LA TRIBUNA DE LA MAR

MIGUEL FÉLIX CHICÓN RODRÍGUEZ

Nacido en Tánger en 1960, las travesías del Estrecho de Gibraltar realizadas siendo niño le dejaron un poso que le llevó a cursar, años más tarde, estudios de capitán de la marina mercante en Palma y Barcelona. Desde 1978 hasta 1994 navegó como oficial en buques petroleros, en frigoríficos, como alférez de fragata en la Armada española y ejerció el mando de buques de pasaje, de tipo ferry y embarcaciones de alta velocidad. Fue jefe del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo en Palma desde 1996 hasta 2022.

Las Filipinas

Ruy López de Villalobos mandó la expedición con trágico final para él en la que dio nombre a las islas del gran archipiélago asiático en honor del entonces hijo del emperador Carlos I

Un sello conmemoró el año pasado la expedición de Ruy López de Villalobos a las que llamó Islas Felipinas.

«…De la manera q se ha de tener ê rezar los quince mysterios del rosario, que son cinco de gozo, cinco de dolor ê cinco gloriosos: ê lo que se ha de dezyr en cada mysterio… ê las diez Ave Marías que con los Pater Noster se dizen».  Extracto de la introducción de la primera publicación impresa en Nueva España, 1539, Letrerías de Cronberger.

Tras el regreso de Urdaneta a Lisboa, más de once años después de haber partido de La Coruña, toda la documentación le fue incautada por el rey de Portugal. A pesar de ello, su prodigiosa mente le permite reproducir todos los conocimientos y vivencias adquiridos durante la expedición de Loaísa, memoria que entrega al emperador Carlos I. Urdaneta regresa a la metrópoli con una hija, que confía en adopción a uno de sus hermanos, y regresa a Nueva España, donde ostenta varios cargos de la mano de Pedro de Alvarado, adelantado de Guatemala, y de Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España. Sorprendentemente, al cabo de unos años (1553) ingresa en la Orden de San Agustín en la capital mexicana. 

Pero, a pesar del Tratado de Zaragoza, el emperador no renuncia a la colonización y evangelización del conjunto de las Islas del Poniente descritas por Elcano y Urdaneta. Las siguientes expediciones se organizan ya desde la costa pacífica de Nueva España, evitando así el paso por el estrecho de Magallanes, con la idea de poder encontrar una derrota de regreso por el Océano Pacífico y evitar la zona bajo dominio portugués. Hernán Cortés organiza varias expediciones que descubren algunas islas próximas a Nueva España, en latitudes cercanas al Trópico de Cáncer, (Revillagigedo, San Benedicto…) pero que no logran llegar más allá.

Bajo el virreinato de Antonio de Mendoza, en 1541, se encarga a Ruy López de Villalobos la organización de una expedición. El hidalgo y marino malagueño  hace construir seis barcos y la flota se hace a la mar desde el puerto de Bahía de Navidad el día 1 de noviembre de 1542, con casi 400 hombres, rumbo hacia el oeste. Esta expedición descubre varias islas (Uniwetok, Ulithi, Palaos) y atolones durante la travesía, hasta que arriban a las Islas del Poniente.  Al recalar en las islas Samar y Leite, Villalobos las nombra Islas Felipinas, en honor del príncipe heredero del trono de España y futuro rey Felipe II. 

Pero la flota va sufriendo cada vez más mermas, hambruna, naufragios y hostigamiento por parte de pueblos nativos hostiles. Los intentos de cultivos fracasan estrepitosamente. Por añadidura, los portugueses se enteran de que hay una expedición española en la zona y les piden explicaciones. López de Villalobos contesta con evasivas, mientras sigue reconociendo todo el archipiélago. Dispone que, sucesivamente, algunos de los galeones de la flota intenten el regreso a Nueva España para encontrar el ansiado tornaviaje. Pero ninguno de ellos lo consigue. 
Los vientos no les son favorables y, tras descubrir varias islas, entre ellas Nueva Guinea, acaban regresando a las Islas Felipinas.

