, la figura de Andrés de Urdaneta se revela como decisiva por sus dotes de negociación con los indígenas, mientras las dinastías española y portuguesa habían pactado ya la cesión de las Molucas a la corona lusitana

La odisea del Santiago

Este patache de no más de 20 metros de eslora recorre todo el litoral pacífico americano hasta llegar a Nueva España (México)

La expedición de Loaísa

El emperador Carlos I decide armar una flota al mando de Frey García de Loaisa, formada por siete barcos y unos cuatrocientos cincuenta hombres

Juan Sebastián Elcano

Solo 18 hombres, por fin llegan a Sanlúcar el 6 de septiembre de 1522, totalmente desfallecidos, demacrados, habiendo completado la circunvalación de la Tierra

Ortodrómica

Finalmente, la Trinidad debe quedarse en las Molucas para reparar una vía de agua en la sentina y la Victoria zarpa sola para regresar a España cargada de especias surcando el Índico y bordeando las costas africanas

Magallanes

El almirante, convencido de que la Armada de las Especias es casi invencible frente a los indígenas, urde un plan para someter al jefe Celapulapu. Reúne un grupo de solo 50 hombres con él al frente para enfrentarse a 1.500 guerreros armados con lanzas de caña

El mar del Sur

Encontrado el deseado paso entre el Océano Atlántico y la Mar del Sur, Magallanes y su menguada armada de tres naos comienzan una de las más duras, largas y terribles travesías afrontadas por el ser humano

La Armada se deshace

El testimonio del piloto de la San Antonio, tras amotinarse y regresar a España, hace que se dé por perdida para siempre la Armada de las Especias y por fracasado el intento de hallar un paso que una Océano Atlántico y Mar del Sur

Motín (I)

¿Qué podía impulsar a un grupo de hombres a amotinarse contra la autoridad establecida por el rey aun a sabiendas de que el castigo era la muerte?

Primus circumdedisti me

En 2022 se cumple el quinto centenario de la primera vuelta al mundo. Así eran las naos que emprendieron la travesía y los hombres que las tripulaban.

Gente de guerra y de pluma

El cabo lombardero estaba al cargo de las culebrinas, falconetes y pedreros, mientras que los arcabuces y resto de armas eran responsabilidad del mayordomo de artillería.

Gente de cabo

Contramaestres, barberos, carpinteros de ribera, calafates, remolares, boteros, proeles, timoneros y alguaciles eran algunos de los especialistas que poblaban las tripulaciones de antaño

La chusma

La RAE la define, en su primera acepción, como «conjunto de galeotes que servían en las galeras reales». Así era la vida a bordo de aquellas embarcaciones.

El Ponent

Cada puesta de sol era admirada, pero no era capaz de ver el rayo verde. Tampoco es que tuviese mayor importancia, pero es cierto que me generaba dudas hasta de su existencia

El Llebeig

El viento del sudoeste para los helenos, uno de los Anemoi Menores, estaba representado en la Torre de los Vientos de la Acrópolis ateniense como un joven alado, sin barba, que controla el timón de un barco.

El Migjorn

En la Torre de los Vientos de la Acrópolis los helenos llamaban al viento del sur Notos, el portador de la lluvia

El Xaloc

El amanecer de Sirius por el sureste, por el xaloc, ya era muy celebrado por los egipcios, que la consideraban el Ojo del Cielo.

El Gregal

Tenemos que considerar su origen latino y situarnos en un punto imaginario central del Mare Nostrum: es el viento que sopla desde Grecia

La Tramontana

El único viento con nombre femenino, que deriva del latín transmontanus, de más allá de las montañas, ya sean los Alpes o los Pirineos

La rosa de los vientos

Su invención se atribuye al mallorquín Raymundus Llullius (Ramón Llull), quien se basó en trabajos descritos en el Libro II de Geografía Física, de Plinio El Viejo

‘Navigare necesse est’

Ahora que estamos capeando un duro temporal seamos, más que nunca, consecuentes con ello y naveguemos con determinación para arribar todos a buen puerto. Es hora de navegar, es necesario.