A mediados de 1544, lo que queda de la flota arriba de nuevo a las islas Samar y Leite, pero los nativos siguen acosándoles de tal forma que, junto con el hambre, el agotamiento y la pérdida de algunas de las naves  de la flota, se ven obligados a buscar refugio en las Molucas donde, tras varias escaramuzas con los portugueses, lo que queda de los expedicionarios son hechos presos. Algunos de ellos regresan a España a bordo de un galeón portugués mientras otros prefieren quedarse en Malaca. 

Un abatido Ruy López de Villalobos fallece en su celda de la isla de Amboina el 4 de abril de 1546, según las crónicas portuguesas de «Un corazón roto», paludismo. En su lecho de muerte es asistido por el jesuita Francisco de Jaso (San Francisco Javier). Su expedición, más allá de no conseguir el ansiado tornaviaje, sirvió para descubrir y documentar la existencia de numerosas islas y estrechos, que fueron de mucha utilidad en posteriores expediciones.

«¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?»  San Francisco Javier.

La estabilidad en los galeones

Estabilidad de un buque: propiedad que este tiene de recuperar su estado de equilibrio inicial (adrizado) cuando un elemento interno o externo (mar o viento) hace que lo pierda.

Las bombas de agotar

Las bombas de achique eran desde el comienzo de los tiempos de la navegación hasta la actualidad un elemento vital en la equipación de los barcos

La aguja de marear

Sobre el siglo XII ya se utilizaban agujas magnéticas colocadas sobre un flotador en una vasija con agua para dar los rumbos en navegaciones largas

El timón de codaste

Su invención revolucionó la navegación y realizar travesías con un mínimo de garantías. Hasta entonces los barcos se gobernaban con los remos.

Cuatro cuartas y través

Teorema de Pitágoras: En todo triángulo rectángulo, la longitud de la hipotenusa es igual a la raíz cuadrada de la suma de las áreas de los cuadrados de las respectivas longitudes de los catetos.

Los mártires de Nagasaki

Hideyoshi, unificador de Japón, condenó a una cruel muerte a 26 cristianos, 17 laicos japoneses, tres jesuitas japoneses y seis franciscanos pues temía que la evangelización fuera el paso previo a la conquista española

La seguridad a bordo

Medidas operativas, invocaciones, supersticiones y rituales se mezclaban antaño con el afán de garantizar la supervivencia frente a la furia del océano

La vida a bordo de una galera del siglo XVI

Pesca, juegos de naipes (aunque estuvieran prohibidos), representaciones teatrales, belenes y lecturas en voz alta de libros de caballerías amenizaban las duras condiciones de los marineros.

La peste de las naos

El escorbuto causó más muertes que cualquier naufragio o batalla en las travesías de las naos que se prolongaban durante meses - James Lindt encontró el remedio contra la enfermedad: la vitamina C

El Galeón de Manila

El primer tornaviaje Andrés de Urdaneta genera lo que puede considerarse la primera línea marítima regular conocida, que une tres continentes durante 250 años

El motín del San Jerónimo (y II)

Lope Martín quiere abandonar en el atolón de Ujelang a los que considera sospechosos de no apoyarle, pero las cosas no salen como pretende

El motín del San Jerónimo (I)

Es evidente que Lope Martín, piloto del San Jeróniimo acusado de deserción, no desea llegar a Filipinas y que su objetivo es dirigirse a la China para dedicarse al pirateo

El tornaviaje

La expedición de Urdaneta logra al fin establecer el Tornaviaje en 1565 y comienza así la primera línea regular conocida, el Galeón de Manila, que unió durante 250 años las costas de México y Filipinas

La guerra de las especias

Tras la muerte de Loaísa y Elcano, la figura de Andrés de Urdaneta se revela como decisiva por sus dotes de negociación con los indígenas, mientras las dinastías española y portuguesa habían pactado ya la cesión de las Molucas a la corona lusitana

La odisea del Santiago

Este patache de no más de 20 metros de eslora recorre todo el litoral pacífico americano hasta llegar a Nueva España (México)

La expedición de Loaísa

El emperador Carlos I decide armar una flota al mando de Frey García de Loaisa, formada por siete barcos y unos cuatrocientos cincuenta hombres

Juan Sebastián Elcano

Solo 18 hombres, por fin llegan a Sanlúcar el 6 de septiembre de 1522, totalmente desfallecidos, demacrados, habiendo completado la circunvalación de la Tierra

Ortodrómica

Finalmente, la Trinidad debe quedarse en las Molucas para reparar una vía de agua en la sentina y la Victoria zarpa sola para regresar a España cargada de especias surcando el Índico y bordeando las costas africanas

Magallanes

El almirante, convencido de que la Armada de las Especias es casi invencible frente a los indígenas, urde un plan para someter al jefe Celapulapu. Reúne un grupo de solo 50 hombres con él al frente para enfrentarse a 1.500 guerreros armados con lanzas de caña

El mar del Sur

Encontrado el deseado paso entre el Océano Atlántico y la Mar del Sur, Magallanes y su menguada armada de tres naos comienzan una de las más duras, largas y terribles travesías afrontadas por el ser humano

La Armada se deshace

El testimonio del piloto de la San Antonio, tras amotinarse y regresar a España, hace que se dé por perdida para siempre la Armada de las Especias y por fracasado el intento de hallar un paso que una Océano Atlántico y Mar del Sur

Motín (I)

¿Qué podía impulsar a un grupo de hombres a amotinarse contra la autoridad establecida por el rey aun a sabiendas de que el castigo era la muerte?

Primus circumdedisti me

En 2022 se cumple el quinto centenario de la primera vuelta al mundo. Así eran las naos que emprendieron la travesía y los hombres que las tripulaban.

Gente de guerra y de pluma

El cabo lombardero estaba al cargo de las culebrinas, falconetes y pedreros, mientras que los arcabuces y resto de armas eran responsabilidad del mayordomo de artillería.

Gente de cabo

Contramaestres, barberos, carpinteros de ribera, calafates, remolares, boteros, proeles, timoneros y alguaciles eran algunos de los especialistas que poblaban las tripulaciones de antaño

La chusma

La RAE la define, en su primera acepción, como «conjunto de galeotes que servían en las galeras reales». Así era la vida a bordo de aquellas embarcaciones.

El Ponent

Cada puesta de sol era admirada, pero no era capaz de ver el rayo verde. Tampoco es que tuviese mayor importancia, pero es cierto que me generaba dudas hasta de su existencia

El Llebeig

El viento del sudoeste para los helenos, uno de los Anemoi Menores, estaba representado en la Torre de los Vientos de la Acrópolis ateniense como un joven alado, sin barba, que controla el timón de un barco.

El Migjorn

En la Torre de los Vientos de la Acrópolis los helenos llamaban al viento del sur Notos, el portador de la lluvia

El Xaloc

El amanecer de Sirius por el sureste, por el xaloc, ya era muy celebrado por los egipcios, que la consideraban el Ojo del Cielo.

El Gregal

Tenemos que considerar su origen latino y situarnos en un punto imaginario central del Mare Nostrum: es el viento que sopla desde Grecia

La Tramontana

El único viento con nombre femenino, que deriva del latín transmontanus, de más allá de las montañas, ya sean los Alpes o los Pirineos

La rosa de los vientos

Su invención se atribuye al mallorquín Raymundus Llullius (Ramón Llull), quien se basó en trabajos descritos en el Libro II de Geografía Física, de Plinio El Viejo

‘Navigare necesse est’

Ahora que estamos capeando un duro temporal seamos, más que nunca, consecuentes con ello y naveguemos con determinación para arribar todos a buen puerto. Es hora de navegar, es necesario.